FICHA

Título original Tales of the City
Título en España: Historias de San Francisco
Temporadas: 1 (10 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2019
Temática: mundo gay
Subgénero: vida urbana
Resumen: Una mujer madura, recién divorciada regresa a la ciudad en la que creció para encontrarse con la familia a la que dejó atrás veinte años antes. Al volver se relaciona otra vez con personajes curiosos en una ciudad que ha cambiado completamente y en la que gays, lesbianas, transgénero y travestidos son los elementos dominantes.
Actores: Ellen Page,  Laura Linney,  Charlie Barnett,  Murray Bartlett,  Olympia Dukakis, Paul Gross,  Christopher Larkin,  Molly Ringwald,  Michelle Buteau,  Sebastian Chacon, Nelson Ascencio,  Teddy Cañez,  Gamze Ceylan,  Elena Hurst,  Cliff Moylan, Clea Alsip,  Tyler Elliot Burke,  Frank Deal,  Katie Lee Hill,  Mallory Hoff,  Jari Jones, Rick Lasquete,  Eve Lindley,  Jeff Lipary,  Faith Logan,  Zosia Mamet,  Josh Pais, Matthew Risch,  Ray Rosario,  Micah Stock,  Anna Suzuki,  Caldwell Tidicue, Daniela Vega,  Steven Wiig
Lo mejor: el nuevo intento de llevar al plasma una novela de Armistead Maupin.
Lo peor: capítulos demasiado largos que transcurren sin que ocurra nada
Lo más curioso
: Maupin escribió ocho series de Cuentos de la Ciudad. Esta contiene elementos de la primera y del cuarto.
¿Cómo verlo?: En Netflix desde el 7 de junio de 2019. Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 6

PROMO (en inglés, subtitulado en castellano)

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Lo menos que puede decirse sobre HISTORIAS DE SAN FRANCISCO

Historias de San Francisco ha llegado a España casi clandestinamente. Netflix no ha hecho ninguna publicidad previa y ni siquiera estaba anunciada como estreno para el mes de junio. Y, sin embargo, se trataba de un estreno mundial: el mismo día ha sido estrenada en EEUU y en todos los lugares a los que llega Netflix. En España, en el momento de escribir estas líneas (veinticuatro horas después del estreno) apenas se han producido reacciones. En EEUU, por el contrario las críticas han sido muy mediocres. Puede entenderse el motivo.

Las novelas de Armistead Maupin nos muestran el San Francisco de los últimos cuarenta años, con sus cambios, con un realismo extremo. Maupin fue de los primeros novelistas en mencionar la plaga del SIDA o en introducir a famosos en sus novelas (Jim Jones, Elizabeth Taylor, Rock Hudson) fácilmente reconocibles. No es la primera vez que una novela de Maupn es llevada al cine (todas ellas han sido emitidas en radio por la BBC). Ya en 1993 se realizó una adaptación que tuvo como protagonistas a Lauyra Linney (como “Mary Ann Singleton”) y a Olimpia Dukakis (como Anna Madrigal). Ambas repiten ahora, veinticinco años después en los mismos papeles. Aquella primera serie, producida por el Channel 4 en el Reino Unido, tuvo su continuidad en la que Showtime estrenó en 1998 y en 2001, con los mismos personajes. Esas series no han llegado a España. Cada una de ellas escenificaba una de las novelas de Maupin. La que llega ahora está centrada en la cuarta novela, aunque recoge algunos elementos aparecidos en la primera.

La miniserie nos muestra a una madura Mary Ann que regresa a San Francisco y se encuentra con los personajes que había abandonado veinte años antes: su ex marido y su hija adoptiva, su madre, y con todos los residentes en el número 28 de Barbary Lane. A pesar de que ha vivido en Connecticut unos años siendo feliz, se acaba de separar, vuelve seguramente como producto de la crisis de la mediana edad. El ambiente que encuentra es muy diferente al que abandonó veinte años antes y, aunque en principio duda si hizo bien asistiendo o no al cumpleaños de Anna Madrigal, pronto se sumerge en la fauna que la rodea compuesta casi exclusivamente por gays, lesbianas, transexuales.

Así pues, se trata de una serie que llega en un momento de inflación de series sobre el mundo gay y las minorías sexuales (que aquí parecen ser mayorías). El problema a la hora de abordar la crítica de una serie de este tipo es no confundir los términos: por regla general, cuando se está ante una serie en la que el fondo de la cuestión es el mundo gay, se tiende a rebajar el nivel de la crítica por dos motivos: las ideologías de género están en el candelero y una crítica excesivamente hostil podría ser calificada como “homófoba”. Sin embargo, las reglas de la crítica implican cierto rigor: valorar los actores, valorar el guion, valorar la fotografía y valorar, finalmente, el interés del resultado final.

De las actuaciones, vale la pena resaltar la de Laura Linney, juvenil, alegre, animada, atractiva. La Dukakis, con sus 90 años, realiza una interpretación inquietante aunque algo inexpresiva. El resto del reparto, correcto sin excesos. La fotografía rutinaria. Y aquí viene el problema: era imposible con un guion de este tipo, casi teatral, una fotografía que contuviera elementos creativos o espectaculares. Porque, el principal problema de la serie es el guion: una cosa es leer las novelas de Maupin (algunas de la cuales fueron publicadas en capítulos en la prensa de San Francisco), otra oírlas por la radio y otra muy diferente transformarlas en serie televisiva con capítulos de una hora de duración. La sensación que tiene el espectador es de que en esa hora no pasa nada, van desfilando personajes, tiernos algunos, lánguidos otros, más o menos correspondientes a la tipología de los que se mueven por las calles de San Francisco, pero cuyas relaciones, sus rasgos psicológicos y sus actitudes tienen poca vistosidad y dan muy poco juego en televisión. Dicho de otra manera: falla un guion de base que no era para televisión sino que hubiera dado para una pieza teatral de hora y media de duración o para seriales radiofónicos de media hora, pero no para episodios interminables en los que no ocurre apenas nada.

De ahí que el balance final deba ser, necesariamente, negativo, aunque no catastrófico por la presencia de Laura Linney, especialmente. Ahora entenderemos mejor porque Netflix apenas ha hecho publicidad de la serie: ni siquiera el mundo gay puede interesarte por un producto tan plúmbeo, desprovisto de sentido del humor, convertido en drama rutinario y en una colección de tópicos sobre todo lo que conocemos y que hemos oído sobre San Francisco. Difícil recomendarla. Como máximo podría ser vista por gentes predispuestas a aceptar cualquier producto de temática GLTBI, a expensas de su calidad y por simple afán de coleccionismo. También por amantes del cine intimista.

Quizás si cada episodio se hubiera dividido en tres partes, el conjunto hubiera quedado más digerible con capítulos de 20 minutos. Así, tal como está, sólo garantiza siestas profundas.

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