FICHA

Titulo original: Médico de Familia.
Título en España: Médico de Familia.
Temporadas: 1 (11 episodios).
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 1995-1999
Temática: Comedia.
Subgénero: Familiar.
Resumen: Un médico, viudo, con tres hijos, su padre, su cuñada y un sobrino, ejerce su oficio mientras intenta rehacer su vida personal y sentimental.
Actores principales: Emlio Aragón, Lydia Bosch, Pedro Peña, Luisa Martín, Isabel Aboy, Aarón Guerrero, Marieta Bielsa, Lola Baldric, Antonio Molero, Jorge Roelas, Ana Duato, Luis Barbero, Francisco Lorenzo, Antonio Valero, Iván Santos, Alicia Beisner, Paula Ballesteros, Gemma Cuervo, José Ángel Egido, José Conde, Mariola Fuetes, Jordi Rebellón.
Lo mejor: fue la serie de éxito de la segunda mitad de los 90.
Lo peor
: no ha resistido el paso del tiempo
¿Cómo verlo?: Emitida por Telecinco, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 6

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Lo mínimo que puede decirse sobre MÉDICO DE FAMILIA

Pocas series tuvieron tanto éxito en su momento y cuando se han repuesto han fracasado tan estrepitosamente. Y la serie apenas tiene 20 años, pero con ella se cumple la ley de que un producto filmado bueno permite verlo dos, tres, cinco y veinticinco veces, sin que sature, aburra o desgaste, un producto sobrevalorado en su tiempo, en cambio, del que se recuerda que gusto, al verlo por segunda vez se convierte en una triste irrisión. Esto es lo que le ha ocurrido con Médico de Familia, serie de Telecinco de que lo peor que pudo hacerse es reponerla íntegramente en el canal FDF.

La serie se centra en el microcosmos familiar del “doctor Martín” (Emilio Aragón). Es médico de familia, ha enviudado prematuramente, pero tiene tres hijos. A este pequeño núcleo se une su padre, el “señor Manolo” (Pedro Peña), su cuñada “Aicia” (Lydia Bosch) y un sobrino. Se van incorporando otros personajes, “la Juani” (Luisa Martín) chacha de la familia, su novio, amigos de los hijos y del sobrino. El núcleo familiar protagonista pertenecía a la clase media alta y el entorno a la clase trabajadora. De lucha de clases, resentimientos sociales o rivalidades de casta, no estaban presentes: socialmente, la serie nos presentaba a un mundo ideal en el que gente adinerada compartía la vida de forma natural y sin abismos, con sus asalariados: la armonía social fue uno de los rasgos más criticados de esta serie. Y es que su intención era satisfacer a todos: no quería plantear problemas, sino presentar un mundo feliz. Apenas hacía cinco años que se había popularizado la doctrina del “fin de la historia” de Francis Fukuyama y esta serie parecía la traslación de aquel pensamiento soft.

Tanto era así que el corolario de aquella teoría –“los pueblos felices no tienen historia”- podría aplicarse a esta serie: no había historia sino un relato melifluo y edulcorado hasta el coma diabético que, por supuesto, terminaba en boda: el viudo y su cuñada terminaban casándose y teniendo gemelos. Tal fue el sobresalto más notable de aquellas nueve temporadas. Por lo demás, lo único que ha pasado a la historia de esta serie ha sido el sempiterno “¡¡¡Chechu, ven aquí!!!”, pronunciado por el malogrado Pedro Peña (1925-2014) al más travieso de sus nietos.

Las nueve temporadas de la serie constituyeron un éxito histórico para Telecinco. Por fin habían logrado hacer una comedia familiar que gozase del favor del público y tuviera unos índice de audiencia más que aceptable. Países exigentes como Italia, Alemania, Bélgica, que tenían buenas producciones propias, la emitieron y también triunfó en otros muy diferentes como Portugal, Rusia o Finlandia. En Italia, incluso se realizó una adaptación en 1998. Así como 7 vidas, Aquí no hay quien viva (2003-2006) o Aida (2005-2014), van soportando bien el paso del tiempo, no ha ocurrido lo mismo con esta serie que vista hoy se nos antoja cursi, ñoña y a ratos, incluso, de una levedad tan absolutamente insoportable y acaramelada que induce a emprenderla a hachazos con el plasma.

La serie, sobrevalorada en su tiempo, respondió bien a las exigencias de la política española de la época: “España va bien”. Eran los años de Aznar al frente del gobierno y del crecimiento económico ficticio que luego conduciría a la catástrofe. Una serie así solamente podía emitirse y ser aceptada en momentos en los que el gobierno nos presentaba en los medios una situación color de rosa, sin nubarrones y donde la confianza en el futuro era lo habitual. Pasado ese tiempo, retornados todos al mundo real, la serie se hace insufrible como pocas. Apta solamente para gentes que se han arriesgado a ver la reposición de La Casa de la Pradera (1974-1983) o Autopista hacia el cielo (1984-1989) sin sentir una sensación de malestar.