LAS SERIES ASIÁTICAS NO MOLAN

Netflix tiene un 30% de su catálogo dedicado a series asiáticas por las que nadie parece interesarse. Generalmente, ni merecen comentarios de los abonados, ni mucho menos de la crítica que parece ignorar su existencia. Cuando hemos hecho algún intento de ver alguna serie, hemos entendido los motivos: o bien son copias de series occidentales, o bien sus presupuestos narrativos son inasumibles, sus actores desconocidos y las situaciones, de tan fantasiosas, están casi siempre, pasadas de vueltas. Además, existe el problema de que el aluvión de este tipo de series, convierte la búsqueda de productos más asumibles, en una tortura: existen, sí, pero perdidos y bajo una hojarasca inextricable.

Los considerados como “K-dramas” (dramas coreanos) o las series de terror rodadas en oriente, han intentado penetrar en el público occidental mediante una publicidad machacona desarrollada en los últimos diez años en los EEUU y desde hace cuatro en Europa. No lo han conseguido, ni han podido evitar que todo ese aluvión sea considerado como productos infumables y casi caricaturescos.

La noticia de que la plataforma Warner Bros Digital Networks ha cerrado su canal DramaFever OTT por “razones comerciales” es el primer reflejo de esta crisis de los “K-dramas”. En efecto, lo esencial de su catálogo se nutría de estas producciones. A ello ha contribuido el que los productores orientales han elevado los costes de emisión de sus series de 800.000 dólares a 1.000.000 por temporada. Entre esto y la competencia en el mismo terreno de Amazon Prime Video y, especialmente, de Netflix, la Warner ha decidido cancelar el canal.

A partir del 16 de octubre, la web del canal (https://www.dramafever.com/es/) contiene solamente la noticia del “morituri”. La experiencia ha durado nueve años y ha emitido “bajo demanda”, mas de un centenar de dramas coreanos, chinos y japoneses.

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