FICHA

Título original: CSI: Crime Scene Investigation
Título en España: CSI: Las Vegas
Temporadas: 15 (335 episodios).
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2000-2015
Temática: Investigación.
Subgénero: Forenses.
Resumen: Un grupo de miembros del CSI encuadrados en la policía de Las Vegas, investigan con sus recursos científicos, los crímenes que se producen en aquella ciudad.
Protagonistas: William Petersen, Laurence Fishburne, George Eads, Paul Guilfoyle, Eric Szmanda, Robert David Hall, Marg Helgenberger, Jorja Fox, David Berman, Wallace Langham, Gary Dourdan, Archie Kao, Jon Wellner, Larry Mitchell, Liz Vassey, Marc Vann, Ted Danson, Louise Lombard, Elisabeth Harnois, Joseph Patrick Kelly, Elisabeth Shue, Alex Carter, Sheeri Rappaport, Gerald McCullouch, Melinda Clarke, Larry Sullivan, Meta Golding, Judith Scott, Aisha Tyler, Tahyna Tozzi, Mindy Robinson, Evan Rachel Wood.
Lo mejor: la fotografía y los tonos del laboratorio.
Lo peor
: algunas escenas tienen un irreprimible aroma a gore.
Lo curioso: La serie ha sido muy criticada en los EEUU por la crudeza de algunos de sus episodios y por escenas con exceso de violencia u otros dedicados a temas polémicos de tipo sexual.
¿Cómo verlo?: Fue emitida por FDF, EXN, Fox y La Cuatro. Puede verse mediante programas P2P o comprando directamente los packs por temporadas.

Puntuación: 7,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre CSI: LAS VEGAS

CSI: Las Vegas, abrió la franquicia por la que luego discurrieron CSI: Nueva York (2004-2013) y CSI: Miami (2002-2012). Cada una de estas series tenía el mismos tema central (la investigación policial aplicando la ciencia forense, la recogida sistemática y el estudio de las pruebas encontradas en las escenas del crimen, con la consiguiente detención de los asesinos). La matriz original situada en la “ciudad del vicio”, Las Vegas, superó con sus quince años de permanencia en pantalla, a las otros dos versiones de la franquicia que se mantuvieron, respetivamente 9 y 10 años en antena. Y si lo logró fue, precisamente, porque supo renovar personajes que, por un motivo u otro, iban desapareciendo, por otros de similar o superior carisma.

Se sabe cuál es el contenido de la serie y en dónde reside su innovación: en la parte científica y en la recogida de pruebas. Los policías, ya no son los brutotes que uno podía encontrar en series como The Shield (2002-2008), honestos policías de a pie como los que encontrábamos en la comisaría de Hill Street, ni mucho menos parejas sacadas del diseño entre hortera y ochentero a lo Miami Vice: eran científicos forenses, recogían muestran con paciencia de cartujo en las escenas de los crímenes, se gastaban un pastón en bolsas de plástico y utilizaban los más modernas técnicas para saberlo todo sobre una cagarruta encontrada junto al cadáver. Luego, cuando supimos que personajes como Alexander King, el asesino de Rocío Wanninkhof, había sido identificado gracias a una colilla encontrada en las inmediaciones, supimos que, aunque exagerado, había un poso de verdad en todo aquello. A lo largo de los años, la serie se convirtió en más y más futurista: la serie siempre insistió en las innovaciones tecnológicas. En los primeros episodios, por ejemplo, pudimos ver como los CSI se trasladaban de un lugar a otro del laboratorio con unos ordenadores de mano con pantalla incorporada y un par de centímetros de grosor. Eran los antecedentes de lo que luego sería el tablet que ni siquiera se comercializaron en España. En las últimas temporadas, los ordenadores y el equipo informático utilizado rebasaba con mucho lo existente en el mercado, probablemente, durante décadas, pero podemos creer que, en el futuro, las pantallas táctiles serán así y que existirán proyectores capaces de construir imágenes en 3D.

Vale la pena también tener en cuenta el estilo de la filmación: en CSI: Las Vegas, se insistía en los tonos azulados para describir el laboratorio. No parece de recibo que un laboratorio policial tenga el diseño de una gran empresa de vanguardia. Sin embargo lo que vemos en pantalla sobre el lugar de trabajo de los CSI es un entorno tecnológico vanguardista que resulta extremadamente atractivo. Bien, pues, por la fotografía y por los decorados.

