FICHA

Título original: Juncal
Título en España: Juncal
Temporadas: 1 (7 episodios).
Duración episodio: 58 minutos.
Año: 1989
Temática: Drama.
Subgénero: Taurino.
Resumen: Colección de anécdotas del mundo taurino, unificadas en torno a la figura de un matador y reunidas en forma de miniserie característica de los dramas y alegrías de ese ambiente en los años 80.
Protagonistas: Francisco Rabal, Rafael Álvarez, Manuel Zarzo, Emma Penella, Fernando Fernán Gómez, Lola Flores, María Luisa Ponte, Beatriz Carvajal,Cristina Hoyos, Asunción Balaguer, Diana Peñalver, María Galiana, Mireia Ros, Julio Núñez.
Lo mejor: la interpretación de Paco Raval
Lo peor
: en alguna escena el drama era elevado a la categoría de tragedia griega.
Lo curioso: fue uno de los papeles con los que Paco Raval se sintió más identificado
¿Cómo verlo?: Fue emitido por TVE y puede verse en el enlace indicado de Televisión a la Carta.

Puntuación: 7,5

PROMO

CABECERA

MUSICA

VER SERIE

WEB OFICIAL

Comprar DVD en Amazon

Lo mínimo que puede decirse sobre JUNCAL

Nos ha sorprendido ver a Juncal considerada como “comedia” en algunas bases de datos de series. Demuestra que no se han visto los siete episodios, que su recuerdo está muy desdibujado o que la web en cuestión, realizada automáticamente, a través de un motor de búsqueda ha reproducido errores acumulados por otros. Juncal tiene de comedia lo que una película sobre Gazy, el “payaso asesino”, puede tener de espectáculo circense. En efecto, el mundo taurino es una mezcla de sentido del humor y tragedia, modulado por el fatalismo. En el alma de todos los mataores existen unos modismos chistosos, mezcla de retranca andaluza y de idiosincrasia de guasa nacional. Pero el trasfondo de su oficio e, incluso, sus vidas propias, tienen mucho mas de tragedia que de comedia. Y Juncal era el reflejo de la profesión en un momento en el que era indiscutiblemente “la fiesta nacional”.

Fue una de las últimas producciones de Jaime de Armiñán. No sólo la dirigió, sino que buena parte del guión se debe al conocimiento que tuvo en los años 60 de un aficionado a los toros que le iba contando anécdotas de los mataores. Era como una especie de “Cossío” (la monumental enciclopedia taurina, verdadera Espasa del saber de ese espectáculo, de sus protagonistas y de su entorno) que fue ilustrando a Armiñán sobre un sinfín de anécdotas que afectaban a figuras del toreo, novilleros y mataores de poco lustre. En 1984, Armiñán había utilizado algunas de estas anécdotas para componer un capítulo de la serie Cuentos Imposibles que gozó del favor del público. Y, cuando ya iba por su sexagésimo cumpleaños se le ocurrió realizar una “versión extendida” de aquel episodio que dio lugar a la miniserie Juncal, sin duda, la más celebrada en su época.

Era Juncal, un torero típico de su raza: tuvo su momento de gloria en los años 40 que supo extenderlo a lo largo de los 50 y hubiera llegado hasta los 70 de no ser por una cornada que lo apartó de los ruedos en los 60. Como suele ocurrir en la profesión y como cantó Machado “fue a casarse con una doncella de gran fortuna”. A la frívola heredera le atraía la leyenda del torero, más que la personalidad del pobre Juncal que, por cierto, era el alias artístico de José Álvarez. El matrimonio duró poco, lo suficiente para dejar dos hijos. Y, como suele ser habitual, el macho alfa se lía con un amante por veinte años hasta que ésta lo despide ante su incapacidad para mostrarle un mínimo de fidelidad. Y es entonces cuando se acuerda de aquellos hijos que tuvo con la heredera, uno de cuyos hijos se está haciendo un nombre en el gremio de novilleros.

Como puede verse, detrás de todo el gracejo que destilan los protagonistas, hay un drama elevado a la enésima potencia y reforzado por algunos de los personajes que van apareciendo. El perfil del protagonista es picaresco, pero en algunos momentos, uno diría que está ante una tragedia de Eurípides (como cuando aquel torero tuberculoso, muere manejando la muleta y escupiendo sangre sobre la arena) y el trasfondo es dramático. En manos de otros actores, hubiéramos asistido a la sobreactuación, pero la suerte de esta serie fue contar con una élite interpretativa del que Paco Raval era el buque insignia, Rafael Álvarez el pícaro titulado, Fernán-Gómez un sacerdote como hubo tantos y Lola Flores con su talento interpretativo natural. Manuel Zarzo (el tuberculoso), genial, Cristina Hoyos en su salsa. Y, para colmo, una música (de Vainica Doble era el tema musical) sugerente.

La serie fue cara y desde el principio hasta el final, se llevó casi año y medio, pero el resulto fue espléndido. Gustó a los taurinos y dejó sin armas a los antitaurinos. Incluso captó a algunos nuevos aficionados al moriles, al fino Laina y a los tendidos de sombra. Hoy puede verse como gozo para ver la actuación de unos actores excepcionales. Claro está que si es usted antitaurino, casi mejor que se abstenga.