Todo lo que hay que saber sobre BROWN NATION

Justo al comenzar las navidades de 2016, Netflix ha colocado en su escaparate de series ésta comedia de situación diferente por su temática pero que responde a las características habituales del género: un pequeño núcleo de personajes se enfrentan a situaciones cotidianas que, sin embargo, les conducen a situaciones absurdas y extremas. La única diferencia es que aquí no se trata de una familia o de un grupo de norteamericanos, sino de hindúes emigrantes a los EEUU que ya disfrutan de ciudadanía norteamericana. Lo menos que puede decirse de sus protagonistas es que están desubicados. Ellos son la “Brown nation” que viene a ser algo así como la “nación marrón (por el color de su piel).

CONTRASTES CULTURALES EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN

Quién pensó que tras la libre circulación de capitales seguiría la libre circulación de mercancías de un lugar a otro del planeta, habría que darle el premio a la mejor intuición económica. Hoy tenemos tostadoras fabricadas en China que se escacharran a poco de desenvolverse en horas en Portugal; a fibras fabricadas en el sudeste asiático que generan enfermedades cutáneas en los Países Nórdicos, y piensos fabricados en Corea del Sur con las que se alimentan reses en Argentina que terminan ocasionando obesidad mórbida en los EEUU. Pero, eso sí, la economía va bien.

Sin embargo aquel otro que pensó que un extranjero se convertiría en un ciudadano norteamericano después de que un funcionario realizara el acto administrativo de darle la nueva nacionalidad, se equivocó completamente. “Somos” del lugar donde nacemos y somos lo que somos porque en nuestros genes está incrustada la personalidad de quienes nos han precedido. Obviamente, unos tránsitos culturales son más suaves que otros: un español puede llegar a ser francés, con cierta facilidad, le bastará con aprender el idioma y renunciar en fechas señaladas a su gastronomía local a favor del casoulet, los quesos o el ragout. Los herederos del mundo greco-latino lo tienen bastante fácil para integrarse en cualquiera de sus variedades. Pero los EEUU son hijos de muchas influencias y han dado lugar a una cultura relativamente diferente a la originaria a este lado del Atlántico.

Las personas circulan con facilidad pero llegan consigo una herencia cultural difícilmente modificable. En especial cuando lo que choca es una cultura tradicional hindú, con la cultura anglosajona. Los genes hindúes tiran por mucho que Bangalore esté desde el año 2000 en la vanguardia de las nuevas tecnologías. De hecho, si los hindúes han destacado en programación informática se debe a la casualidad de que su cultura se basa en el pensamiento abstracto, la meditación y la introspección. Cuando las empresas norteamericanas temían el “efecto 2000”, subcontrataron a empresas hindúes –con salarios entre 5 y 10 veces inferiores- para que les resolvieran la papeleta, luego algunos informáticos vieron en los EEUU la tierra de promisión. El protagonista de Brown Nation es uno de ellos. Se ha casado en EEUU, tiene una empresa informática que ha contratado a un grupo de trabajadores desmotivados y, sobre todo, afronta problemas culturales básicos de adaptación.

UNA PRODUCCIÓN NETFLIX LANZADA EN 190 PAÍSES

El 15 de noviembre de 2016, Netflix realizó lo que parecía imposible: iniciar la emisión de una serie de concepción bastante barata que en los siguientes 30 días se estrenará en 190 países. Y lo que es aún más difícil: que el público que la vio le diera una buena calificación (8,5 sobre 10). En el momento de escribir estas líneas, cuando la serie lleva apenas 45 días en emisión, ya ha cubierto con creces los costes.

Filmada en Nueva York, la serie nos cuenta la historia de “Hasmukh”, residente en ese crisol multicultural que es el barrio de Queens. Al llegar a los EEUU, “Hasmukh” se ha casado con una actriz y artista frustrada y ha abierto una consultoría informática, la “Shree Ganesh Computers Limitad Inc”. No ha sido muy hábil al contratar al personal: su cuñado es un perfecto inútil, el resto del personal está desmotivado y el propio “Hasmukh” se ve sometido a tensiones en su hogar (con su esposa y su suegro), tensiones en el trabajo (la empresa no termina de funcionar y el programa de implementan, el Cytrus 2.0. se ha quedado anticuado) y, para colmo, no termina de entender, a pesar de sus esfuerzos, como funciona la sociedad norteamericana. De haberlo hecho, sin duda, no habría puesto un nombre tan específicamente hindú a su empresa.

Tal es el planteamiento de partida de esta comedia de situación que hubiera podido perderse en los meandros de la corrección política o en los sordideces de la xenofobia y el racismo. Sin embargo, en todo momento, la serie muestra, no digamos un respeto tanto por la cultura originaria de “Hasmukh” y sus compañeros, como, obviamente por la cultura anglosajona. Pero el guión no evita ni un solo tema polémico. Y es que en los trabajos de guionización han participado dos equipos, uno norteamericano y otro hindú. Imposible, por tanto, que nadie se sienta ofendido.

CUATRO ACTORES A TENER EN CUENTA

De todos los protagonistas, solamente dos son algo conocidos del público español. Shenaz Treasurywala, esposa del protagonista, fue habitual de las películas y series de Bollywood y de ahí salto a la cadena norteamericana MTV. De familia parsi, se trasladó a EEUU en 2001 y está incluida dentro de la “lista de mujeres hindúes más hermosas”. En cuanto a su marido en la serie, “Hasmukh”, al actor de familia originaria del Punjab, nacido en Nueva Zelanda, donde adquirió formación para teatro y cine, terminó emigrando a los EEUU en 2006 y ha trabajado en su país de origen como en el de adopción.

El único empleado contratado por la empresa de “Hasmukh” es “Balam del Sur de la India”, papel interpretado por Omi Vaidya, actor de origen hindú nacido en California. Su participación en la película 3 Idiots (2009) le proporcionó cierta proyección internacional, pero, sobre todo, pudo demostrar su vis cómica que nuevamente pone de manifiesto en esta serie. Finalmente, cabe mencionar a Kapil Bawa, como “Papaji”, el suegro del protagonista que encarna la desubicación total del hindú poco familiarizado con una cultura de la que no entiende nada, receloso de que su hija pierda los rasgos originarios y que mira permanentemente mal a su yerno, haga lo que haga.

En cualquiera de los cuatro casos, el casting es acertado y todos ellos defienden sus papeles digna y cómicamente.

VALORACIÓN Y RECOMENDACIONES

La miniserie tiene un buen arranque y los personajes pronto se convierten en entrañables. Sin embargo, a partir de la mitad de la serie, da la sensación de los gags se están agotando y el arsenal de esqueches pierde carga cómica. La serie, a partir de ese momento, se mueve por inercia. En el momento de escribir estas líneas, se ignora si habrá una segunda temporada. El éxito de público no es el único elemento a tener en cuenta: el agotamiento de las ideas para componer nuevos guiones es también determinante.

La serie puede ser vista para los habituales de las comedias de situación. Pueden estar seguros de que nunca habrán visto unos protagonistas como los que aparecen en esta serie. Todos aquellos que estén interesados por la multiculturalidad y el melting-pot, tendrán motivos para reflexionar. La pregunta central que plantea la serie, entre broma y broma, es si una sociedad multicultural no exige de algunos un esfuerzo demasiado grande como para poder asumirlo. Lo que puede deducirse es que las culturas de origen son diferentes y algunos tienen que renunciar a mucho para conseguir solamente unas migajas del american way of life.