FICHA

Título original Señor, dame paciencia
Título en España: Señor, dame paciencia
Temporadas: 1 (8 entregas)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2022
Nacionalidad: España
Temática
: Comedia
Subgénero: Familiar
Resumen: El director de una sucursal bancaria, con prejuicios conservadores, tiene cuatro hijos, uno gay, otra perroflauta, otra ecologista descolocada y otro informática. Ha enviudado y atraviesa una mala temporada: ha perdido el trabajo y es una carga para todos sus hijos. Afronta una mala situación que refleja todos los miedos de la clase media actual
Actores: Jordi Sánchez, Jorge Suquet, Carlos Librado, Félix Gómez, Silvia Abril, Adam Jezierski, Norma Ruíz, Mafalda Carbonell, Carol Rovira, Darío Paso, Santi Cuquejo, Tusti de las Heras, Lucía Ramos, Andrea Dueso
Lo mejor: un ensayo de crítica social a la condición de la clase media acomodada
Lo peor: nada, más allá del divertimento.
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Antena 3 el 1 de enero de 2022 . Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 6,5

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Lo menos que puede decirse sobre SEÑOR DAME PACIENCIA

La película del mismo título tuvo cierta aceptación en 2017, así que, Antena 3 se ha decidido a transformarla en serie, respetando a algunos actores y sustituyendo a otros. El resultado ha sido una prolongación de lo que fue el largometraje: un mero divertimento, sin más aspiraciones que caricaturizar la situación de la clase media acomodada, presentar una serie de clichés sobre arquetipos sociales y esperar que alguien considere el resultado final como “crítica social”. Pero no lo es, Señor dame paciencia, no pasa de ser un entretenimiento pasajero, sin más aspiraciones y sin más interés que el de algún gag afortunado.

El protagonista (Jordi Sánchez) es el arquetipo de burgués de la calle Serrano. Conservador hasta las trancas, reaccionario sin matices y socio del Real Madrid. Goza de una buena posición social como director de una sucursal bancaria. Además, es padre de una familia de las que ya no existen, con cinco hijos y ha llevado una vida de casado feliz hasta que su mujer ha fallecido en un accidente de tráfico. Esa muerte, supuso el principio de sus desgracias: no solamente no cobró la póliza de seguro de fallecimiento de su mujer, sino que, al reclamarla, fue despedido del banco en el que trabajaba (propietario de la aseguradora), luego se incendió su casa (y la misma aseguradora se negó a pagarle, creyendo ver un intento de fraude. Para colmo, sus cuatro hijos no son, en ningún caso, lo que a él le hubiera gustado que fueran: uno es abogado y gay, la otra es una perroflauta feminituda, luego está un informático poco inteligente y una ecologista new age permanentemente en las nubes. Ninguno de sus hijos se siente cómodo teniendo que albergar a su padre. Tal es el drama de un conservador.

El carácter “social” de la serie queda desmentido por el maniqueísmo de los arquetipos que toma como referencia. Todos ellos existen, pero muy difícilmente en el seno de una misma familia. Por lo demás, existen otros arquetipos que, igualmente, hubieran podido aparecer y, por cierto, mucho más presentes en la sociedad española: el porrero, por ejemplo; el ni-ni, el investigador que se va al extranjero por falta de expectativas en nuestro país y así sucesivamente. Igualmente, existen padres en el mismo Barrio de Salamanca con otros rasgos: ser del Atletic, ser progre, vivir de rentas acumuladas por la anterior generación, etc. Se ha elegido para la serie, a los arquetipos que más juego podrían dar en una serie de humor. Por otra parte, no todos los arquetipos son tan descerebrados como los de la familia del protagonista y él mismo.

La serie, más que argumento, tiene una sucesión de gags encadenados, de los que solo “funcionan” algunos (no necesariamente los más). Una serie puede aceptar desde el principio caminar por el sendero del surrealismo y carecer de pies y cabeza. Lo que ya resulta mucho más difícil es tratar de vestir una serie de este tipo como de “crítica social” y esperar que alguien se la pueda tomar en serio. En los primeros episodios, no se salva nadie: tanto la perroflauta, como el gay, como el informático, la ecologista y el propio protagonista no dejan de ser caricaturas inhabituales presentadas con rasgos superficiales hasta la simplificación más absoluta.

Los actores cumplen y recitan el guion que otros les han escrito. Casi todos los actores han cambiado, pero el tono del largometraje sigue siendo el mismo. Bastante tosco, facilón y pobretón. De hecho, la película, en su momento, tampoco tuvo un éxito espectacular. Tuvo unos beneficios más que discretos de 2 millones de euros y las críticas, en general, oscilaron entre lo malo y lo malísimo, hasta el punto de que cabe preguntarse porque Atresmedia no ha partido de cero, olvidando aquella película olvidable. La respuesta es simple: buena parte del pública es muy poco exigente. A esa parte, va dirigida esta serie.

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