FICHA

Titulo original: Nip/Tuck.
Título en España: Np/Tuck (Cortes y puntadas en Iberoamérica)
Temporadas: 6 (100 episodios)
Duración episodio: 40 minutos
Año: 2003-2010
Temática: médicos
Subgénero: cirugía estética
Resumen: Por una clínica de cirugía estética en la ciudad de Miami gestionada por dos profesionales de la materia, desfilan las más increíbles operaciones y tienen lugar las más intensas relaciones entre sus protagonistas y los clientes.
Actores principales: Dylan Walsh, Julian McMahon, Roma Maffia, Joely Richardson, Kelly Carlson, John Hensley, Linda Klein, Valerie Cruz, Kelsey Batelaan, Jessalyn Gilsig, Bruno Campos, Sanaa Lathan, Josiah Henry, AnnaLynne McCord, Famke Janssen, Julie Warnr, Portia de Rossi, Peter Dinklage, Vanessa Redgrave, Mario López, Robert LaSardo, Jacqueline Bisset.
Lo mejor: mostrar la fatuidad e inconsciencia del negocio de la cirugía estética.
Lo peor
: la insistencia en problemas familiares de los protagonistas aleja de la temática central.
¿Cómo verlo?: Ha sido emitida en España por una docena de canales, incluidas televisiones regionales. En la actualidad puede comprarse en DVD o bien bajarla recurriendo a programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

TRAILER DE LA PRIMERA TEMPORADA

INTRODUCCIÓN Y MUSICA

Lo mínimo que hay que saber sobre NIP/TUCK

Miami es la capital de lo snob. La ciudad hispana por excelencia de los EEUU (pobrecito el que allí no hable castellano) y la que ha experimentado un crecimiento mayor y un cambio más radical desde principios de los años 80. Era normal que una serie que nos habla sobre la fatuidad y la superficialidad propias de la modernidad tomara aquella ciudad como escenario. Porque en las cuatro primeras temporadas de Nip/Tuck ejercen su magisterio en cirugía estética en aquel escenario que empezó a estar de moda con Miami Vice.

EL TEMA: LA OBSESIÓN POR LA ESTÉTICA

Rara es la semana que no vemos a alguna actriz de Hollywood o a ilustres desconocidos que nos cruzamos por las calles haciéndose un destrozo estético, amorcillándose los labios a base de botox, levantándose los pechos hasta la altura de los pómulos o estirándose el rostro hasta perder toda gestualidad. Llevamos así un par de décadas y la cosa va a más. Parece como si las “víctimas” de todos estos experimentos estéticos estén contentos con los resultados, a todas luces lamentables y que les han robado su verdadera personalidad y otorgado, que los engloba por derecho propio, en la categoría de freakys. Así es.

Hoy, en algunos países iberoamericanos, los padres regalan a sus hijas un agrandamiento de pechos en cuanto cumplen 16 años o cualquier otra fruslería. Es como para preocuparse porque en muchos la adicción al quirófano va reapareciendo a lo largo de sus vidas. Lo que sale de la anestesia cada vez se parece menos al sujeto que en un principio fue y más a una caricatura de lo humano. Pero la psicología del adicto a este tipo de cirugía es muy particular y empezamos a saber de ella cuando se estrenó esta serie poco después de iniciado el milenio.

Desde entonces las cosas han ido a peor: hoy no hace falta crear una serie de ficción sobre este tema para entretener al público. Hay casos suficientes de pacientes descontentos con lo que han hecho con ellos, como para montar una serie de denuncia y esperanza que muestre a cirujanos que arreglan destrozos previos realizados por sus colegas.

LA TRAMA DE NIP/TUCK

Dos socios, ambos brillantes cirujanos plásticos, mantienen abierta una clínica en la ciudad de Miami. Van camino de convertirse en multimillonarios a golpe de bisturí, porque los “clientes” obsesionados por la estética no reparan en gastos. Ambos son ambiciosos y no es que muestren demasiados escrúpulos en el desempeño de su trabajo. Uno de ellos, “el doctor McNamara”, empieza a estar de vuelta de todo. Va por la crisis de los cuarenta, está casado y es un amantísimo padre. Se cuestiona mucho de lo que ha hecho en su juventud, pero está obligado a seguir pedaleando, rajando, estirando pieles, rellenando tetas e inyectando bótox. Su socio, es un tipo más desaprensivo; en efecto, el “doctor Troy” es mujeriego irreprimible, salvo eso y las facturas que presenta a sus pacientes no le interesa nada más en la vida. En la clínica trabaja también una anestesióloga algo mayor que ellos. Es la única persona completamente razonable del lugar y, como rasgo añadido, es lesbiana militante.

