FICHA

Título original: Krakowskie potwory
Título en España: Monstruos de Cracovia
Temporadas: 1 (8 entregas)
Duración episodio: 49-55 minutos.
Año: 2022
Nacionalidad: Polonia
Temática
: Drama
Subgénero: Terror
Resumen: Una joven estudiante cansada de vivir y con problemas psicológicos, se una a un grupo de alumnos cada uno de los cuales afirma tener alguna cualidad paranormal para estudiar a las órdenes de un profesor especializado en parapsicología que trata de desactivar las andanzas de un demonio que quiere controlar la tierra.
Actores: Andrzej Chyra, Malgorzata Bela, Magdalena Kolesnik, Anna Paliga, Kaja Chan, Barbara Liberek, Staszek Cywka, Malgorzata Rozniatowska, Malgorzata Gorol, Maja Chan, Mateusz Górski, Julia Wyszynska, Stanislaw Linowski, Eryk Pratsko, Ewelina Zak, Daniel Namiotko
Lo mejor: fotografía muy aceptable
Lo peor: los efectos especiales no están suficientemente elaborados
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Netflix el 18 de marzo de 2022. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 5,5

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Lo menos que puede decirse sobre MONSTRUOS DE CRACOVIA

Las series que vienen de Polonia tienen todas interés por algún elemento. Habitualmente se trata de series policiacas, o incluso históricas. Pero esto no vale para esta serie de terror parapsicológico estrenada por Netflix y con matrícula polaca. Es difícil encontrar en ella algo que pueda resultar original (quizás en Polonia, pero en España, el tema de la lucha entre el “ángel custodio” y el “demonio tentador” ha sido tratado hasta la saciedad).

La serie es cansina, larga, con unos efectos especiales y un “monstruo” mal diseñado y que, en ocasiones, parece el personaje de alguna comedia de Pixar. Definitivamente insalvable, Monstruos de Cracovia, pertenece a ese tipo de series, tan habitual (y casi diaria) de Netflix, de la que se prueba un primer bocado, pero se rechaza el resto por no convencer ni el aroma, ni el contenido, ni la materia, ni la substancia, ni siquiera el tufo.

El mundo eslavo esta repleto de leyendas populares sobre diablos y dragones que quieren hacerse con el control del planeta y que combaten contra valientes caballeros. Los guionistas han aprovechado el desconocimiento que se tiene en Europa Occidental (y, no digamos, entre los directivos de Netflix) cualquier cosa que huela a folklore popular eslavo, para situarlo la temática de la lucha entre el bien y el mal, entre lo que protege y lo que destruye, entre lo que salva y lo que condena, como centro de una trama excesivamente larga y poco brillante.

“Alex”, la protagonista, es una chica que bebe como una cosaca en bares nocturnos, se acuesta con quien quiere y, claro, en las noches, tiene pesadillas, no se sabe bien si por las malas elecciones de partener sexual o como efecto del vodka polaco. Vive con una chica de aspecto ambiguo. “Alex” quiere estudiar medicina forense y acude al examen de ingreso, pero allí llama la atención del director del departamento gracias a un dibujo que ha hecho en el margen de la hoja de examen. Se trata de un patólogo prestigioso que ha formado un grupo de estudiantes, interesados por fenómenos paranormales. Viven en comunidad y su gurú es el profesor. Cada uno de los miembros del grupo -nueve más el profesor, un número que tiene importancia en el folklore eslavo y en el judío- tiene habilidades propias, diferentes en cada caso, que les permiten percibir a entidades sobrehumanas (e infrahumanas) que viven junto a los humanos, sin que los percibamos. Sin comerlo ni beberlo, la protagonista se ve envuelta en estas búsquedas, descubrir a su ángel guardián y luchará contra el “gran tentador”.

Estamos, por tanto, ante una serie de terror. No experimentaremos excesivo terror, en realidad, en algunos momentos, el monstruo cabezón casi da risa y en otros, estamos tentador de bromear sobre el aspecto de la entidad protectora (luminosa y energética que no puede sino hacernos remitir a esta malhadada época de aumento del precio de la luz y del gas). La trama es lenta, pronto se separa de lo que, probablemente, sería su mejor baza -el folklore eslavo- para diluirse en las interrelaciones personales de los miembros de la comunidad y en gags efectistas que producirían terror de no ser porque han sido repetidos desde Boris Karlov hasta Paul Naschy.

La serie termina siendo una colección de “momentos freaky”. Como se sabe, entre lo sublime y lo ridículo hay solamente un paso y entre el terror y la carcajada la proximidad es tal que se corre el riesgo de pretender una cosa y obtener justo lo contrario. Que es justo lo que se la ha ocurrido a esta serie.

¿Lo mejor? La fotografía, sin duda. Pero con unas tomas y unos filtros, no se obtiene una buena serie. Otra serie, en definitiva, que nos hará dudar sobre la conveniencia de seguir pagando el abono mensual a esta plataforma.

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