LA REPÚBLICA O EL FOLLETÍN DE LA TELEVISIÓN ESPAÑOLA DE SÁNCHEZ/MATEO

De entre las borracheras más memorables que recuerdo ver en directo en televisión figura la de Rosa María Mateo el día que cayó el Muro de Berlín, en noviembre de 1989, cuando había sido enviada como corresponsal al evento. Se ve que, con la alegría del momento, se le fue la mano en el consumo de cerveza o similar. Han pasado casi treinta años y tras un período de ocultamiento Pedro Sánchez la ha rescatado de la jubilación. Los años no pasan en balde y Rosa María Mateo no parece en las mejores condiciones para dirigir “el ente”.

La purga que realizó a poco de llegar no desmerece en nada a las de Stalin. Se cuenta incluso que despidió a un presentador de fin de semana por mostrar un pañuelo en el bolsillo de la americana, que, por algún motivo, la jubilada consideraba “facha” (el pañuelo, hay que decirlo estaba perfectamente plegado; ésta de haber conocido a Companys que siempre iba en ese bolsillo con un pañuelo colgando con el que se limpiaba el sudor, lo hubiera fusilado). Así es ella en sus 76 primaveras.

Pero, donde no parece estar particularmente inspirada ha sido en dos decisiones: el estreno de una serie que, desde el principio ha tenido mala pata (El Continental) y que, finalmente, ha constituido acaso el fiasco más grave de la cadena en 2018 y dar luz verde a la segunda temporada de La República, filmada desde tiempo inmemorial, pero no proyectada. Se titula La República, era una derivación de una serie anterior, La Señora, uno de tantas situaciones con escenas de amor como excusa para trasladarnos a los días de la Segunda República; tiene todos los rasgos de lo que suele ser en España una “serie del montón”. A la vista de la primera temporada, lo menos que puede decirse es que es un “cuéntame como [no] pasó” pero de hace ochenta años. Los gestores del período pepero se negaron a emitirla, por tanto, ella decidió rescatarla de los cajones del olvido. La mera alusión a “la república” le generaba secreciones positivas en su sistema hormonal, las propias que genera en cualquiera persona de izquierdas.

A la jubilada no le debió gustar mucho porque la desterró a un lugar de la parrilla en la que no hay muchos espectadores ante la pantalla: los sábados a las 23:30, que, en la práctica, podía ser más allá de la media noche (si tenemos en cuenta que la duración de los largometrajes que se emiten antes es variable, pero, con frecuencia, sin publicidad pueden prolongarse dos horas o más). Eso suponía condenar a la irrelevancia a La República.

La izquierda protestó. En la nota de TVE se alude a las “peticiones de la audiencia”, pero, probablemente alguna llamada de La Moncloa, obligaron a la rectificación. ¡Cómo iba La República a emitirse ante plasmas vacíos o ante noctámbulos en busca de canal! Para salir del entuerto, TVE1 anunció que la serie, cuyo estreno estaba programado para las 23:30 de ayer 27 de octubre de 2018… quedaba aplazada una semana y que se emitiría en horario de máxima audiencia: las 22:00 horas. Lo que pudo verse ayer fue el último episodio de la temporada anterior.

Así que, a los que les gustó la serie, tranquilos, que la semana que viere la podrán degustar en horario “prime time”.

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