FICHA

Título original: Family Matters
Título en España: Cosas de casa
Temporadas: 9 temporadas (215 episodios)
Duración episodio: 25 minutos.
Año: 1989-1997
Temática: Humor.
Subgénero: Comedia.
Resumen: Una familia afroamericana de clase media, los Winslow, vive en un barrio de los suburbios de Chicago y debe compaginar su vida con la de su excéntrico vecino, Steve Urkel que siempre aprovecha la ocasión para invadir su casa, enamorado perdidamente de la hija de la pareja.
Protagonistas: Reginald VelJohnson, Kellie Shanygne Williams, Darius McCrary, Jaleel White, JoMarie Payton, Rosetta LeNoire, Bryton James, Telma Hopkins, Shawn Harrison, Jaimee Foxworth, Cherie Johnson, Michelle Thomas.
Lo mejor: La creación que Jaleel White realizó de “Steve Urkell”
Lo peor
: Lo insufrible del personaje de “Steve Urkell”.
Lo más curioso: Jalel White ha aparecido siguió prodigándose, irreconocible, en distintas series de televisión
¿Cómo verlo?: Fue emitida por Antena 3, FDF, Canal 2 de Andalucía. Se puede encontrar en DVD en Amazon. A través de programas P2P pueden encontrarse la mayoría de episodios en castellano. Así mismo en youTube pueden verse algunos.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre COSAS DE CASA

Sería difícil encontrar a un personaje más irritante que “Steve Urkell”, pero también hay que reconocer que al actor al que le cayó en suerte interpretarlo, Jaleel White, inició allí una discreta carrera que luego le llevó por otras series cuando era completamente irreconocible. Lo hemos visto a algunos episodios de series tan reconocidas con House, Castle, Hawai Five-0 (2010-hoy), CSI, etc, y a protagonizar una docena de películas cómicas o de aventuras. De hecho, a medida que fue avanzando la serie, el aspecto de “Steve Urkell” fue variando: cuando se inició la serie tenía apenas 13 años y cuando concluyó ésta en 1997 era un joven que acababa de cumplir los 21. De todas formas, en todo este largo periplo, asistimos a los cambios físicos de Urkell, y a la consiguiente acentuación de su carácter crispante. De todos formas, hay que reconocer que la serie Cosas de Casa dependía en un 75% de él y de su comicidad. El resto eran meros acompañantes entre los que destacaba Reginald VelJohnson (“Carl Otis Winslow”) que en la época había alcanzado cierta fama por sus papeles de policía (profesión que aquí repetía) en La junta de cristal (1989) y su secuela La jungla de cristal (2) (1990).

La serie nos mostraba un barrio de clase media negra. Por mucho que haya leyes de integración racial en los EEUU, incluso a nivel de clase media existen barreras que se muestran más infranqueables que el muro de Ceuta. El barrio formaba parte de la “suburbia” que crece en torno al Chicago de los años 90, habitado por población afroamericana sin problemas de droga, guetización o delincuencia y sin que la muerte por tiroteo fuera la primera causa de mortandad de los jóvenes negros de la época. No era el único producto que, en aquellos mismos momentos, nos quería convencer de la existencia de esa clase media negra: series como El Príncipe de Bel-Air o La hora de Bill Cosby (1984-1992) iban en la misma dirección. Fue también la época dorada del cine facilón de Eddie Murphy que pronto cayó en el nivel que le correspondía (El príncipe de Zamunda, 1988; Harlem Nights, 1989; El profesor chiflado, 1996; o Doctor Dolittle, 1998).

