FICHA

Titulo original: Los Quien.
Título en España: Los Quien.
Temporadas: 1 (13 episodios)
Duración episodio: 70 minutos
Año: 2011
Temática: sit-com
Subgénero: familia
Resumen: Comedia sobre la primera familia que se acogió a la ley el divorcio en España en los años 80 a lo que se une otro tema habitual en la época: un cura que quiere secularizarse.
Actores principales: Javier Cámara, María Pujalte, Lucia Martín Abello, Julian López, Cristina Alcázar, Fernando Gil, Kiti Manver, Álvaro Fontalba, Elena Rivera.
Lo mejor: las actuaciones de Cámara, Pujalte y López
Lo peor
: algunos gags eran demasiado zafios y otros chispes excesivamente conocidos.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre LO QUIEN

No era, desde luego, el mejor título. Pero tampoco la serie merecía el destino que tuvo (desaparición tras trece episodios), ni alguna de las críticas que se vertieron sobre ella y que eran, más el producto de las guerras entre cadenas, que de apreciaciones objetivas. El caso es que la serie duró apenas trece episodios y terminó a prisa y corriendo con la sensación de fracaso.

En estos capítulos, se nos mostraba a un matrimonio de cuarentones allá por los felices 80, cuando por iniciativa de ella (“Susana” – María Pujalte), deciden acogerse a la Ley del Divorcio. Son los primeros en la recién estrenada democracia. El tedio de ella y el carácter aburrido y rutinario de él (“Gutavo” – Javier Cámara), les ha llevado a este extremo. La más afectada es la madre de “Susana” y suegra de “Gustavo” (“Julia” – Kiti Manver) que para colmo tiene que lidiar con su otro hijo (“Julián” – Esteban Zunzunegui), sacerdote que quiere colgar los hábitos. Y sobre estos personajes centrales discurre una trama estructurada con la arquitectura interior de una comedia de situación.

Los actores hasta aquí mencionados, han cosechado innumerables éxitos en televisión y en el cine, por lo que no se les puede reprochar malas actuaciones o titubeos a la hora de encarnar a sus personajes. Ciertamente, no se trataba de un ritmo humorístico delirante como las mejores sit-com del momento, pero la sonrisa acompañaba a la serie, de manera inseparable. El problema era que algunos de los chistes eran demasiado rancios, en otras ocasiones se caía en la vulgaridad, percances que contribuían a que el nivel cómico de la serie descendiera notablemente.

La serie había sido concebida por el mismo equipo que previamente había creado la película Que se mueran los feos (2010), con Nacho Velilla al frente, película que había obtenido un discreto éxito: barata en su ejecución reportó dos millones de Euros a Antena 3 Films. Velilla pasa por ser el show runner más exitoso del país y en su haber se cuentan 7 vidas, su spin-off Aida (2005-2014) o Médico de Familia (1997-1999); pero también ha acumulado algunos fracasos: Gominolas (2007), Fenómenos (2013), Buscando el Norte. La proporción de éxitos, hay que decirlo, juega a su favor.

Basta ver el seguimiento que tuvo la serie para comprobar su drama: simplemente se fue apagando poco a poco. El público de 2011 esperaba más. En su partida, se benefició con un share aceptable, un 15,9% que desde entonces fue descendiendo más y más hasta quedarse en el último episodio –titulado deliberadamente Esta función es una ruina– con un modestísimo 7,2%. Apenas habían pasado dos meses y medio desde el estreno 2.500.000 espectadores. En TVE hubiera resistido, en una cadena privada, las exigencias de rentabilidad comercial se la comieron.

Quizás, el principal problema de esta serie es que iba dirigido a un público que concebía las sit-com de otra manera: no como un espacio televisivo en el que aparecían chistes y gags cómicos a borbotones y no había frase que no entrañara alguna sonrisa, sino como unos cuantos chistes perdidos en unos diálogos que no contribuían a aportar comicidad y a unos personajes. La serie tenía la maldición de otros intentos españoles de lanzar comedias de situación: dejar que el drama de fondo planee constantemente sobre la trama y las partes cómicas no sean de intensidad suficientes para disipar esa sensación amarga por la que viven los protagonistas.

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