FICHA

Título original: Estoy Vivo
Título en España:  Estoy vivo
Temporadas:  1 (13 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2017
Temática: Policíaca.
Subgénero: Fantástico
Resumen: Un inspector de policía es asesinado en el curso de la persecución contra un asesino en serie. Sin embargo, al llegar al “purgatorio”, le comunican que ha habido un error y que él no debería estar allí, así que regresa a la tierra pero convertido en otra persona, también policía y que terminará enfrentándose contra el mismo asesino en serie.
Protagonistas: Javier Gutiérrez, Roberto Álamo, Anna Castillo, Alejo Sauras, Cristina Plazas, Alfonso Bassave, Fele Martínez, Julia Gutiérrez Caba, Jesús Castejón, Lucía Caraballo, Zorion Eguileor, Mon Ceballos, Goizalde Núñez.
Lo mejor: El casting.
Lo peor
: Los próximos desarrollos son previsibles.
Lo más curioso: La serie ha sido creada por Daniel Écija (Médico de familia, Periodistas, Los Serrano y Águila Roja).
¿Cómo verlo?: TVE.
Puntuación: 7,5

PROMO

PROMO

PROMO

CABECERA y MÚSICA

VER SERIE (TVE)

WEB OFICIAL (TVE)

Comprar DVD en Amazon (no está a la venta)

Lo mínimo que puede decirse sobre ESTOY VIVO

No ha sido un buen año para las series españolas. Las que se han estrenado, en la cadena que se hayan estrenado, han resultado flojas o, simplemente, malas. Así que ya tocaba un producto que se saliera de la mediocridad general. Parece que este producto puede ser Estoy vivo, la serie estrenada por TVE-1 el 7 de septiembre de 2017. Obviamente, resulta imposible realizar una valoración crítica cuando apenas hemos visto un treceavo de la serie, pero, cabe decir que, siempre, el primer episodio es definitorio de lo que vamos a ver. Y lo que vimos nos gustó. La serie pinta bien.

El primer episodio es el de “puesta en situación”. Conocemos a los protagonistas y nos introducimos en la trama: un policía, felizmente casado y padre de familia, con los problemas propios de esa situación, globalmente feliz, sale una noche a perseguir a un peligroso asesino en serie, “el Carnicero”, que ha sido localizado. Su compañero falla (está en una partida de cartas, alcoholizado). En un lugar perdido, el asesino logra precipitar al estanque el coche del policía, reteniéndolo luego bajo el agua hasta que se ahoga. En algo que parece “el Purgatorio” (a efectos de la serie, “la Pasarela”), le informan que ha habido un error: él no debería estar allí. Dada la diferencia de velocidad con la que pasa el tiempo en “la Pasarela” y en la Tierra, ya no puede volver a ser él mismo, la persona que era antes. Le proponen ofrecerle una segunda oportunidad, reencarnándose en otro policía que acaba de ser atropellado. Ese otro policía es Javier Gutiérrez. Para tutelarlo, la directora de “la Pasarela” (Julia Gutierrez Caba) le envía a un “enlace”, Alejo Sauras. El policía tiene la prohibición expresa de ponerse en contacto con su familia. Sin embargo, la compañera de patrulla que le toca en suerte es su propia hija (que cinco años después de la muerte de su padre se ha convertido en policía), su jefe de unidad es el compañero alcohólico que le había dejado en la estacada y el barman que le atiende en el bar al que suele ir a comer, es el piloto del helicóptero y amigo suyo que le había guiado desde el aire cuando fue asesinado… Problema que se plantea al final del capítulo: en “la Pasarela” se ha producido otro error… y quien ha regresado ha sido el asesino en serie, “el Carnicero”. Así pues, lo que vamos a ver en los doce episodios que siguen es la persecución de ese asesino: el policía quiere acabar el trabajo que empezó cinco años antes y que le costó la vida.

Roberto Álamo, siempre convincente y comedido en sus actuaciones, hace de policía y padre en su vida originaría. Javier Gutierrez se hace con la audiencia desde su primera aparición: es el policía renacido. Su hija y compañera de patrulla en la ficción es Anna Castillo, todavía con un corto historial, pero que demuestra ser una actriz merecedora del Goya a la “mejor actriz revelación” que recibió por su interpretación en El Olivo (2017). Y en cuanto a Alejo Sauras, nos ha parecido mejor que en otras interpretaciones, acaso por la experiencia que va adquiriendo (aquí se sacude definitivamente los lastres adquiridos en Al salir de clase) y porque se trata de un papel que se adapta más a sus características. Indudablemente, la presencia, por episódica que sea, de Julia Gutiérrez Caba es un regalo y una guinda para un casting perfecto, también con Jesús Castejón, en un discreto papel que defiende con brillantez. Y hay que felicitarse por todo ello: estamos lejos de esos castings en los que, milagrosamente, salen elegidos actorcillos de moda (siempre efímera), con dificultades para vocalizar y que deben su papel a la intimidad con algún baranda de la producción o bien a haber aparecido en la prensa rosa. Desde el primer episodio puede decirse que lo mejor de esta son sus intérpretes.

