FICHA

Título original: Madres. Amor y Vida. 
Título en España: Madres. Amor y Vida
Temporadas: 2 (28 episodios)
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Española
Temática
: Drama
Subgénero: Hospital
Resumen: Distintas mujeres, todas ellas madre de familia (y alguna que busca sus orígenes familiares), coinciden en un hospital a causa de la enfermedad de sus hijos (y alguna porque trabaja allí). Cada una de ellas se entrega al cuidado de sus hijos con heroísmo, sacrificando cualquier otra consideración a este objetivo. Todas estas mujeres se interrelacionarán entre ellas y con el personal hospitalario.
Actores: Belén Rueda, Aida Folch, Candela Arroyo, Rosario Pardo, Nacho Fresneda, Antonio Molero, Julio Bohigas-Couto, Joel Bosqued, Marc Clotet, Carla Díaz, Ayoub El Hilali, Patxi Freytez, Alain Hernández, Ana Labordeta, Vicky Luengo, Xavi Mira, Rocío Muñoz-Cobo, Ana Rayo, Mónica Cruz, Pedro Rudolphi, Carmen Ruiz, Alfonso Torregrosa, Eva Ugarte, Alberto Velasco, Farah Hame,
Lo mejor: retrotrae a otras épocas de la televisión.
Lo peor: la falta de originalidad se conjuga con algunas situaciones casi esperpénticas.
Lo más curioso
: La serie ha renovado para una segunda temporada.
¿Cómo verlo?: Se emite desde el 8 de mayo de 2020 en Amazon Prime Video y en Telecinco. Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 5

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PROMO (entrevista al creador, Aitor Gabilondo)

PROMO (entrevista a Belén Ruega)

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Lo menos que puede decirse sobre MADRES. AMOR Y VIDA

Muy discreta producción de Mediaset que surge como confluencia de dos formatos clásicos: las series “hospitalarias” y las series “familiares”. Todo muy clásico y que, por ello, gustará especialmente a quienes anhelen volver a ver cosas que, de una forma u otra, ya han visto. No puede hablarse, por tanto, de originalidad, sino, más bien, de un “déjà vu”: algo que nos suena de algo y que, seguramente hemos visto, años o décadas atrás. A pesar de que la serie sea de factura muy discreta, hay que reconocer que tiene su público y que, precisamente por eso, los directivos de Mediaset, le dieron el visto bueno y, por lo mismo, Amazon Prime Video la reproduce.

Estamos en la sala de pediatría de un hospital madrileño. Allí están ingresados niños o adolescentes con problemas: desde el niño autista que se ha fracturado una pierna, hasta el joven que lleva varios meses en coma y que, bruscamente, despierta, pasando por la niña anoréxica. Están acompañadas por sus madres y/o abuelas. Cada una de ellas, podría decirse, que encarnan la parte heroica de la seria: sus hijos por delante, por encima de todo, de su carrera como periodista, de su matrimonio, de su placer. Y luego están sus compañeros, casi todos ellos, personajes de tono menor, alguno completamente gilipollas, otros con la cabeza en cualquier otra cosa. Y, finalmente, está el personal hospitalario, entre el que destaca una psicóloga, de carácter huraño, agresivo e, incluso, desagradable, que ha pasado buena parte de su vida profesional en urgencias y que ahora está, más o menos desterrada a pediatría. Como en todas las series hospitalarias, las relaciones erótico-sentimentales entre el personal hospitalario, están presentes de manera no desdeñable. A partir de estos elementos, la serie va fluyendo: todos ellos se interrelacionan y actúan de todas las maneras posibles.

Como puede comprobarse por este resumen, nada de lo que se cuenta en esta serie resulta nuevo, sino fórmulas refritas que se han ido repitiendo desde los años 50, es decir, desde que la televisión se convirtió en un medio de comunicación de masas.

Una serie de este tipo es atractiva si los personajes que muestra lo son y si los papeles son asumidos por actores carismáticos. Y aquí hay de todo: desde los que se representan a sí mismos y que hemos visto una y otra vez encarnando lo que parece el único papel, o en cualquier caso, el único registro que son capaces de encarnar, hasta los que apenas balbucean torpemente algunas frases y tenemos la sensación de que nosotros mismos podríamos hacerlo mejor, hasta las actrices brillantes que nos creemos en cualquier papel que las veamos. En fin, que cada cual ponga rostro a estas actuaciones.

¿El guion? Bastante plano. Casi todo lo podemos esperar desde el principio. Desde que en el principio del segundo episodio la doctora que busca a su madre biológica y la encuentra, pero resulta que no es su madre, sino solo la intermediaria, cualquier cosa es posible. Ahora bien, los “giros inesperados” como éste, son tan absolutamente retorcidos que casi parecen guiños esperpénticos destinados a espabilar al espectador del letargo. Los guionistas han intentado hacer “estudios psicológicos de los personajes”, pero lo que han conseguido, más que retratos definidos, son brochazos bienintencionados pero aptos solamente para ser entendidos por un público poco exigente y que requiere productos masticados y simples. De todo tiene que haber.

La serie, por el momento no ha merecido muchos comentarios y fuera de la publicidad que ha aparecido de ella en varias revistas dedicadas al público femenino, parece difícil que sea recordada. No es una serie memorable, aunque puede gustar a un público habituado a décadas de productos similares y que, por edad, no puede aceptar innovaciones o se pierde si llega a verlas. Ahora bien, si de lo que se trataba es de realizar una serie para exaltar el papel de las madres, hubiera sido mucho más efectivo (y honesto) no incorporar el recurso emotivo y sentimental de la sala de pediatría de un hospital. Desde hace tiempo, sostenemos que la paternidad es una forma de heroísmo contemporáneo, pero no hace falta de llegar a situaciones dramáticas (como el niño autista, la niña anoréxica o el despertar de un coma prolongado), el heroísmo está presente en los padres conscientes y que quieren serlo y valen para serlo, en cada uno de los actos de su vida cotidiana, cuando asumen que lo importante no son ellos, sino la educación y el futuro de sus hijos. Más que exaltar la maternidad, esta serie lo que logra es retraer un poco más el impulso a tener descendencia.

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