FICHA

Título original: The Pentavirato
Título en España: El Pentavirato
Temporadas: 1 (6 entregas)
Duración episodio: 21-31 minutos.
Año: 2022
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Comedia
Subgénero: Conspiranoia
Resumen: Un profesor universitario es elegido para reemplazar a un miembro de una sociedad secreta que subsiste desde la peste negra y guía los destinos del mundo. Paralelamente, un periodista otoñal, a punto de jubilarse busca una exclusiva que podría prolongarla unos cuantos años más y decide investigar al Pentavirato.
Actores: Mike Myers, Ken Jeong, Keegan-Michael Key, Debi Mazar, Richard McCabe, Jennifer Saunders, Lydia West, Phill Webster, Nicklas Kingo, Martin Angerbauer, Donald Sage Mackay, Daniel Booroff, Nick Harris, David Mumeni, Mark Denham, Daniel Eghan, Metin Hassan, Luke Lynch, Tony McCarthy, Harry Oliver, Rui Shang, Meghna Lall
Lo mejor: para los admiradores de Mike Myers su irrupción en Netflix
Lo peor: serie muy inmadura, superficial y con las habituales paletadas de humor de sal gruesa
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Netflix el 5 de mayo de 2022. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 5

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Lo menos que puede decirse sobre EL PENTAVIRATO

El debate está abierto: ¿hay “conspiraciones”? Es un buen tema. Desde hace décadas es un tema recurrente que aparece incluso periódicamente en Los Simpson (los grandes de Springfield pertenecen al “Club de los Canteros”, una especie de masonería). Incluso en Los Picapiedra de los años 60, ya aparecía el “Club de los Búfalos Mojados”, a la que le correspondería ser la primera forma de masonería… ¿Y qué decir de Conspiración (1987) de Richard Donner con Mel Gibson y Julia Roberts? El tema es cinematográficamente “poderoso” e interesa porque es una forma de explicar de manera sencilla, lo que, de otra manera, sería excesivamente, complicado. Ahora bien, ¿por qué reaparece ahora el caducado Mike Myers con esta temática? La buena noticia es que hay respuesta simple.

Como se sabe, Myer siempre ha practicado un humor facilón, sucio, repleto de gags casi infantiles, basados en “pedo-caca-culo”. Tuvo su momento -la trilogía de los Austin Powers-, pasó y seguramente todavía habrá alguien que la vea de tanto en tanto como acto de nostalgia noventera. Las continuas insinuaciones sexuales, cansaban. Las interpretaciones acometidas por Myers eran, sin excepción, caricaturas de personajes del cine 007, enfocadas desde un ángulo bufo. Tuvo su público. Generó beneficios. La critica fue cada vez más dura con ellas. RIP. Aquí paz y después gloria.

Veinte años después Netflix lanza esta serie que sigue exactamente las mismas pautas del humor de Myers, exactamente, 20 años después del último estreno de la trilogía. El tema de fondo es la “conspiranoia”. En EEUU, circulan las teorías más absurdas, sobre las conspiraciones más inverosímiles. Y tienen amplio seguimiento. En sí mismas, suelen ser cómicas y todas ellas carecen de bases objetivas. Ahora bien: lo que no suele recordarse es que, una cosa es la “conspiranoia” (creencia basa en la interpretación subjetiva de hechos selectivos o simplemente inventados por la rumorología popular) de las “conspiraciones realmente existentes”. ¿O es que vamos a pensar que las grandes dinastías económicas, los propietarios de los grandes fondos de inversión o los “señores del dinero” no hacen todo lo posible por defender sus intereses? Eso, precisamente, son las “conspiraciones” dignas de tal nombre. Lo habitual hoy es que, cuando alguien sostiene algo parecido -que, en principio, tiene, como mínimo, base lógica- se le acuse inmediatamente de “conspiranoico”. Myers trata de contribuir a esta corriente poniendo su granito de sal gruesa.

La serie nos presenta a un individuo secuestrado por una sociedad secreta formada desde los tiempos de la peste negra (siglo XIV). Está formada por cinco individuos e influye en la historia mundial desde entonces. Uno de sus miembros ha muerto y los otros cuatro han elegido a un profesor universitario para sustituirlo. Este es uno de los aspectos de la cuestión. El otro es que, un periodista al borde de la jubilación, que hasta ahora realiza reportajes completamente banales, sueña con prolongar su carrera unos años más encontrando un tema que tenga impacto entre las masas. Y lo encuentra en un congreso conspiranoico. Allí conoce a un atrabiliario personaje que le pone en la pista del “pentavirato”. Las dos vías, por supuesto, terminarán uniéndose.

Todo huele a naftalina. No puede decirse que Myers haya “trabajado” mucho el guion. Se ha limitado, como siempre en su cine, a utilizar chistes fáciles, referencias sexuales o escatológicos y poco más. El resultado final es, a ratos, insufrible, en otros venial, casi siempre flojo, en un par de ocasiones suena la flauta. Y eso basta para calificar la serie como “de humor”. Ahora bien, reconozco que es una serie que tiene “su público”. Por una parte, los adeptos y nostálgicos de Austin Powers que deberán tener hoy en torno a los 50 años. Si aguantaron aquello y sigue haciéndoles gracia, esto, para ellos, será un bálsamo rejuvenecedor. ¿Alguien más? Gentes de risa fácil, que no tienen por costumbre exigir mucho a Netflix y gracias a los cuales, el streaming ha prosperado. Poco más.

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