Vayamos al guión. Mezclar elementos paranormales en una serie de tipo policial, no es una novedad. Lo hemos visto en varias series norteamericanas (Entre fantasmas, Medium) e incluso en España, el tema parapsicológico y los muertos que, de alguna manera, vuelven, ha aparecido en algunas ocasiones (Ángel o demonio, Hay alguien ahí, El don del alba, Pulsaciones). La novedad de Estoy vivo, es que siendo un drama policial, está realizada en clave de humor de manera imaginativa y coherente. No estamos ante una serie como Los hombres de Paco en los que no se sabía muy que estábamos viendo, si un drama o una astracanada, sino más bien Estoy Vivo es un drama con elementos cómicos –de momento- diestramente insertados. La parte cómica, sobre todo, corresponde a Alejo Sauras. Podría decirse que la serie es un drama policial en un 80% y presenta elementos propios de comedia en un 20%, todo ello envuelto en una fantasía parapsicológica (muertos que cambian de cuerpo y regeneración de tejidos). El riesgo que tiene esta serie es precisamente éste: trata de unificar demasiados géneros (tragedia, género negro, parapsicología, humor) y el equilibrio puede tornarse en cualquier momento inestable.

El primer episodio, en cualquier caso, es esperanzador: los diálogos están bien armados, no hay escenas inútiles que ocupen espacios muertos en relación a la trama central, ni infinitud de tramas secundarias que terminan dejando cabos sueltos. Sí es cierto que algunos desarrollos posteriores pueden preverse con varios episodios de anticipación… pero eso no es particularmente negativo, implica que el espectador quedará fijado a la pantalla para comprobar si sus intuiciones toman forman (lo que le dejará satisfecho) o si el guión le deparará sorpresas e imprevistos (lo que será todavía más satisfactorio).

Las tomas y el montaje son buenos, los efectos especiales, en su lugar y sin abusar. La música de Jarabe de Palo (concretamente de Pau Donés), aunque no es su mejor composición, acompañará las cabeceras de los episodios. El que no tenga cortes publicitarios contribuye a que el espectador no se desconcentre y a facilitar su visionado.

En conclusión, una serie esperanzadora que permitiría decir que 2017 no ha sido un año completamente perdido para las series españolas. Pulsaciones debió aligerarse un poco y comprimirse en menos episodios, otro tanto pudo decirse de Sé quién eres. Las chicas del cable producida por Netflix, resultó decepcionante con problemas de guionización, montaje e interpretación, Perdóname Señor discurría por los mismos derroteros. El resto, de las filmadas en 2017 en España, podían satisfacer a la clientela habitual de determinada cadena, pero no pasaban de ser modestitas para el espectador algo exigente. Quizás –y lo deseamos– Estoy vivo, sea ese serie memorable que se recordará por encima de cualquier otra filmada en España en el año 2017.

¿Vale la pena seguir viéndola? Sí, sin sombra de dudas. ¿Vale la pena recomendarla? Por supuesto, añadiendo que está adaptada especialmente para aquellos espectadores que buscan calidad en las interpretaciones, guiones que “vayan al grano”, productos que tengan cierta audacia (tratar de combinar cuatro género es propio de audaces) y que no toleren que las necesidades publicitarias de la cadena terminan por arruinar series enteras. ¿Un deseo? Por favor, que no nos decepcione.

Addenda

Este año hemos visto miniseries y series inglesas, series nórdicas, series elaborados en Iberoamérica y en los países del Este, series rusas, amén de la producción hollywoodiense… en todas partes se están haciendo verdaderas maravillas, incluso en países que tienen una cuarta parte de la población española y una industria televisiva mucho menos poderosa (Suecia con sus 10 millones de habitantes, Dinamarca con menos población que Cataluña, Argentina con la misma población que España) están produciendo series más que notables y a un ritmo cada vez mayor.

Hace falta que aceptemos el hecho de que cada vez somos menos competitivos en materia de series de televisión, pero que tenemos todos los elementos para figurar entre las primeras potencias: profesionales, medios económicos, audiencia potencial (600 millones de hispanoparlantes). No nos podemos conformar con producir mediocridades para lucimiento de seudo-actores efímeros. Estoy vivo, confirma, una vez más, que tenemos muy, muy buenos actores y que podemos competir. ¿En dónde diablos tienen la cabeza los “showrunners” de estas latitudes? Esperamos estar orgullosos de que Estoy vivo sea una de las series exportables que gustan en todo el mundo y que necesitamos como agua de mayo.