Era evidente que Hollywood quería hacer olvidar a la propia sociedad norteamericana, la miseria de los guetos negros o el vergonzoso hecho de que –como puso de manifiesto el escándalo Irán-Contras- la CIA hubiera financiado la guerrilla antisandinista de Nicaragua mediante la llegada masiva de cocaína colombiana a EEUU que iba a parar en forma de crack a los guetos negros. Hollywood (y tras Hollywood el stablishment norteamericano) querían crear el mito de la existencia de una clase media negra. De todas formas, resulta significativo que en todas estas series, todos los protagonistas, absolutamente todos, sin excepción, fueran negros: se trataba, de dignificar a los negros… pero separándolos de los blancos. El hecho de que en la mayoría de comedias de situación de la época –Frasier, Cheers, Friends y en las que vinieron luego, Dos hombres y medio, The Big Bang Theory, todos los protagonistas fueran blancos (o judíos), indica a las claras el nivel de estratificación étnica de los EEUU. Solamente Becker y Scrubs se salen en parte de esta tendencia y a condición de presentar a los dos protagonistas negros rasgos propios de blancos y evitar cualquier caracterización tópica.

La serie Cosas de Casa nos contaba la historia de la familia “Winslow”, cuyo padre era policía, su madre ama de casa y tenían tres hijos, a los que luego se integrará la abuela y madre de “Carl Otis Winslow” cabeza de familia. La familia vive en una urbanización próxima a Chicago. De todas formas, pronto el protagonismo de la serie no reside en los “Winslow”, sino en su molesto e irritante vecino, “Steve Urkell” que pasaba más tiempo en el domicilio de la familia que en el suyo propio. Esta insistencia se debía a que “Urkell” estaba colado por “Laura”, la hija de los “Winslow”, la cual, obviamente, está literalmente horrorizada por el personaje. Era un personaje inteligente pero patoso, sin habilidades sociales y con una increíble tendencia a meter la pata y luego a preguntarse, a la vista del destrozo causado: “¿He sido yo?”.

El motor humorístico de la serie era, desde los primeros episodios, el personaje de “Urkell”. A medida que fue avanzando, esta tendencia se acentuó, pero la serie cayó en reiteraciones y situaciones cada vez más esperpénticas. De no haber emergido la personalidad absurda y ridícula de “Urkell”, la serie no hubiera superado la primera temporada. En realidad, estaba concebida casi como una Casa de la pradera afroamericana: todos los protagonistas se aman, los hijos obedecen siempre a sus padres por plastas que sean y si aparece alguna tensión, los abrazos finales devuelven a la familia a sus cauces habituales. Afortunadamente, la presencia de “Urkell” introdujo el desmadre y el surrealismo en un núcleo familiar parecía predestinado a derivar hacia la ñoñería y el convencionalismo: el, inicialmente pensado, como elemento secundario, de mero acompañamiento, se convirtió en la personalidad hilarante que suscitaba sonrisas con su mera aparición (pantalón corto, tirantes, gafas enormes y una actitud de permanente metepatas out-sider).

Fue una comedia de situación para adolescentes. Era difícil que los adultos se sintieran identificados por la temática y los gags. En EEUU las series sobre la clase media negra fueron vistas prácticamente sólo por negros. En una Europa mucho más abierta y que en aquellos momentos carecía de conflictos étnicos, la serie hizo furor… sólo entre los más jóvenes. Aquí se percibió solamente la gracia de los tortazos, las catástrofes ocasionadas por “Urkell”, y cuando aparecía lo que constituía el verdadero mensaje de la serie y para la que había sido construida en Hollywood (los mensajes patrióticos que tendían a borrar la sensación de los afroamericanos de que estaban sufriendo más bajas que los blancos en la guerra de Kuwait como las habían sufrido en Vietnam, las alusiones a la estabilidad familiar y al convencionalismo conservador) los jóvenes aprovechaban para buscar algún refresco en la nevera o hacer sus necesidades. Cosas de casa era “Steve Urkell” y “Steve Urkell” fue Cosas de casa.

Hoy la serie carece de sentido: su comicidad es simplista hasta lo vulgar, en EEUU ya nadie se pregunta sobre si existe o no una clase media negra… porque resulta evidente que, incluso, la blanca, está empobrecida. Los tiempos son otros y esta serie hace tiempo que perdió su razón de ser.