Cuando alguien llama a las puertas de la clínica cualquier cosa puede suceder y esto da lugar a infinidad de situaciones que permitieron a la serie prolongarse durante un centenar de episodios sin que el público diera muestras de monotonía. Solamente, en un momento dado, cuando su presencia en Miami estaba ya demasiado trillada, ambos cirujanos se mudan a Hollywood. Allí pueden contar con una clientela de famosos. Esa será la temporada más sorprendente porque, además de ejercer como cirujanos plásticos, terminan trabajando en producciones cinematográficas y rivalizando entre ellos. Es quizás la temporada en que los lances de humor aparecen con más frecuencia a diferencia de la temporada siguiente que resulta ser la más dramática y en la que ambos protagonistas muestren más problemas interiores y personales.

A lo largo de la serie aparecen personajes enloquecidos o simplemente estúpidos, adictos a la caricia del busturí, mafiosos con necesidad de cambiar de cara, adolescentes que cifran su éxito futuro en operaciones de estética, clientes descontentos, clientes que piden más y más y siempre más intervenciones, streepers que se quejan de que les pesan demasiado los pechos y otras que quieren más kilos de bótox en no importa qué parte de su cuerpo. La serie contó con asesores especializados que habían pasado por el mundo de la cirugía estética. Obviamente dramatizados, estos casos se convirtieron en la temática habitual de Nip/Tuck.

Pero la serie tenía otra vertiente, en nuestra opinión mucho menos atractiva. Uno de los hilos argumentales que recorre todas las temporadas es la situación familiar del “doctor McNamara”. El otro es la relación entre ambos cirujanos, sus choques y sus coincidencias, su rivalidad y su interdependencia. A medida que avanza la serie, estos elementos se van haciendo cada vez más presentes y, por tanto, la serie pierde su misma razón de ser: el mostrar la industria de la cirugía estética tal cual es, descarnadamente.

TRES ACTORES EN UN QUIRÓFANO

Dylan Walsh era un rostro que sonaba de algo cuando apareció por primera vez como cirujano plástico en Nip/Tuck. Su primer papel en una serie lo ejerció en Kate&Allie (1984-1989) emitida en España en 1986 y que pasó sin pena ni gloria. Lo volvimos a ver en algunos episodios de Everwood (2002-2006). De ahí pasó a Nip/Tuck. Salió indemne de la serie y sin que se lo tragara su papel y actualmente está protagonizando al teniente  en Unforgettable (2011-2016). Es uno de esos actores sobrios, con aspecto de buena persona, amantísmo padre de familia y excelente compañero en el trabajo, sino fuera por estar torturado por sus problemas personales, sus dudas y su choque entre una moral rígida y las necesidades de la vida cotidiana, características que se concentran todas en el papel del “doctor Sean McNamara”.

Su compañero, Julian McMahon, en cambio, se ha visto mucho más afectado por su personaje. Desde que terminó Nip/Tuck, no ha vuelto a la televisión para realizar papeles significativos y sus experiencias en la pantalla grande han sido pocas y no particularmente concluyentes. Su papel como “Doctor Christian Troy” lo encasillo en el típico rol de ególatra desconsiderado y amoral. Es lo que sugiere su rostro.

En lo que se refiere a la “anestesióloga Liz Cruz”,  interpretado por Roma Maffia, ha seguido interpretando papeles secundarios en varias series posteriores: desde Anatomía de Grey (2005-hoy) hasta NCIS (2003-hoy) y desde Dexter (2006-2013) a Eastwick (2009-2010). Es uno de esos rostros habituales que aparecen y reaparecen en papeles de distinta importancia en infinidad de series durante 20 ó 30 años.

VALORACIÓN

Si queremos saber los límites de la estupidez humana, sin duda, esta serie nos ayudará a establecerlos. En la actualidad, la serie Botched y otras por el estilo destinadas a mostrar destrozos reales de la cirugía estética. Todo esto es mucho más sorprendente si tenemos en cuenta que la gente entra voluntariamente en el quirófano y, salvo casos excepcionales debidos a destrozos por accidente, lo hacen sin necesidad. Dentro de cincuenta años se verá esta serie como un indicativo de porqué una sociedad era insostenible.

La serie resultó entretenida y tuvo éxito especialmente en sus dos primeras temporadas. Como ocurre con cualquier otro tipo de serie, para evitar la monotonía hubo que insertar cambios estructurales en el guión que no siempre resultaron apreciables y, llegado el caso, los temas propios de la cirugía estética se fueron agotando y quedó solamente la línea intimista que seguían los personajes, con sus rivalidades y sus odios interiores. Tres temporadas hubiera sido el límite razonable de la serie, pero ¿para qué matar una gallina que va sirviendo huevos de oro? Extendida hasta más allá de lo razonable, fue perdiendo audiencia e interés. Pero hoy todavía puede verse como un producto original y sobre un tema en el que nadie había realizado nunca ninguna incursión. Series hospitalarias, todas las que se quieran; series sobre cirugía, ninguna como ésta.