FICHA

Título original The Son of Sam: A Descent Into Darkness
Título en España: Los hijos de Sam: un descenso a los infiernos
Temporadas
: 1 (4 entregas)
Duración episodio: 51-65 minutos.
Año: 2021
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Documental
Subgénero: True Crime
Resumen: Maury Terry, un periodista de investigación no acepta la versión oficial sobre los asesinatos del “hijo de Sam”, sostiene que el acusado y autoimputado por los asesinatos formaba parte de una secta satánica entre cuyas actividades se incluía las películas snuff y el asesinato de menores.
Actores: Maury Terry, David Berkowitz, dirigido por Joshua Zeman, fotografía de Conrad Hall,
Lo mejor: un relato pausado y en el que entran en juego todos los elementos de manera objetiva.
Lo peor: en la última parte falta una crítica más clara al trabajo del periodista Terry
Lo más curioso
:  en la serie se entrevista en dos ocasiones al “hijo de Sam” en prisión.                                                                      
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Netflix el 5 de mayo de 2021 . Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 8,5

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Lo menos que puede decirse sobre LOS HIJOS DE SAM: UN DESCENSO A LOS INFIERNOS

Los asesinos en serie siempre dan mucho juego en los “true crimen”. David Berkowitz lleva desde 1977 en la cárcel, a causa de su participación en 8 asesinatos. Era un asesino en serie, bastante desorganizado: al ser detenido dijo que su un perro le inducía a cometer los crímenes. Elegía a sus víctimas aleatoriamente. Lo turbador fue que los retratos robot elaborados por la policía para cada uno de los crímenes le daban un rosto diferente. Ese fue el punto de partida que incitó a Maury Terry a investigar. Pronto llegó a la conclusión de que Berkowitz no había actuado solo, sino que, como mínimo, existían otros dos cómplices. A todo esto, el llamado “hijo de Sam”, Berkowitz, se declaró culpable de los ocho asesinatos cometidos entre 1976 y 1977 y, asunto resuelto haciéndose acreedor de varias cadenas perpetuas. Pero esta autoinculpación no disuadió a Terry de proseguir su investigación. Esta serie en cuatro entregas repasa tanto la teoría del periodista como los crímenes del “hijo de Sam”.

El documental es exhaustivo. Hubiera podido prolongarse bastante más, pero los cuatro episodios de duración, se consideraron suficientes como para recordar los crímenes, hoy prácticamente olvidados, que aterrorizaron la ciudad de Nueva York entre 1976 y 1977. En el primer episodio se enumeran los crímenes cometidos y cómo se llegó a conocer al asesino como ”el hijo de Sam” o el “asesino del calibre 44”. En el segundo, aparecen la figura de Maurice Terry y los primeros pasos en su investigación. Esta va creciendo y ampliándose, pero en el último episodio, a pesar de que el periodista logró entrevistas en dos ocasiones al asesino en serie en el interior de la prisión, escribir un libro y aparecer en muchos informativos y debates televisivos, sufrió una especie de paranoia y hundimiento interior del que da cuenta, a través de sus amigos y familiares, obsesionándose con su versión, cada vez más monstruosa.

Terry creyó descubrir una secta religiosa de tipo satánico que realizaba asesinatos como formas de culto, a fin de crear el caos en la ciudad de Nueva York. A fin de cuentas, no hacía tanto que Charles Manson había cometido sus crímenes y el satanismo estaba en la mente de todos los estadounidenses. Terry creyó descubrir otros asesinatos similares cometidos en todos los EEUU, posteriores al encarcelamiento de Berkowitz. De ahí pasó a identificar a otros asesinatos y suicidios sospechosos y, al igual que ocurrió décadas después, con el “pizzagate”, de los asesinatos satánicos, se pasó a la pedofilia, al rodaje de pornografía y películas snuff, etc, etc, etc. La policía neoyorkina no se tomó en serio estas investigaciones y las descalificó, a pesar de que Terry había sumado a una de las víctimas que sobrevivieron al ataque del “hijo de Sam” y a que participaron otros dos policías de Yokers, ciudad próxima a Nueva York. No tuvo habilidad suficiente para dar credibilidad a su tesis e, incluso, para contener su imaginación. Todos los testimonios declaran que Terry creía en lo que estaba haciendo: pero le faltaba habilidad suficiente para desenvolverse en los medios de comunicación. Finalmente, falleció de un ataque al corazón. “El hijo de Sam” desde la cárcel confirmó las tesis de Terry, pero parece bastante claro que lo hizo por puro afán de notoriedad y sin poder aportar ni una sola prueba a sus afirmaciones.

El documental mantiene en todo momento el interés del espectador, incluso del que, como es el caso del público español, el asunto del “hijo de Sam” le queda lejos tanto en el espacio como en el tiempo. Es uno de esos documentales imprescindibles que pueden ver, no solamente, aficionados al “true crime”, sino todos aquellos que no encuentren en las últimas incorporaciones al catálogo de Netflix nada que pueda interesarse. Como suele ocurrir, la realidad es mucho más sorprendente que la ficción. El documental, además, tiene la virtud de mantener la ecuanimidad en todo momento, huir de conspiranoias e interpretaciones artificiosas y poner sobre el tapete todos los elementos para que el espectador juzgue por sí mismo. El hecho de que en la última parte no se exponga con más sistematización los errores en los que cayó Terry (así como sus aciertos, que los tuvo), empaña algo la valoración y le hurta el sobresaliente.

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