FICHA

Título originalVergüenza
Título en España: Verdrive
Temporadas: 1 (10 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2017
Temática: Humor.
Subgénero: Tragicomedia.
Resumen: Un fotógrafo de bodas y bautizos carece por completo de habilidades sociales efectivas y se muestra como un metepatas rotundo en su vida social, laboral y en sus círculos habituales. Su esposa termina siendo afectada por el mismo síndrome del metepatas. Ambos protagonizan las situaciones más ridículas y bochornosas.
Protagonistas: Javier Gutiérrez, Malena Alterio, Vito Sanz, Miguel Rellán, Lola Casamayor.
Lo mejor: Algunos gags tienen gracia.
Lo peor: El que un grupo de muy buenos actores hayan sido contratados para protagonizar una serie muy mediocre.
Lo más curioso
: Se ha promocionado como “nuevo humor español” y “comedia jamás vista en televisión”, lo cual es cierto.
¿Cómo verlo?: Fue emitida por Neox, Movistar+.

Puntuación: 5,5

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Lo menos que puede decirse sobre VERGÜENZA

Lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo inaceptable se entrecruzan inextricablemente en esta serie y que, sin embargo, no es un producto completamente original. Lo que sí es, indudablemente, es la traslación de algunos personajes encarnados por Ricky Gervais (La vida es muy corta, Un pringado por el mundo, Extras, The Office…) y, sobre todo, por Larry David en las series que les han dado mayor fama: y Courb your enthusiasm. La única originalidad de la serie estriba en haber variado el origen nacional de los personajes: no estamos ante el productor que ha tenido éxito en una serie y que se permite el lujo de parodiarse a sí mismo por los estudios de Hollywood o por las calles de Palm Springs, ni los pobres diablos que deambulan por Londres en busca de un lugar bajo el sol que tanto agrada a Gervais. Aquí los protagonistas son una pareja que se aman y que, han nacido el uno para el otro, pero en la que él ha transmitido a ella su falta de habilidad para “saber estar”…

Esta noción de “saber estar” es básica para entender la comicidad de esta serie. Lo que vemos es a un pobre diablo (a lo Gervais) metiendo constantemente la pata y demostrando una falta de sensibilidad absoluta y casi patológica. No importa la situación en la que se encuentre: sabemos, desde el segundo gag, que aparezca donde aparezca, siempre, sin excepción, meterá la pata. La serie no es, en definitiva, nada más que eso: una sucesión constante de faltas de tacto, comentarios inoportunos, patinazos que acompaña mañana, tarde y noche al personaje. La ventaja que tiene la serie es que se adapta a la duración de las comedias de situación (no llega a los 20 minutos). El problema es que, visto el primer episodio, vistos todos. Los nueve restantes, en efecto, no son más que variaciones sobre el mismo tema.

Este es el problema de la serie: una absoluta inorganicidad y una desconexión completa entre los gags, la carencia absoluta de hilo conductor. Porque una cosa es que presentar como rasgo de un personaje su habilidad para meter la pata y otra hacer de este rasgo una serie. Tal es la diferencia entre los productos protagonizados por Ricky Gervais y Larry David, y este que nos presenta Movistar+. Simplemente, no hay argumento, o lo que es todavía peor: el argumento queda reducido a la mínima expresión.

El protagonista es un fotógrafo de bodas y bautizos (Javier Gutierrez), casado con una secretaria (Malena Alterio). Entre ambos se profesan un amor sincero hasta el punto de que la “mala sombra” del marido termina por arrastrar con su gafe a la esposa. El primer gag de la serie (el toque de sirena realizado por el marido para poder fotografiar la cara de sorpresa y horror de la esposa), es antológico y prometedor. Pero cuando, dentro de primer episodio, ya hemos visto tres gags similares, queremos creer que se trata de la presentación de los personajes. En el segundo episodio comprobamos que no es así, que siguen los gags similares a los del primer episodio. Y a medida que avanza la serie, lo que vemos es que se van agotando temas (los guionistas ya han hecho aparecer a gays, mujeres con sobrepeso, han sacado todo el partido posible a los suegros, a los minusválidos…) y, poco a poco, nos damos cuenta de que estamos viendo el mismo gag, fiado todo a las dotes de improvisación de Javier Gutiérrez que, digámoslo desde ahora, son muchas, pero que no bastan para salvar la serie.

Al llegar al segundo capítulo, la sensación de sentir vergüenza ajena que nos había acompañado desde los 10 minutos de iniciada la serie, se vuelve incorporable. Son muchos los espectadores que han interrumpido la emisión ante el bochorno que causan las situaciones en las que se ven implicados los protagonistas. De hecho, la serie supone generar la sensación de “vergüenza ajena” en el espectador, clavar la banderilla e irla removiendo para hacer más sangre sobre el mismo tema.

La pena es que un grupo de actores brillantes, sin excepción, se hayan visto implicados en una serie que hubiera podido ser realizada por actores mucho más mediocres y con un resultado similar. Ha fallado el guión. En realidad, no sólo ha fallado el guión: ha fallado la idea de la serie, su concepción. Y bueno es recordar que los creadores y directores de esta serie con Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero.

Parece evidente que los creadores han querido elaborar una serie “populista”: así pues, no han dudado en introducir elementos chabacanos, groseros, de pésimo gusto… Sin duda, no es por casualidad que los protagonistas son una pareja de mileuristas, el sector social mayoritario en nuestros días y los guiños realizados son para que se reconozcan en la serie. Pero no funciona porque, aparte de las deficiencias en la concepción, todo en ella es increíble y el mal gusto se impone a cualquier otra consideración.

La serie puede resultar interesante para los que se recrean con las interpretaciones de Javier Gutierrez y Malena Alterio. Pero, vale la pena recordar que tanto Vito Sanz como Miguel Rellán o Lola Casamajor, defienden con dignidad papeles indefendibles.