FICHA

Título original: Galería de Maridos
Título en España: Galería de Maridos
Temporadas: 1 temporada (13 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 1959
Temática: Humor.
Subgénero: Comedia.
Resumen: Distintos matrimonios afrontan situaciones de crisis, todas ellas de carácter diferente y en contextos distintos, pero siempre interpretados por los mismos actores: Adolfo Marsillach y Amparo Baró.
Protagonistas
: Adolfo Marsillach, Amparo Baro.
Lo mejor: amparo Baro ya apuntaba maneras de extraordinaria actriz
Lo peor
: la serie era excesivamente breve, fue casi una pincelada de lo que podría ser si hubiera prolongado su exitencia.
Lo más curioso: Jaime de Armiñán escribió y dirigió el año siguiente Galería de esposas..
¿Cómo verlo?: Serie perdida.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre GALERÍA DE MARIDOS

En esta serie concurren muchos inicios: fue la primera vez que Adolfo Marsillach trabajó en televisión como actor al servicio del también casi primerizo Jaime de Armiñan y, finalmente, registró también el debut televisivo de una chica joven que, a partir de entonces se mantuvo constantemente en diversas series de TVE y que si bien no era un rostro perfecto, sus cualidades interpretativas la hicieron extremadamente agradable para la audiencia: Amparo Baró. De hecho, estos tres apellidos (Marsillach, Armiñán y Baró) surcarán transversalmente la TVE de los 60 y de buena parte de los 70, encontrándose en múltiples ocasiones.

Galería de Maridos nos presentaba una serie de esqueches de quince minutos. En cada uno de ellos aparecía un modelo particular de marido (el mentiroso, el manazas, el enmadrado, el dejado, el obsesivo, el patriarcal, el apocado…). Era una novedad esto de mostrar que la vida familiar no era ninguna ganga. En aquellos tiempos, la familia era una institución intocable y mostrar que la vida en común no siempre es un paseo triunfal, no era del agrado de una censura que hasta mediados de la década fue omnipresente (baste recordar, por ejemplo, que todas las sopranos que solían aparecer en pequeños espacios cantando en directo arias de ópera, lo hacían con un chal para evitar que el público se escandalizara viéndole ¡los hombros y los brazos desnudos!).

La novedad de esta serie es que, a pesar de que los tipos de maridos fueran siempre diferentes, la pareja protagonista era la misma en todas las entregas: Marsillach y Amparo Baró. La serie tuvo un éxito extraordinario que sorprendió incluso a los directivos de televisión. Sin embargo, en aquella época no faltaban ideas y, en la temporada siguiente, Armiñán la sustituyó por Galería de esposas (1960), especie de réplica que seguía la misma fórmula pero sorprendió menos a la audiencia.

La serie podría ser comparada a Escenas de matrimonio (2007-2009): la vida familiar presentada con intención cómica. Pero, si comparamos ambas series, Galería de maridos vence por goleada y, no solamente, por las actuaciones de sus dos protagonistas, sino también por ser fiel a la realidad de la España de finales de los años 50.

Jaime de Armiñán había iniciado su largo periplo televisivo en 1958, con un programa de cuentos infantiles (Érase una vez) de media hora de duración. Había poca originalidad: todos eran cuentos clásicos adaptados al nuevo medio y limitados por sus recursos limitados, que no fueron suficientes como para encandilar a la audiencia joven. Sin embargo, la serie no era para niños (o, al menos, no era sólo para niños): a la dramatización del cuento seguía un debate sobre los personajes que lo habían protagonizado y sus actividades. Al año siguiente, Armiñán rectificaría el mismo producto y lo presentaría como Cuentos para mayores (1959), con una fortuna limitada. El tercer intento fue el que le valió a Armiñán un lugar propio en la TVE de aquellas décadas: Galería de maridos. La serie gusto, especialmente a las mujeres que veían como “el ente” se atrevía a mostrar las miserias de la vida conyugal. La serie, con todo, era respetuosa con la familia, nunca cuestionó su existencia y la posibilidad de que algunas de las parejas que aparecían caricaturizadas se separasen era algo que ni siquiera se contemplaba.

Sin embargo la idea de Jaime de Armiñán no era completamente original. Jean Baptiste Moliere ya había escrito una comedia titulada La escuela de los maridos, una de sus más celebradas piezas, que muestra situaciones semejantes salvando la distancia temporal. La única reflexión que se nos ocurre es que los guionistas de aquella época, conocían a los clásicos y extraían de ellos inspiración. Series como las telenovelas (basadas en los años 60 en textos literarios consagrados españoles y extranjeros) o las obras de teatro que mostraba la TVE de aquellos años demuestran muy a las claras que no todo era censura, sino que existió un verdadero interés y un afán cultural que, lamentablemente, hoy se ha perdido y que, de regresar en algún canal, se encontraría con un público que ya no está en condiciones, mayoritariamente, de apreciarlo.

Amparo Baró siguió, a partir de ese momento, activa prácticamente sin interrupción durante toda la década de los 60 y buena parte de los 70 en series como Silencio, se rueda, Mujeres Solas, Chicas en la ciudad, Historias para no dormir, Silencio estrenamos y muchas otras perdidas para siempre, hasta llegar a la serie que no hace tanto revivieron su fama en televisión: Siete vidas. Su trayectoria coincidió en muchas ocasiones con la de Marsillach. Y en lo que se refiere a Jaime de Armiñán, estuvo presente desde 1959 hasta 1992 con series tan notables como Juncal, Ramon y Cajal (1982), Tres eran tres (1972-1973), Las doce caras de Eva (1971-1972) y un largo etcétera, rivalizando solamente con Chicho Ibáñez Serrador, en guionista y director con más éxito de aquella TVE.

No queda ningún recuerdo de esta serie en los archivos del “ente”.