FICHA

Titulo original: Buscando el Norte.
Título en España: Buscando el Norte.
Temporadas: 1 (8 entregas)
Duración episodio: 90 minutos
Año: 2016
Temática: Humor
Subgénero: Inmigración
Resumen: La crisis económica y el paro obligan a dos hermanos a probar fortuna en Alemania viviendo situaciones cómicas en sus relaciones con otros españoles y  con alemanes
Actores principales: Antonio Velázquez, Belén Cuesta, Kimberley Tell, Manuel Burque, Jorge Bosch, Goizalde Núñez, Bárbara Santa-Cruz, Fele Martínez, Luis Zahera, Silvia Alonso, Jesús Carroza, Elisa Mouliaá, Ferrán Rañé, Gilian Apter, Oscar Ladoire, Terele Pávez, Elena Baratas, Daniel Horvath, Abdelatif Hwidar
Lo mejor: intentar reflejar el periplo que siguieron unos miles de jóvenes españoles
Lo peor
: demasiados clichés y una aglomeración de tópicos
¿Cómo verlo?: La emitió Antena 3 y puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 5

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Lo mínimo que puede decirse sobre BUSCANDO EL NORTE

En 2015 había conocido alcanzar cierta notoriedad la película Perdiendo el Norte, dirigida por Nacho Velilla. Era una comedieta ligera sobre la inmigración a la que había abocado la crisis económica iniciada en 2007. Los protagonistas eran dos jóvenes que iban a parar a Alemania. La película recaudó 10.000.000 de euros y cubrió costes, pero sobre todo dio una idea a Nacho G. Velilla (7 Vidas, Aida [2005-2014], Médico de familia [1995-1999]): transformar la película en una serie. Era una posibilidad y no sería la primera vez que se ha intentado algo así. El problema era que la película, aun habiendo tenido cierto eco, no era ninguna maravilla. En realidad era una colección de tópicos encadenados y de clichés realizados sobre el drama de muchos jóvenes que, ante la inanición del mercado laboral español y el inminente hundimiento de nuestra economía que se preveía en 2009-2010, optaron por emprender el mismo camino que sus abuelos: la inmigración hacia horizontes más sólidos. Alemania, sin ir más lejos. La serie fue una reedición reconcentrada de todos estos tópicos y clichés que pronto cansaron al público.

La serie estuvo protagonizada por Antonio Velázquez y Belén Cuesta, un enfermero y su hermana. Ambos están parados pero en el primero se da la circunstancia de que acaba de firmar la hipoteca de un piso y no puede afrontar los plazos. Su novia, una obsesa del método, la planificación a corto, medio y largo plazo, le emplaza a hacer algo. Ambos hermanos, en paro y sin posibilidades de obtener empleo en España, aparecen por Berlín en donde les han dicho que, al menos, quien quiere trabajar, encuentra empleo.

La serie fue publicitada masivamente en Antena 3, todos sus participantes terminaron apareciendo en algún talk-show de la cadena y los clips entre los bloques publicitarios se multiplicaron cansina y agotadoramente. La serie terminó no gustando al público: en realidad, llegaba tarde (el flujo hacia Alemania ya se había interrumpido tres años antes, cuando los primeros expedicionarios hicieron correr la noticia de que los mini-jobs de los que alardeaba la canciller alemana no eran ninguna ganga y que en Alemania la barrera idiomática no se compensaba con un buen nivel de inglés). La serie tenía muchos problemas en su concepción: el primer de todos era su simplicidad. No iba mucho más allá de donde había llegado la película que la originó. Si ésta ya era una colección de tópicos, la serie los centuplicó y los convirtió en esquemas odiosos en donde nadie salía bien parado: alemanes – cabezas cuadradas, españoles – graciosillos. Pero no hay nada peor que intentar atribuir a un personaje un rol cómico y no terminar de hacer gracia.

Para colmo, ni la fotografía, ni el extensísimo casting, ni los aspectos técnicos aparecen como particularmente cuidados. La serie, da la sensación de no tener otro interés que aprovechar el tirón relativo de una película y los rostros de actores jóvenes. Todo lo que podía haber tenido de estudio sobre la juventud inmigrante, de los problemas que afrontaron los jóvenes que decidieron a embarcarse en avión hacia Berlín o las implicaciones sociológicos, quedaron dilapidados con un humor que raramente generaba una sonrisa. Todo era demasiado reiterativo en esta serie que el público abandonó masivamente entre la segunda y la tercera entrega cuando pasó del 21% de share al 13%. Un millón de espectadores se quedaron en la cuneta.

¿El gran problema de la serie? Una vez más, no tener muy claro el registro: las comedias son comedias y para elaborarlas hacen falta guionistas de comedias. Los dramas, son dramas y para ello profesionales tiene el género. Aquí estamos, una vez más ante guionistas de comedia obligados a hacer escenas dramáticas que resultan poco convincentes o bien que, presionados por el tiempo, no logran matizar su personaje y basan su éxito en gags tan repetidos como la sopa de ajo y en situaciones dramáticas que no logran emocionar. Y, salvo para sádicos de la crítica, créanme, que no resulta agradable dar una valoración negativa a otra serie que hubiera debido salir mucho mejor. Obviamente, se canceló antes de tiempo.