FICHA

Título original Dirty Lines
Título en España: Líneas eróticas
Temporadas
: 1 (6 entregas)
Duración episodio: 43-50 minutos.
Año: 2022
Nacionalidad: Holanda
Temática
: Sexualidad
Subgénero: Años 80
Resumen: Dos hermanos tienen la idea de aprovechar un nuevo servicio ofrecido por la compañía telefónica estatal holandesa para crear líneas telefónicas eróticas, algo inédito en aquel momento. Inicialmente, la idea es muy rígida, pero poco a poco se va perfeccionando. Sin embargo, los dos hermanos tienen problemas personales importantes y crisis demoledoras.
Actores: Abbey Hoes, Charlie Dagelet, Benja Bruijning, Andre Dongelmans, Minne Koole, Chris Peters, Joy Delima, Gustavo Ruben Valenzuela, Hans Doodkorte, Lawrence Sheldon, Julia Akkermans, Joes Brauers, Ayla Satijn, Manoushka Zeegelaar-Breeveld, Eric van Sauers, Casper Nusselder
Lo mejor: la historia de cómo se gestó un fenómeno ochentero, el “sexo telefónico”.
Lo peor: se parece demasiado a series sobre empresas basadas en nuevas tecnologías.
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Netflix el 8 de abril de 2022. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre LÍNEAS ERÓTICAS

Los años 80 aportaron muchas novedades tecnológicas. Algunas de ellas son hoy recordadas como las que causaron quiebras familiares a causa de que algún miembro abusó de ellas. Otros decidieron abandonar (o alternar) el sexo real, con masturbaciones frenéticas apoyadas por la sugerente mujer que su imaginación creaba al otro lado de la línea. Hoy son un recuerdo enfermizo, pero no tanto como la adicción al porno en Internet. Frente a él, las líneas eróticas son casi algo ingenuo.

La historia se desarrolla a través de tres vidas: las de una estudiante de psicología, inicialmente bastante mojigata, Marly Solomon, y los hermanos Frank y Ramon Stigter, creadores de la primera línea telefónica erótica. La serie se inicia cuando Frank, (que se ha hecho rico, tras dudar entre comprarse un Testarrosa o un Porsche, optó por comprarse ambos), opta por arrojarse con el primero al mar. A partir de este arranque, parece evidente que la serie va a circular por dos raíles paralelos: la tragedia y la comedia. En realidad, la serie es monorraíl: nos habla de una idea que llevó a la fama a dos hermanos carcomidos por sus problemas internos. Marly, estudiante que ha sido expulsada de su domicilio familiar, por unos padres excesivamente rigoristas en materia de sexo, “despertará” a la sexualidad, gracias a las drogas de diseño de la época y terminará convirtiéndose en uno de los puntales de la empresa.

La serie repasa la trayectoria de los hermanos Stitger, desde el momento en que se les ocurrió la idea, hasta que Frank decide suicidarse, pasando por la evolución de la misma y su éxito brutal entre el público holandés. Es una historia de drogas, ambiciones, sexo, dinero, violencia, locura y estupidez. Es la historia de la irrupción de las líneas eróticas en la cultura ochentera. Y no es, ni una mala idea, ni siquiera una idea desaprovechada. Detrás de todo eso, lo que hay es la idea de un producto nuevo, ideado por la tecnología, que “cosificó” aún la sexualidad y la llevó desde la realidad del acto sexual con contacto físico, a la sexualidad íntima y solitaria y al fraude de creer que al otro lado hay una mujer realmente existente dispuesta a satisfacernos, por medio florín el minuto. Las líneas eróticas fueron el gran fraude a la sexualidad de los 80.

Recordarlo está bien. El hecho de que fueran caras, hacía necesario cierto autocontrol. Hubo concejales en España que gastaron más de 1.000.000 de las antiguas pesetas en estas líneas y el mismo hermano de Luis Solana, secretario general de la OTAN, conocido como “el verdugo de Yugoslavia”, tuvo un lugar en el pastel de líneas eróticas. Fue un fenómeno que pasó para ser sustituido por los politonos primero y la sexualidad compulsiva vivida a través de Internet. No es que hayamos mejorado, precisamente.

A pesar de su trasfondo humorístico, el poso dramático está constantemente presente en todos los episodios y, casi diríamos, en casi cada escena. El guion, muy bien estructurado, permite que la historia de las “líneas calientes”, avance aupada por las contradicciones y los choques de personalidad entre ambos hermanos, y la joven estudiante de psicología que no es consciente de las aguas en las que navega.

La serie tiene un ciclo histórico bien establecido: principios de los 80, cuando arranca, con ellos, el fenómeno de las “líneas calientes”, hasta la caída del Muro de Berlín, cuando se empiezan a considerar nuevos productos tecnológicos y el caos y la alegalidad en la que se han movido estas líneas, empieza a ser ordenado, incluso por Hacienda. Todo esto desatará las crisis de los protagonistas y el intento de suicidio de Frank.

Buena serie, buena temática, buena realización y buenas interpretaciones. Inexcusable para los abonados a Netflix o para los iniciados en la práctica del P2P.

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