FICHA

Título original: The Office
Título en España: La oficina
Temporadas: 9 temporadas (188 episodios)
Duración episodio: 26 minutos.
Año: 2005-2013
Temática: Comedia de situación.
Subgénero: Trabajo.
Resumen: La vida en el interior de una empresa norteamericana drigida por el individuo más excéntrico y estrafalario, en la que cada uno de sus miembros tiene rarezas y peculiaridades que evidencian en el desarrollo de su trabajo.
Protagonistas: Steve Carell, Rainn Wilson, John Krasinski, Jenna Fischer, Ed Helms, B.J. Novak, Ellie Kemper, Leslie David Baker, Brian Baumgartner, Angela Kinsey, Phyllis Smith, Kate Flannery, Mindy Kaling, Creed Bratton, Oscar Nuñez, Paul Lieberstein, Craig Robinson, Rashida Jones, Melora Hardin, Amy Ryan, David Koechner, Zack Woods, David Denman, Andy Buckley, James Spader, Will Ferrell.
Lo mejor: Rain Wilson en su papel como “Dawiggt Schrute”
Lo peor
: Los primeros capítulos son de puro tanteo, bastante flojos, la serie se afirma hacia mediados de la primera temporada
Lo más curioso: Es una adaptación norteamericana de la serie británica del mismo nombre
¿Cómo verlo?: En España fue emitida por La Sexta, Comedy Central y TNT. Puede comprarse en DVD, algunos episodios en versión original están colocados en youTube y la serie puede bajarse mediante programas P2P en versión original y algunos en castellano.

Puntuación: 7,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE OFFICE

En 2004 estaba claro que la serie que había dirigido, escrito y protagonizado Ricky Gervais en el Reino Unido, podía ser un éxito en EEUU. Greg Danies, un guionista que había trabajado en Seinfeld, y durante un tiempo en Los Simpson, se encargó de la adaptación. Se trataba de encontrar a unos personajes que dieran la talla. De eso, en el fondo, dependía el éxito o el fracaso  de la serie. Inicialmente se pensó en Paul Giamatti para el papel de director de la oficina, pero en aquel momento el actor no estaba interesado en series televisivas (aunque luego terminó participando de manera decisiva en Billions), luego se pensó en Hank Azaria (que empezamos a conocer en Friends y quedó confirmado como actor excepcional en Ray Donovan), pero al final se impuso la idea de Steve Carell que era un actor relativamente conocido en aquel momento y había desempeñado papeles secundarios en media docena de largometrajes.

Tanto Carell como el resto de personajes son novedosos en relación a la versión británica, lo único que no cambia es el marco de aplicación: una “oficina” típica, una sucursal local de una gran compañía, la Dunder Mifflin, dedicada al comercio del papel e instalada en una pequeña ciudad realmente existente, Scramton, Pennsylvania (hermanada, por cierto, con Valencia). Siempre es posible que exista una oficina así y resultaría ruinoso que existieran unos empleados como los que aparecen en cada episodio de The Office.

Para el resto de personajes se optó por actores que tenían cierto rodaje televisivo, pero cuyos rostros eran, en aquel momento casi completamente desconocidos. Tal era el caso de Rainn Wilson que encarnaba a “Dwight Schrute”, un neurótico empleado, fidelísimo a la vez que rígido y atento siempre al reglamento, que, desde entonces ha apareció en series tan notables como A dos metros bajo tierra, y en algunos capítulos de Monk, CSI, Ley y Orden. Este es, sin duda, el papel más hilarante y del que depende buena parte de la comicidad de la serie. Junto a él figuraban la pareja que estaba llamada a terminar ligando, formada por John Krasinski (“Jim”) y Jenna Fischer (“Pam”) que intentaba parecer lo más sosa posible. El resto de actores fueron elegidos por sus capacidades de improvisación.

La serie nos mostraba al jefe de la oficina, “Michael Scott”, un tipo insufrible, al que cada día se le ocurría alguna estupidez nueva para motivar a sus empleados o simplemente debía de asumir alguna tarea exigida por la dirección, que realizaba, inevitablemente, con altas dosis de impreparación. Aparecía como un jefe paternalista, en absoluto autoritario, preocupado por sus empleados y deseoso de alcanzar los objetivos marcados para su delegación. El resultado de su gestión, era frecuentemente distinto al buscado, sus empleados –salvo el neurótico y fidelísimo “Dwight”- acogían con mucho escepticismo sus iniciativas y, habitualmente, mostrando resistencia pasiva. Los personajes parecían sacados del catálogo de cualquier empresa media de los EEUU: desmotivados, a su aire, sin una dirección competente, mostrando sus rasgos personales más problemáticos en el trabajo y consiguiendo efectos cómicos de un humor particular que era sensiblemente diferente al resto de las comedias de situación habidas y por haber.

La serie se rodó a la manera de falso documental, con cámara al hombro siguiendo a los personajes, y con un montaje que reforzara esa idea. Abundan los silencios embarazosos, las miradas captadas por la cámara de unos a otros, las actitudes espontáneas que refuerzan la sensación de naturalidad.

Desde la primera a la última temporada muchas cosas van cambiando en el interior de la serie: la misma posición de “Michael Scott” va cambiando a lo largo de las temporadas: manager, gerente regional, co-director, degradado luego a vendedor y administrador, y, finalmente, abandonando Scranton junto a su novia y despidiéndose de Dunder Mifflin en el episodio 22 de la séptima temporada. Se van formando las inevitables parejas, con todos los problemas que eso conlleva, aparecen y desaparecen personajes, los más excéntricos van acentuando sus rasgos, se incorporan personajes… y la serie va fluyendo a partir de mediados de la primera temporada con una elevada comicidad.

La serie alcanzó sus mayores cotas de popularidad en 2009 cuando llegó a 9.000.000 de espectadores en EEUU para caer luego a 6.500.000 en 2012 (que era bastante más de lo que tuvo en su primera temporada en la que debió afrontar críticas bastante duras).

La serie es, sensiblemente diferente a la versión británica. Nos demuestra que si EEUU fue en algún momento la patria de la eficiencia laboral, ese tiempo ha quedado definitivamente atrás sustituido por una época en la que la incompetencia generalizada domina la vida comercial de aquel país. Si la serie tuvo éxito en los EEUU se debía, precisamente a que mostraba modelos de comportamiento que todos los norteamericanos han sufrido (o encarnado). El “falso documental” no parecía serlo tanto en aquel país. Si nos fijamos en las fechas que estuvo en antena recorren un período pródigo en episodios dramáticos que explican ese estado de frustración que evidencia la serie: sensación de imposibilidad de victoria en las guerras de Irak y Afganistán con la sombra de un nuevo Vietnam y, a partir de la crisis de las subprimes (explosión de la burbuja inmobiliaria y crediticia con los rescates de los bancos hipotecarios Freddy Mc y Fany Mae y de Lehman Brothers) con la sensación de que la moral calvinista según la cual Dios marca a los justos con el signo de la riqueza es una falacia por mucho que estuviera en el ADN de la cultura americana desde los tiempos de los colonos y la independencia. Esta serie es, pues (como actualmente The Ranch) otra “hija el desencanto”.

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