FICHA

Título original: Habitación 508
Título en España: Habitación 508
Temporadas: 1 temporada (13 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1966
Temática: Humor.
Subgénero: Psicología.
Resumen: Estudio de las distintas personalidades humanas a través de un protagonista en cada episodio que encarna la imagen arquetípica objeto de la narración.
Protagonistas: Adolfo Marsillach, Luis Morris, Víctor Fuentes, Julia Navarro, Carmen de la Maza, Fernando Guillén, Jaime Blanch, Juan Diego, Conchita Goyanes, José Vivó, Francisco Merino, Mary González, José María Prada, Emilio Gutiérrez Caba, Modesto Blanch, Irene Gutiérrez Caba.
Lo mejor: Que muchos espectadores se sintieron retratados.
Lo peor
: Que a muchos espectadores no les gustó sentirse retratados.
Lo más curioso: No quedan rastros de esta serie en los archivos de TVE.
¿Cómo verlo?: Imposible ver.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre Habitación 508

Los años 60 supusieron la gloria televisiva para Adolfo Marsillach. En 1962 había estrenado la serie Silencio, vivimos, secuela de Silencio, se rueda, servida por TVE el año anterior, a la que siguió Fernández Punto y Coma en 1964. Luego vino la extraña Habitación 508 a la que seguiría un pequeño paréntesis televisivo tras el cual, ya en los 70, Marsillach volvió a la pequeña pantalla con Silencio, estrenamos en 1974 La Señora García de confiesa, en 1976-77. Antes de todo esto, Marsillach se estrenó en TVE con Galería de Maridos (1959) y se despediría definitivamente del medio en 1982 con su histórico Ramón y Cajal (1982), sin contar aquel tardío programa de entrevistas que estrenó en 1995 en TV2, Tren de cercanías, con un formato que no era el suyo y que, por lo demás, tampoco tuvo mucho éxito. Tal es el resumen de la trayectoria del que fuera uno de los creadores más populares y de los rostros más conocidos y esperados de nuestra televisión en aquel período. Las “series de Marsillach”, tenían todas el marchamo de la calidad, solían ser apreciadas por un público que, especialmente, estaba habituado al teatro y eran personalísimas e irrepetibles.

Como en todas las producciones de Marsillach, el énfasis se colocaba en el estudio del alma humana y en formular una pregunta: “¿porqué somos como somos?” a partir de la presentación de una serie de personajes arquetípicos que desfilaban por la habitación de un hotel. En realidad, era un subterfugio para mostrarnos los distintos modelos de “español medio”, presentes en la sociedad carpetovetónica de mediados de los 60: la niña bien que se siente incómoda, el empresario de éxito que se muestra avasallador con todos, el resentido social, el tímido y apocado que resulta ver vengativo, el adusto pacato, el autoritario tiranosaurio, el delincuente, el asesino…

Como en todas las producciones de Marsillach, los episodios eran autoconclusivos, aptos solamente para mayores de 18 años y escritos con lenguaje teatral en el que la ironía y el humor eran dominantes. Pero la serie no se recuerda por su comicidad sino más bien por lo agrio y desabrido de su crítica que llegó a irritar a muchos espectadores: era, en efecto, difícil que muchos no se sintieran aludidos. Marsillach parecía asomarse a sus hogares y señalarles con el dedo. En aquellos tiempos –no se olvide- la televisión era el momento en el que la familia se reunía ante el tubo catódico; era inevitable que unos discutieran con otros sobre si Marsillach había retratado a tal o cual miembro de la familia…

Quizás fuera porque las críticas eran excesivamente punzantes y algo desentonadas, la serie no tuvo el éxito que alcanzó el resto de productor de Marsillach en aquellos años. Para llamar la atención, Marsillach había convertido los arquetipos sociales en extremos, les atribuyó rasgos enigmáticos y los argumentos solían ser insólitos.

La serie se realizaba en riguroso director. Era el sistema de la época: un sistema que exigía mucho de los actores y del equipo técnico. Como era habitual en las producciones de Marsillach, él se reservaba la dirección de los actores (solía aparecer él, aunque no en todos los episodios y solamente en dos ocasiones como protagonista), mientras que Manuel Ripoll asumía la producción técnica. Uno de los episodios de la serie –El crimen, protagonizado por Fernando Guillén, secundado por Luis Morris y José Vivó- fue presentado en la sección de competición en el Festival de Montecarlo.

La serie se prolongó solamente durante una temporada. Se estrenó en el último trimestre de 1966, un período histórico porque el 15 de noviembre de ese año TVE ya no era el único canal que podía verse en nuestro país: la “casa” empezó a emitir en UHF –como se decía en la época- que luego pasaría a conocerse como “la segunda cadena”. A finales de año, Marsillach se fue a Cuba y, al parecer, criticó la censura, lo que algunos han considerado que fue la causa de que terminara la serie e, incluso, que no pudiera volverá trabajar allí hasta 1974. Lo cierto es que los episodios de esta serie habían sido maltratados innecesariamente por la censura y Marsillach salió resabiado de la experiencia. Sea como fuera, Habitación 508, fue de todas sus producciones televisivas la que menos éxito tuvo. No queda ni rastro en TVE de esta serie.