FICHA

Titulo original: Six feet under.
Título en España: A dos metros bajo tierra.
Temporadas: 5 (63 episodios)
Duración episodio: 50 minutos
Año: 2001-2005
Temática: Humor negro
Subgénero: drama
Resumen: El propietario de una funeraria muere bruscamente y se encargan del negocio sus dos hijos. El cuadro familiar se completa con una madre neurótica y una hermana adolescente y, por tanto, problemática. Y todo ello bajo la presión de una multinacional de pompas fúnebres que torpedea el negocio
Actores principales: Peter Krause, Michael C. Hall, Rachel Griffiths, Frances Conro, Lauren Ambrose, Freddy Rodríguez, Mathew St. Patrick, Jeremy Sisto, Justina Machado, James Cromwell, Lili Taylor, Ben Foster, Richard Jenkins, Joanna Cassidy, Ed O’Ross, Giancarlo Rodriguez, Peter Macdissi
Lo mejor: saber que Dexter, antes de serlo, se dedicaba a las pompas fúnebres.
Lo peor
: que al final todos morimos.
¿Cómo verlo?: Actualmente en HBO. Ha sido emitida en su estreno por TV2, luego por el canal FOX. Puede comprarse en DVD.

Puntuación: 9

MUSICA E INTROUCCIÓN

TRAILER EN VERSIÓN ORIGINAL SUBTITULADO

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WEB OFICIAL EN CASTELLANO

Lo mínimo que hay que saber sobre A DOS METROS BAJO TIERRA

Una de las mejores series producidas por HBO. Además tiene la ventaja de que en su catálogo aparece la primera: en la “A”. Ni siquiera hay que buscarla. Las críticas que puede hacerse a esta serie son todas, sin excepción, positivas. Cuesta encontrar puntos débiles y fallos argumentales incluso en el desenlace final de la serie. Cada episodio dura unos 45 minutos al termino de los cuales el espectador siente una extraña sensación: todo lo que ha visto ha girado en torno a la muerte y, sin embargo, lo ha pasado bien, incluso se ha divertido.

FUNERARIA: EL NEGOCIO DEL FUTURO

Son negocios todas aquellas actividades de las que el ser humano no puede prescindir: la alimentación, por ejemplo (todos comemos) o la industria del vestir (desde que la hoja de parra ya no nos satisface como único atuendo), o el sector inmobiliario (todos necesitamos un hogar más o menos acondicionado para vivir). Entre este tipo de negocios, y a la vista de que la muerte es una de las muestras del conservadurismo humano que se resiste al cambio, las pompas fúnebres pertenecen al mismo género: la civilización es impensable sin empresas especializadas que nos manipulen una vez muertos y asuman la buena marcha del ritual funerario. Esta serie, A dos metros bajo tierra, trata de la familia Fisher, propietaria de una de estas empresas.

Uno de los elementos propios de las comedias de situación es colocar a dos personajes diametralmente opuestos conviviendo en un pequeño entorno. Las chispas de la convivencia generan los destellos de humor. A dos metros bajo tierra no es una comedia de su situación pero responde a un esquema parecido: colocar en escena un canto a la vida y, al mismo tiempo, tratar sobre la muerte. Los guionistas han sabido aprovechar esta contradicción para obtener momentos de comicidad insuperables.

LA VIDA COTIDIANA DE LOS FISHER

La funeraria se llama Fisher & Sons, pero hay algo de falso en ello. Los “Fishers” son quienes la gestionan (un matrimonio), pero de sus tres hijos solamente uno se dedica, inicialmente, al negocio familiar: “Nathaniel Fisher”, un joven circunspecto que tenía la ambición de ser abogado pero se sintió atrapado por el negocio familiar al que le ha dedicado su vida entera. Es un gay que no ha salido de la ebanistería. Está descrito con los rasgos propios de un funcionario de este tipo de empresas. Si hemos tenido la ocasión de contratar algún entierro, nos habremos cruzado con un “Nathaniel” de sus mismas características.

Los otros dos hermanos, “David” y “Claire”, inicialmente, no tienen nada que ver con el negocio. La segunda es demasiado joven, la típica adolescente conflictiva, incapaz de controlarse y que, de paso, conduce, como vehículo particular, un antiguo coche fúnebre de la empresa, color verde pistacho. En cuanto a “David”, desde muy joven ha permanecido separado de la familia en el otro extremo del país. Ahora, cuando vuelve para visitar a la familia, nadie está en el aeropuerto para recibirlo: es justo el momento en el que su padre se ha roto en cuello en un accidente de tráfico.

Pero ese viaje será decisivo en su vida: no solamente conoce a “Brenda”, una mujer sexualmente desinhibida con la que liga en el avión y el hecho de que el testamento de su padre le haya otorgado el 50% e la funeraria. A partir de ese momento, y tras una dudas iniciales, “David” se entrega con pasión y convencimiento al negocio familiar. En cuanto a “Brenda”, el personaje más realista y razonable del conjunto, es hija de una familia completamente disfuncional y enloquecida.

