LA HAPPY HOUR DE LOS STREAMINGS

¿Quién ve televisiones generalistas en la actualidad? Respuesta: todos aquellos que, por algún motivo, o ven poca televisión y no están dispuestos a contratar plataformas de pago, o aquellos que se han habituado a la televisión de los años 80 y ya no quieren ir más allá, o quienes no manejan Internet y no conocen las maravillas de la televisión por cable o del pirateo de series. Y cada vez son menos.

En España, país con 46 millones de habitantes, no hay ni una sola serie emitida por las televisiones generalistas que supere los 3.000.000 de share, cuando hace 10 años, cualquiera de estos productos, incluso los culebrones, podían alcanzar fácilmente el 20% de audiencia. En los próximos años no hay ninguna garantía de que esta situación vaya a cambiar: es más, todo induce a pensar que la tendencia a ver televisiones generalistas irá disminuyendo hasta ponerlas en riesgo de desaparición: eso, o producir productos de alta calidad que, o bien, sean exportables o puedan venderse a plataformas en streamming.

Antena 3 es la cadena que más está apostando por la calidad en las series: Fariña o La Casa de Papel son obras suyas y les está acompañando el éxito allí donde se emiten. Porque han logrado ser exportadas a otros países. En el momento actual, se está rodando La Valla, con idénticos criterios de calidad. TVE va por el mismo camino -a pesar de no tener problemas por ser de titularidad pública. “La primera” ha emitido en los últimos tiempos Vivir sin permiso y Estoy vivo que cuentan con el favor del público.

La televisión generalista la ha matado la baja calidad de muchos de sus productos y shows, el excesivo peso de la publicidad que hace imposible visionar series de manera atenta y el poco cuidado que han tenido a la hora de seleccionar su propia producción que, en un 75% ha sido floja o muy floja. Ahora están pagando las consecuencias. Parece irreversible esta tendencia e, incluso, parece que algunos canales se resignan a desaparecer a la vuelta de cinco años, mientras que otros reaccionan e intentan compensar la pérdida de espectadores (y, consiguientemente, el descenso de ingresos publicitarios) con una mayor calidad que permita introducir los productos en el mercado internacional. Lo que está claro es que lo que funcionó entre finales de los años 80 y los primeros años del nuevo milenio, puede darse hoy por deshauciado.

Netflix se ha convertido en la primera alternativa para quien aspira a ver películas y, sobre todo, series de televisión, de una manera más reposada y a la carta. Pero hay otras plataformas: HBO es su inmediata competencia; Filmin se está convirtiendo en un competidor peligroso para ambas y está experimentando un rápido ascenso. Amazon Prime Video, cuenta con la ventaja del aval que le proporciona la base de datos de clientes de la matriz líder en ventas por la red. Finalmente, Wuaki ha irrumpido también en este prometedor mercado.

Los precios de todas estas opciones están por debajo de los 15 euros con IVA y su crecimiento es muy superior al de Movistar, Vodafone u Orange. La ventaja es que el espectador puede encontrar una inmensa variedad de canales en donde siempre, alguno, emite lo que está buscando. ¿Lo peor? Que demasiados canales hacen que el espectador pierda mucho tiempo buscando y, en segundo lugar, que los canales que emiten series y películas más interesantes, suponen un suplemento en la cuota mensual, que fácilmente puede superar los 50 euros mensuales. Estas plataformas fueron una opción, hoy en desuso.

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