FICHA:

Título original: The end of suburbia
Título en España: El final de las afueras
Duración episodio: 78 minutos
Año: 2004
Temática: El agotamiento progresivo del petróleo terminará haciendo inviable el sueño americano de vivir en urbanizaciones fuera de la ciudad.
Género: Documental.
Entrevistados: James Howard Kunstler, Peter Calthorpe, Michael Klare, Richard Heinberg, Matthew Simmons, Michael C. Ruppert, Julian Darley, Colin Campbell, Kenneth Deffeyes, Ali Samsam Bakhtiari and Steve Andrews
Subgénero: Social.
Director: Gregory Greene
Lo mejor: La frase “Estamos atascados en callejón sin salida montados en un 4×4 con el depósito vacío
Lo peor: falta alguna animación para ilustrar la tesis.
¿Cómo verlo?: Puede verse gratuitamente en los enlaces indicados.
Puntuación: 7

CLIPS

Todo lo que hay que saber sobre EL FINAL DE SUBURBIA

El sueño americano, tal como se configuró después de la Segunda Guerra Mundial, básicamente consistía en disponer de una casa propia con jardín y coche propio. Pero desde los años 60 algunos geólogos han advertido que ese sueño podría transformarse en pesadilla: exigía demasiado consumo de petróleo. A partir de principios del milenio, la advertencia se ha convertido en grito de alarma entre los especialistas. Se ha alcanzado el llamado “pico de Hubbert” y, a partir de ahora, solamente queda esperar el final de la era del combustible barato. Este documental nos muestra a través de la opinión de una decena de especialistas la inviabilidad del sueño americano.

SUBURBIA ¿QUÉ ES SUBURBIA?

En España, el concepto de “suburbio” tiene una connotación negativa: alude a los barrios bajos, degradados y marginados que han nacido en la periferia de las grandes ciudades. Habitualmente o muestran una urbanización desordenada, con bloques de pisos sin apenas infraestructuras o bien aglomeraciones de chabolas insalubres. Sin embargo en los EEUU tiene otro sentido “suburbia”, en inglés, indica zonas residenciales más o menos periféricas a las grandes ciudades, siempre alejadas del centro, compuestas por urbanizaciones hechas con casas unifamiliares provistas de jardín. El concepto apareció en los EEUU a finales del siglo XIX cuando se produjo una revalorización de la vida natural y una tendencia a instalarse en el campo cerca de las grandes ciudades, huyendo del ruido y del humo, generados por la industria. A partir de ahí, la tendencia vivir “in the suburbs”fue creciendo. En la actualidad más de la mitad de la población de los EEUU viven en las afueras.

Si bien en la era industrial las ciudades adquirieron ese rasgo hostil, ruidoso y pestilente, la necesidad de contar con trabajadores, hacía que éstos debieran vivir no muy lejos de los centros de trabajo. Esto implicó crear una red de tranvías y ferrocarriles de cercanías para acercar a los trabajadores a las fábricas. Pero, a partir de los años 20, con la democratización del automóvil, aumentó el número de norteamericanos que vivían en “suburbia”. El crecimiento del proceso de vio interrumpido por la depresión del 29 y por la Segunda Guerra Mundial, pero cuando regresaron los veteranos se les prometió vivienda ideal. Un programa estatal preveía la creación de 2.700.000 viviendas unifamiliares, con jardín, callejón trasero y accesibles en coche, situadas en las afueras. Esto explica el rápido fortalecimiento de los EEUU tras la guerra: era preciso impulsar el sector inmobiliario y la industria del automóvil, dar unos buenos niveles salariales y generar una clase media con vivienda y vehículo propio. Además, se impulsó la obra pública construyendo una red de autopistas de seis carriles que unían las ciudades con “suburbia”. La economía creció desmesuradamente, pero, a partir de aquí crecieron las incertidumbres…

EL SUEÑO AMERICANO CONVERTIDO EN PESADILLA INSOSTENIBLE

En los años 50-70 se fueron abandonando las viviendas de las grandes ciudades que fueron transformadas en edificios de oficinas. Cambió, pues, el perfil de las ciudades, pero los intereses coaligados de la industria del motor y de la industria petrolera, forzaron la desaparición de los tranvías y de los trenes de cercanías: quien quería vivir en “suburbia”, necesariamente debía tener vehículo propio y consumir litros y litros de combustible. Era habitual que, diariamente debieran recorrerse 100 ó 150 km para llegar al puesto de trabajo. Era posible porque la gasolina era barata y el desarrollo norteamericano se explica porque su precio era la mitad que el que existía en Europa. Pero en 1973, la tercera guerra árabe-israelí, derrumbó todo esto: el embargo de petróleo generado por los países de la OPEP hizo que los precios de la gasolina se dispararan. Pero hubo otra alarma.

