FICHA

Título original Wolf like me
Título en España: Un lobo como yo
Temporadas: 1 (6 entregas)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2021
Nacionalidad: Australia
Temática
: Humor
Subgénero: Fantástico
Resumen: Un viudo, cuya hija ha adquirido una depresión crónica, conoce a una mujer que también “carga con su mochila”, sin embargo, esta es un problema habitual. A pesar de que ella intenta que la relación sea solamente esporádica, por circunstancias casuales, él conoce su lugar de residencia y la transformación que sufre en noche de luna llena: su nueva amiga es una mujer lobo.
Actores: Isla Fisher, Josh Gad, Emma Lung, Ariel Donoghue, Anthony Taufa, Alan Dukes, Nash Edgerton, Robyn Nevin, Paul Pantano
Lo mejor: la segunda parte de la serie es ampliamente mejor que la primera
Lo peor: facilona e ingenuo-felizota
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Amazon Prime Video el 1 de abril de 2022. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 6,5

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Lo menos que puede decirse sobre WOLF LIKE ME

El título no llama a nadie a engaño: la serie va de “lobos” que quieren a alguien. En este caso de “loba” que termina enamorándose de un viudo con hija al que hubiera preferido no conocer. Nada parece haber hasta aquí de muy original, salvo que el mito del “hombre lobo” es trasladado de sexo y ahora estamos ante una “mujer lobo” cuyo amigo es algo débil timorato, quebradizo y responde al modelo actual de hombre “soft”, mientras que ella es la fuerte, altiva, consciente y agresiva, esto es “hard”. Bueno, es un signo de los tiempos…

Los primeros episodios son algo flojos. Es cierto que la serie tiene la virtud de la concisión y que, ya en la menos de media hora del primer episodio, conseguimos entrar en materia. Un viudo sufre al ver como su hija, tratada de depresión y “empastillada”, intenta suicidarse y es sometida a nueva medicación y a tratamiento psiquiátrico. La niña sostiene que ella no es el problema sino el padre que está solo y necesitaría encontrar una compañera. Éste, por su parte, no es un gran ligón: estaba muy vinculado a su esposa y su muerte le supuso un mazazo. De todas formas, animado por su cuñada, intenta conocer a alguna chica. Casualmente hay una mujer que parece sintonizar con él. Sin embargo, ella se muestra huidiza y al despedirse, él se da cuenta de que se ha quedado con las llaves de su coche, así que mediante un taxi consigue averiguar donde vive. Ella, se enfurece al verlo, pero no puede evitar que pase a la caza. Es ya de noche. Noche de luna llena. Al viudo le sorprende que en la casa haya una especie de cámara acorazada en la que ella se introduce y cierra. Por la mirilla ve lo que ocurre en el interior: la muchacha de ha transformado en una mujer-lobo. Y, a partir de aquí, a veces por presión de la niña, otras por sus propias vísceras, él se va sintiendo atraído por ella y ella le corresponde. Esta una historia de amor imposible.

La serie entra directamente en materia, pero no aporta nada excepcional en los cuatro primeros episodios que resultan bastante planos, incluso a los dos protagonistas parece costarles encajar. Sin embargo, en su segundo tramo, la serie recupera algo de pulso y, al menos, entretiene. Es una serie de humor y de fantasía, mucho más que de terror. Tiene la virtud de la concreción y la brevedad: no perdemos mucho tiempo con ella. Obviamente, a una serie de este tipo no se le puede pedir coherencia y mucho más si aspira a hacer converger el terror, con el humor, con el romanticismo más edulcorado y con pizquitas de sentimentalismo conmovedor y alguna que otra paletada de empoderamiento femenino.

Lo cierto es que, hacia el final de la serie, el espectador tiende a ser condescendiente con este producto, la pareja protagonista, Isla Fisher y Josh Gad (cuya trayectoria desconocíamos), termina por resultar simpática y la serie, increíble, a ratos absurda, en otras lloriqueante, termina entreteniéndonos. La serie pertenece al lote comprado por Amazon Prime Video de series australianas, a las que, en general, reconocemos cierta calidad y que, desde luego, entretienen bastante más que las llegadas de otros horizontes geográficos. Pero, entendámonos, ésta, en concreto, no es nada excepcional. Pasable, si acaso.

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