FICHA

Título original: Monk
Título en España: Monk
Temporadas: 8 temporadas (125 episodios)
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2002-2009
Temática: Intriga.
Subgénero: Policial.
Resumen: Un policía brillante que se ha quedado viudo y que desde muy joven está aquejado por el trastorno obsesivo-compulsivo trabaja junto a su ayudante en la resolución de distintos crímenes como asesor del Departamento de Policía de San Francisco
Protagonistas: Tony Shalhoub, Ted Levine, Traylor Howard, Jason Gray-Stanford, Bitty Schram, Stanley Kamel, Hector Elizondo, Emmy Clarke, Melora Hardin, Kane Ritchotte, Brooke Adams, Tim Bagley, John Turturro, Virginia Madsen, Sarah Silverman, Casper Van Dien, Max Morrow, Jarrad Paul, Glenne Headly, Stellina Rusich.
Lo mejor: El protagonista logra altos niveles de comicidad utilizando su trastorno mental llevado al límite.
Lo peor
: El personaje es una traslación a EEUU de la figura de Hércules Poirt, además, caricaturizado.
Lo más curioso: Jon Turturro aparece en algunos episodios como hermano del protagonista, a su vez afectado por agorafobia.
¿Cómo verlo?: Fue emitido por FDF y Calle13 y en la actualidad puede comprarse en DVD. En youTube pueden encontrarse muchos fragmentos e incluso episodios completos en castellano

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre MONK

Tony Shalhoub hizo una muy buena recreación de la figura del policía neurótico y afectado por el trastorno obsesivo-compulsivo. El personaje parecía original y, desde luego, aunque podía enlazarse con los “héroes solitarios” que inundaron las televisiones en los años 70 (McCloud, Barnaby Jones, Baretta, Banacek, Ironside, Colombo y tantos otros), en realidad, la inspiración del personaje procede de otras latitudes. En efecto, el californiano Monk no es más que la traslación al otro lado del océano del belga Poirot. De hecho, la serie Monk se inicia cuando la serie que gira en torno al detective creado por Agatha Christie está en el cénit. El personaje, aunque atractivo, era específicamente europeo y difícilmente podía ser entendido por el público norteamericano, ni mucho menos percibido en sus matices e incluso en su época. Así pues, los creadores de Monk se limitaron a realizar una adaptación, en muchos aspectos, grosera, pero, eso sí, muy estadounidense.

Monk, como Poirot está afectado de la manía obsesivo-compulsiva; Agatha Christie creyó irrelevante explicar de dónde procedía este rasgo del personaje, así que los creadores de Monk tampoco se sintieron obligados a ello, pero sí a mostrarnos a un personaje que desde la infancia ya mostraba este rasgo. Sin duda la cosa venía de familia porque el hermano de Monk que aparece en algunas ocasiones en la serie, tiene agorafobia. Así mismo, resultaba mucho más atractivo para el público norteamericano el que el inseparable compañero del protagonista fuera una mujer que ocupa el papel equivalente a la “señorita Lemon” junto a Poirot. No encontramos a un “inspector jefe Japp”, sino a un “capitán Stottlemeyer”. Y el equivalente al “capitán Hastings” ha dejado de ser el brazo derecho de Poirot para convertirse en “teniente Randy”, el  otro policía en el que se encuentran los mismos rasgos: cierta incomprensión de las leyes de la lógica, impulsividad, simplicidad, espíritu de iniciativa siempre mal enfocado… Las dos series son completamente paralelas y, obviamente, Monk está inspirado en Poirot.

Ahora bien, si el marchamo de originalidad no es el que corresponde a la serie, los personajes de Monk están tan alterados y van dirigidos a un público completamente diferente al habitual de Poirot, que el resultado es, incluso, brillante y la serie puede degustarse como lo que es: una serie ligera de buenos y malos en los que la trama policial discurre sobre situaciones propias de comedia y, a ratos, de esperpento. Agradable, en cualquier caso. Resulta muy difícil no empatizar con el personaje, ni “sentir” sus problemas psicológicos. Todos los protagonistas de la serie tienen “algo” que hace que nos fijemos en ellos.

Vale la pena decir algo sobre el protagonista de la serie, Tony Shalhoub, actor de origen libanés, cuyo primer papel importante fue en un film de los hermanos Coen, Barton Fink (1991) y que luego hemos visto en innumerables películas ejerciendo todo tipo de registros (el policía marginado por su origen de Estado de Sitio [1998], el atrbiliario “Jorge” de La familia Adams continúa [1993], la voz de “Luigi” en Cars 2 [2011] o el terrorista de The Equatizer [1986]) demostrando que aprovechó bien sus múltiples estudios de interpretación. Las gesticulaciones moderadas de su rostro convienen al personaje de Monk que, tan pronto debe mostrar temor ante la más mínima muestra de desorden o el chispazo de inteligencia propio de cuando acaba de resolver un caso.

Los secundarios de la serie son igualmente brillantes: la belleza serena de  Traylor Howard (“Nathaly”, la ayundante de Monk), la energía de Ted Levine (“Stottlemeyer”), el aspecto ingenuo y vulnerable de Jason Gray-Stanford (“teniente Randy”) e incluso del psiqiatra de Monk, Héctor Elizondo (“Doctor Bell”) contribuyen a mantener el interés en la trama.

La serie está compuesta por episodios autoconcluidos en los que el denominador común es el complejo obsesivo-compulsivo del protagonista y su añoranza jamás superada por su esposa “Trudy” fallecida en atentado con cocha bomba, tras lo que siguió una crisis nerviosa del personaje, su licenciamiento de la policía y el que actuara como asesor.

Prolongó su vigencia durante ocho temporadas y su capítulo final fue visto por casi 10 millones de espectadores en los EEUU. Ha sido una de las series más premiadas de las últimas décadas y en especial su protagonista recibió un Grammy (y tres nominaciones), dos Premios del Sindicato de Actores (y otra nominación), tres Emmy (y dos nominaciones más). Su declive se produjo por simple agotamiento del tema: después de casi 200 episodios ya era imposible extraer algo más del complejo obsesivo-compulsivo del protagonista y las reiteraciones empezaban a llamar la atención. Serie recomendable, especialmente, para esos momentos en donde uno no se sienta con ganas de ver series espesas o complicadas y precise productos entretenidos y ligeros. Lo que debe entenderse como un elogio.