ESTOY VIVO SEGUNDA TEMPORADA: UN ABSURDO ENTRETENIDO

Se ha estrenado la segunda temporada de la serie de TVE Estoy vivo. La primera constituyó un verdadero éxito para la cadena y esta segunda promete ir por el mismo sendero, contribuyendo a tapar el gigantesco fracaso de El continental. Sería difícil encontrar una serie en la que se nos exija tanto esfuerzo de imaginación y, sin embargo, al final, resulte que terminamos creyéndonos a los personajes y aceptando las situaciones por imposibles, abracadabrantes y absurdas que sean. Todo se debe a la calidad de las interpretaciones de sus pilares: Javier Gutiérrez, Roberto Álamo, Fele Martínez, Anna Castillo, Ana Castillo, Alejo Sauras…

En esta segunda temporada (que podemos ver en la noche de los lunes en TVE) los presupuestos son igualmente imaginativos: los seres diabólicos que perseguían a los protagonistas en la primera temporada, se han convertido ahora en la siniestra “niña fantasma” que guía a los protagonistas. Vuelve a aparecer “la pasarela”, ese limbo de las almas perdidas en donde se producen tantos errores burocráticos como en las ventanillas de los ministerios.

Obviamente, la serie no explota solamente la vertiente “mágica” y “paranormal”, sino que reitera los elementos románticos y ese amor imposible que atrae fatalmente al “comisario Márquez” hacia la que ha sido su esposa en su vida originaria. En el primer episodio, ella termina casándose con el rival de Márquez. Fele Martínez está que se sale en su papel de nuevo marido. ¿Qué ha ocurrido desde el término de la anterior temporada? Simplemente, que sus protagonistas han desaparecido por espacio de un año y reaparecen, justamente, cuando su esposa se está casando con el odioso jefe de policía: la hija mayor del comisario adopta una actitud hostil hacia el que ignora que es su padre, por lo que le ha hecho a su madre, sin embargo, se ve obligada a trabajar nuevamente con él…

Y así arranca una segunda temporada que, parece solamente un nuevo paso al frente en esta entretenida serie de factura nacional que esperamos tenga el éxito suficiente que nos haga olvidar otros fracasos de la cadena.

 

 

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