Quedan dos personajes interesantes: la matriarca de la familia, neurótica y obsesionada porque su marido muerto se habrá enterado en el más allá de que mantenía un lío con un profesor de geología a la vista del poco caso que le hacía su marido; y “Federico Díaz”, el embalsamador, orgulloso de su habilidad para maquillar cadáveres, obviamente hispano y con todos los problemas de convivencia y choques culturales con los “Fisher”.

En cada episodio existe un hilo conductor (el destino de la empresa) y una serie de hilos secundarios (las relaciones personales de los miembros de la funeraria y con sus parejas o compañeros), pero cada episodio registra uno o varios entierros que, en sí mismos, constituyen tramas propias, frecuentemente desternillantes a pesar del dramatismo de las situaciones.

DEXTER, ANTES DE DEXTER

Peter Krause es “David”. Aparecía en El show de Truman (1998), pero su carrera ha discurrido especialmente por el medio televisivo. Recientemente protagonizó la miniserie de 10 episodios The Catch (2016) y antes Dirty Sexy Money (2007-2009). Pero su carrera dista mucho de igualar a la de su hermano en esta serie: Michael C. Hall (“Nathaniel” o “Nate”). Su rostro remite directamente a otro grandioso éxito televisivo, Dexter (2006-2013). Aparte de estas dos series, no ha trabajado mucho ni en el cine (en 2003 filmó Paycheck), ni para la televisión, pero ya hoy constituye un rostro inolvidable en el mundo de las teleseries.

En realidad, sus papeles en Dexter y en A dos metros bajo tierra, tienen algo de siniestro y entrañable y familiar. En ambos casos se trata de papeles atípicos y difíciles tanto en su concepción en el guión como en su interpretación: resulta tremendamente difícil hacer aceptable e incluso simpático a un asesino en serie, psicópata desde la infancia, pero no menos difícil es generar la misma aureola de simpatía por un probo enterrador (porque, en el fondo, eso es lo que es).

Hall sale airoso de los dos trances y con nota. En su mirada hay algo de inquietante y oscuro, pero que también transmite ternura. En la actualidad, ausente de las pantallas de televisión, ha optado por actuar en el teatro, su verdadera votación.

VALORACIÓN

A dos metros bajo tierra ha sido descrita como una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. En España pasó bastante desapercibida en su estreno dado que fue uno de los frecuentes regalos de TV2, ese canal en el que se han emitido series y documentales magistrales pero que el público tiende a relegar al olvido. Luego se emitió en el canal Fox, en donde tampoco generó muchos comentarios. Finalmente, desde la irrupción de HBO en España, la serie ha sido incluida y aparece como la primera de su catálogo alfabético. Vale la pena apurar las cinco temporadas, porque la serie no desciende de calidad ni en un solo episodio. Incluso en el desenlace final –como harto difícil en series que se han prolongado durante cinco años- está perfectamente articulado y supone un brillante broche final.

Tanto el guión, como los diálogos, como las situaciones están tratados con esmero. Era necesario: a fin de cuentas, la serie va de muertos, entierros, dolor, sentimientos y despedidas. La muerte no es ninguna ganga, y un desliz en el guión hubiera convertido la serie en atacable por bromear sobre un momento tan delicado como es la muerte de un ser querido (o no tan querido).  A diferencia de series que han tenido una brillante trayectoria pero cuyo final resulta decepcionante, en esta, el cierre es magistral y da sentido a los 62 episodios anteriores. En especial los últimos 10 minutos.

La música es también digna de recordarse. El tema de la serie estuvo compuesto por Thomas Newman (que cada año cosecha algún premio por su trabajo y que desde 1984 viene musicando películas y series a destajo: su último éxito fue El puente de los espías [2015] y en 1991 ya obtuvo varios premios por Tomates verdes fritos) y la selección y adaptación musical por Richard Marvin y Chris Seefried. En cada ceremonia fúnebre se selecciona algún tema musical y éste siempre resulta adaptado a la personalidad del difunto y de la familia. Otro elemento que llama la atención por la ironía que destila es el anuncio de algún producto utilizado en las pompas fúnebres como si se trata de un producto de limpieza o de consumo generalizado. El recurso se utiliza en ocasiones como transición de una a otra escena y puede ser considerado como un alegato contra la invasión publicitaria que frecuentemente rompe los programas televisivos hasta hacerlos prácticamente insufribles (corte de 10 e incluso de 20 minutos de anuncios no ayudan, desde luego, a ver una serie o una película).

Miremos en la dirección que lo hagamos, no encontraremos elementos negativos en esta serie que roza la perfección y no decepciona en ninguno de sus capítulos. Créame, si usted tiene en perspectiva morirse en las próximas décadas, debería de ver esta serie: le enseñará muchas cosas sobre ese tránsito. Y, sobre todo, mientras permanezca con vida, la recordará con cariño.