El 14 de agosto de 2003, un corte masivo de energía en centrales eléctricas canadienses hizo fundir los fusibles que suministraban energía al norte de los EEUU afectando a 50 millones de personas. El apagón había sido provocado por una oleada de calor que indujo a encender en hora punta los equipos de refrigeración de los hogares superando la capacidad de suministro de la red. EEUU importa el 15% de la electricidad que consume de Canadá, pero Canadá exporta el 50% de su producción eléctrica a EEUU. Algunos empezaron a reconsiderar el sueño americano y de su análisis salió una sentencia: era insostenible a medio plazo.

EL INQUIETANTE “PICO DE HUBBERT”

Algunos ecologistas respondieron: “hace falta insistir en energías alternativas”, a la vista de que el carbón es contaminante, la energía nuclear cara y peligrosa y la hidroeléctrica ha llegado al máximo de producción. El gobierno Federal respondió: “no hay crecimiento económico sin aumento del consumo de energía”.  Y en el estado en el que se encuentra las energías eólicas y solares no permite aumentar significativamente la producción. Y lo que era peor: se presentía la llegada del “pico de Hubbert”.

El problema de la producción petrolera fue estudiado por el geólogo Robert Hubbert en los años 60. Hubbert estableció que el petróleo es un mineral que existe en la naturaleza pero de manera limitada. Para que el petróleo pueda seguir siendo barato es preciso que se vayan descubriendo nuevas reservas de petróleo a medida que crece el consumo. Lo cual no ocurrirá indefinidamente: llegará un momento en el que las nuevas reservas descubiertas sean menores que el consumo realizado. Entonces se llegará al límite máximo en la producción, a partir del cual, el petróleo se irá agotando. Hace doce años se creía que en 2010 se llegaría a esa curva y que, por tanto, a partir de entonces, el precio del petróleo iría aumentando. Sin embargo, la aplicación del fracking y la mejora de otros sistemas de extracción petrolera ha conseguido mantener los precios estables… pero eso no ocurrirá indefinidamente.

LA LUCHA POR LA ENERGÍA ES LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA

En el documental se sostiene que las guerras actuales son, fundamentalmente, guerras por el petróleo. Se recuerda que la “doctrina Carter” establecía que EEUU tiene la obligación de velar por su “seguridad energética” y actuar militarmente para garantizarla. Los especialistas entrevistados afirman que algunos países han engañado y sobrevalorado sus reservas de petróleo. Mientras, los políticos, los medios de comunicación y los consorcios industriales se niegan a reconocer la gravedad del problema, para evitar alarmar a la población.

Las energías alternativas o la producción de biomasa no solamente no son suficientes para compensar el agotamiento del petróleo, sino que además ni siquiera son energéticamente rentables: generan tantos recursos como los que consumen. Sin olvidar que la producción de biomasa, termina restando superficie al cultivo de alimentos y genera aumentos en el precio de estos. En cuanto a las placas solares y a las molinetas, sea cual sea su número, con las tecnologías actuales, jamás llegarán a producir los niveles de energía necesario en la actualidad.

¿HAY SALIDA? VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

El documental The End of Suburbia nos expone a través de entrevistas con un amplio grupo de especialistas, esta problemática. No hay oportunidad para la esperanza: la vida en “suburbia” es inviable en su actual configuración. A menos que… Es preciso cambiar hábitos de vida. Parte de los técnicos que toman la palabra son arquitectos e ingenieros miembros del movimiento por un “Nuevo Urbanismo”. Estos círculos proponen un modelo de ciudad más tradicional: volver al modelo previo a la Segunda Guerra Mundial: transporte público, convertir los suburbios en pequeñas ciudades que tengan en las inmediaciones todo lo necesario para la vida. Ir edificando progresivamente viviendas que agrupen a más de una familia, reencontrar el sentido del vecindario y de la convivencia, estimular el trabajo en el hogar… En esos marcos si es viable la aplicación de energías alternativas.

El dramatismo del discurso planteado contrasta con la simplicidad de las soluciones aportadas. El documental es de origen canadiense, pero trata especialmente sobre la sociedad norteamericana. En Europa podría decirse casi lo mismo. Algunos problemas vinculados a estos –el calentamiento global- apenas son tocados, pero no es importante: una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. Y el eslabón débil de la cadena de la modernidad es la producción de energía.

El documental puede calificarse de entretenido, excepcionalmente instructivo y didáctico (no hay nada como contar con el testimonio de especialistas). Recomendable en cualquier caso, e incluso diríamos, recomendable con urgencia. No está especialmente orientado hacia los ecologistas, ni a los particularmente sensibilizados por las nuevas tecnologías energéticas: puede interesar a todos los ciudadanos a los que les quede una pizca de sensibilidad y tengan proyectos de futuro o quieran tener hijos. Ellos deben ser los primeros en entender que sus hijos no vivirán como ellos, ni mucho menos como vivieron sus padres. Es también una llamada de atención sobre los disparates de la modernidad. Hay lujos que no podemos permitirnos. Así que esta parte de la historia, la era del petróleo barato, ha terminado.