FICHA

Título original Katla
Título en España: Katla
Temporadas: 1 (8 entregas)
Duración episodio: 43 minutos.
Año: 2021
Nacionalidad: Islandia
Temática
: Ciencia Ficción
Subgénero: Drama
Resumen: Un volcán islandés entra en erupción y un año después, de entre las cenizas que ha depositado aparecen réplicas exactamente iguales a algunos habitantes de la población más próxima. En ocasiones se trata de personas que han fallecido, en otras dobles de personas que aún existen. No recuerdan nada de su vida anterior, pero su presencia genera distintas reacciones y aparición de problemas imprevistos.
Actores: Guðrún Ýr Eyfjörð, Íris Tanja Flygenring, Ingvar Eggert Sigurdsson, Aliette Opheim, Þorsteinn Bachmann, Sólveig Arnarsdóttir, Birgitta Birgisdóttir, Gudrun Gildottir, Skúli Gautason, Björn Thors, Aldís Amah Hamilton, Kristín Þóra Haraldsdóttir, Helga Braga Jónsdóttir, Björn Ingi Hilmarsson, Valgerður Rúnarsdóttir, Baltasar Breki Samper, Valter Skarsgård, Haraldur Ari Stefánsson, Jóhanna Friðrika Sæmundsdóttir, Guðbjörg Thoroddsen
Lo mejor: una temática original y casi imprevisible.
Lo peor:  hubiera posible ser más rápida y con más ritmo especialmente en su tramo central                                                              
¿Cómo verlo?: Se estrenó en Netflix el 17 de junio de 2021. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 8

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DÓNDE VERLA

Lo menos que puede decirse sobre KATLA

Los islandeses han demostrado sobradamente, como mínimo desde hace diez años, que son capaces de elaborar una buena serie y conseguir colocarla en los streamings internacionales. Tan buen hacer -aún más meritorio para un país remoto y diminuto- ha sido recompensado por Netflix, el gigante del ramo, que ha facilitado la creación, producción, filmación y montaje de una serie de factura completamente islandesa. El resultado ha sido sorprendentemente bueno, aunque en su fondo hay ecos de series anteriores producidas en aquellas latitudes.

Katla es un volcán activo, realmente existente, que ya en 2010 entró en erupción y alteró los vuelos comerciales sobre aquella zona. Desde entonces, el volcán ha estado en permanente observación para detectar posibles nuevas erupciones. Pues bien, desde un observatorio instalado en las inmediaciones del volcán, uno de los científicos allí instalados ha divisado un cuerpo que parece caminar entre las cenizas de la erupción anterior. Se trata de una joven que no parece herida, solamente desorientada y cubierta de cenizas volcánicas. Será la primera de una serie de “apariciones” que darán lugar a la llegada al pueblo de media docena de personas que, o bien son iguales a otras que murieron antes, o bien reproducen a otras con su fisonomía de cuando eran jóvenes o bien, son exactamente iguales a personas ya existentes. Cada una de las familias afectadas reacciona de maneras diferentes: desde los que desconfían, a los que se aferran a la “resurrección” de la persona que creían muerta, hasta aquellos que miran al recién llegado con una mezcla de miedo, curiosidad, esperanza y rechazo a partes iguales. A lo largo de su desarrollo, esta serie abundará en estas reacciones.

Los recién llegados responden a una vieja creencia islandesa de que, en los volcanes se oculta algo siniestro y misterioso. Esta es una vieja temática de las series producidas en aquella parte del mundo, lo vimos en Midnattsol y el Jordskott y aquí vuelve a aparecer. Lo mítico tira en aquellas latitudes. La temática que subyace detrás de este guion gustará porque plantea un problema que hunde sus raíces en la filosofía clásica: “¿quién soy yo?” y en el principio de individuación, planteando también los problemas de “¿qué hubiera hecho yo en otras circunstancias?” o bien “¿cómo actuaría ante una segunda oportunidad?”. No falta, pues, trasfondo filosófico.

Uno de los aspectos mejor elaborados de esta serie es la búsqueda de escenarios naturales en los que situar la trama. La fotografía sorprende por su precisión y la grandiosidad de la naturaleza que nos muestra. A pesar de tener el planteamiento propio de un thriller, su desarrollo es sereno, sin nerviosismos, ni apresuramientos, casi apacible. Sin embargo, esta serenidad, que resulta muy efectivo a la hora de generar giros y sorpresas inesperados, es también, cuando se prolonga por un espacio excesivamente dilatado del metraje, el principal de defecto de esta serie que, en algunos momentos, puede parecer lenta.

Las críticas que ha cosechado Katla han oscilado entre lo elogioso y lo muy favorable. Nos sumamos a ellas. Lo más curioso es que cada crítico ha percibido esta serie desde un ángulo muy distintos, pero siempre, a pesar de lo “poliédrico” de la misma, ha dejado un buen recuerdo, incluso una emoción en algunos de sus aspectos más humanos y emotivos.

Una serie de este tipo era necesaria en un catálogo como el de Netfix en el que, con demasiada frecuencia, lo mejor queda subsumido bajo la hojarasca de un alud de series llegadas de horizontes lejanos, absolutamente irrelevantes, rematadamente infumables y absolutamente descorazonadoras que animan a cancelar la suscripción al streaming. Series como Katla es lo que nos reconcilian con Netflix, por mucho que hoy sean excepciones en su programación.

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