En cuanto a los guiones cabe decir que la matriz original, al discurrir en la ciudad de Las Vegas, solía tener cierta tendencia a dar pinceladas sobre la ciudad, insistir en que, por mucho que fuera creada por la mafia en medio del desierto, aquel origen quedaba ya muy lejano. Pero, Las Vegas sigue siendo la ciudad del juego y del vicio, así que, era evidente que, puestos a situar una serie sobre crímenes e investigación criminal resuelta con medios científicos de vanguardia: aquel fuera un lugar adecuado. Sexo y juego. Es decir, dinero. Tales son los elementos que respiran los habitantes de Las Vegas. No es raro, por tanto, que en todos los episodios se produjeran asesinatos motivados por uno u otro elemento. En ocasiones los crímenes se cometían en estado de embriaguez o bajo el efecto de las drogas, en otras eran el resultado de prácticas sexuales anómalas… con demasiada frecuencia, las escenas eran “fuertes” en el sentido de que los realizadores no ahorraban al espectador el espectáculo de despiece de cadáveres o la visión de cuerpos descuartizados (tendencias que luego las franquicias de Miami y Nueva York tenderían a acentuar) en lo que parecía más un despliegue de artificios propios del gore que de una serie que se quería de diseño y ciencia forense.

A lo largo de quince años se sucedieron muchos protagonistas y los responsables del equipo de CSI fueron cambiando. “Grisson”(William Petersen), el reconcentrado entomólogo con expresión que oscilaba entre Buster Keaton y un cisterciense, mantuvo su presencia nueve temporadas; “Willows” (Marg Helgenberger), la streeper metida a CSI se mantuvo en doce; “Warrick” (Gary Dourdan) se jubiló –recibiendo un tiro en la serie- en la misma temporada que Grisson. “Stokes” (George Eads), el ligoncete, fue el de mayor presencia y el único que aguantó como un legionario desde principio a fin de la serie; “Jim Brass” (Paul Guilfoyle), el policía faltó solamente en la última temporada (le vimos perder pelo y engordar a lo largo de esos 14 años); “Greg” Eric Szmanda), el cerebrito, se incorporó en la segunda temporada y vimos como se iba transformando de joven imberbe en adulto de vuelta de todo a lo largo de las 14 series que siguieron; “Hodges” (Wallace Langham) el científico friky se hizo imprescindible a partir de la octava temporada; “Langston” (Laurence Fishburne), compartió un par de temporadas la jefatura con “Grisson” hasta hacerse cargo del equipo de la temporada 9 a la 11; “Russell” (Ted Danson) apareció en la 12 y se mantuvo hasta el final como sustituto de ambos…

En general, los actores que interpretaban a los CSI realizaban un buen trabajo. En énfasis de la serie no se podía en sus papeles, sino en los alardes científicos y técnicos con los que se trataba de encandilar a los espectadores. El trabajo de guionización, tendía a crear unos casos muy diferentes unos de otros, pero que siempre, en última instancia, se resolvían mediante el análisis de las cagarrutas recogidas en las escenas del crimen o el examen de los restos encontrados en las tripas de las víctimas. Se sabía que, los CSI iban a encontrar las pruebas para incriminar a tal o cual personaje o para resolver una situación concreta; lo que no sabía era cómo. De ahí el interés de la serie que era, particularmente seguida en los penales de todo el mundo, por aquello de que había que aprender el oficio de delincuente previendo por donde podía venir el error, pero también y sobre todo por gentes interesadas en series innovadoras que mostraran avances científicos, reales o supuestos. La serie, además, tenía como valor añadido ese dinamismo que saben transmitir las series llegadas de Hollywood en las que los tiempos muertos y los diálogos que no aportan nada, son simplemente eliminados.

Mientras se mantuvo en activo, la serie gozó de una extraordinaria popularidad. Sus episodios todavía se vienen re-emitiendo una y otra vez y de nada valieron las protestas del lobby gay norteamericano que no estaba de acuerdo con la imagen negativa con la que aparecían algunos de sus miembros.