FICHA

Título original: El inocente
Título en España: El inocente
Temporadas: 1 (8 entregas)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2021
Nacionalidad: España
Temática
: Drama
Subgénero: Intriga
Resumen: Un joven mata accidentalmente a otro en una discoteca y pasa unos años de cárcel. En el interior de la prisión es sospechoso de matar a otro preso, pero, al salir, normaliza su vida, se casa y su mujer queda embarazada. Pero, a partir de ahí, todo vuelve a torcerse de nuevo porque ignora el turbulento pasado de su esposa.
Actores: Mario Casas, Aura Garrido, Alexandra Jiménez, José Coronado, Juana Acosta, Miki Esparbé, Xavi Sáez, Ana Wagener, Martina Gusman, Susi Sánchez, Gonzalo de Castro, Anna Alarcón, Josean Bengoetxea, Jordi Coll, Oriol Vila, Javier Beltrán, Aysha Daraaui, Alejandro Albarracin, Nico Conde, Kevin Avilés, Victor Solé, Adrià Escudero, Frank Feys, Eudald Font, Begoña Miranda, Asia Ortega, Gary Anthony Stennette, Aleida Torrent, Olivia Castanho, Sam Feuer, Mireia Vilapuig, Mima Riera, Santi Pons, Luisa Mallol, Ariadna Cabrol
Lo mejor: al final todo queda atado y bien atado
Lo peor: guion excesivamente retorcido y con elementos poco creíbles.
Lo más curioso
: Está basado en una novela de Harlan Coben
¿Cómo verlo?: Se estrenó en  Netflix el 30 de abril de 2021. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre EL INOCENTE

Esta serie permite ver a algunos de los mejores actores de la escena española en estos momentos, junto a otros mucho más mediocres y otros que no llegan siquiera a la categoría de aprendices aventajados. Siempre resulta un placer ver en acción a Pepe Corona o a Gonzalo de Castro o a susi Sánchez. También es bueno ver que, en los ocho episodios de El Inocente, la trama queda cerrada por completo, sin cabos sueltos, algo que en los primeros episodios parecía difícil de realidad a causa de la complejidad de la trama. ¿Qué la falla, pues, a esta serie y qué le impide tener una mayor calificación? Pues, sencillamente, que la trama resulta absoluta, total y completamente increíble y que es de un retorcimiento inaudito.

El primer y el segundo episodio parecen contar historias muy diferentes. En el primero, un joven, en el curso de una pelea discotequera, le da un mal golpe a otro joven, desnucándolo por accidente. El padre de la víctima nunca ha creído la versión del accidente, mientras que la madre ha terminado simpatizando con el asesino de su hijo. En la cárcel le ha ido mal: también allí ha sido sospechoso de la muerte de otro recurso, si bien no ha podido probarse nada. Ahora está en libertad, se ha casado, tiene un próspero bufet jurídico y todo parece irle viento en popa, hasta que su mujer le dice que tiene que viajar a Berlín para un negocio. A partir de ahí todo se tuerce. Segundo episodio, una monja se arroja por una ventana del convento, matándose. La priora llama a una antigua alumna que ahora es policía para que investigue el suicidio. Pero también parece interesado un miembro de la Unidad de Delitos Especiales que llega incluso a secuestrar el cadáver de la víctima. Todo induce a pensar que detrás de este suicidio hay algo que no está claro, especialmente porque la muerta no es quien dice ser. Ambos episodios no parecen tener nada que ver, sin embargo, a partir del tercer episodio, las dos historias tienden a confluir, se interrelaciones y, finalmente, se convierten en una sola historia cuyo protagonista es “Mateo Vidal” (Mario Casas), el miembro de la UDE es José Coronado y la “inspectora Aguilar”, la antigua alumna del colegio de monjas devenida policía de investigación criminal.

Hay serie españolas en donde el problema es que “no pasan cosas”, la trama es plana, estable, sin sorpresas, sin claroscuros. En esta ocurre justamente lo contrario: cada diez minutos ocurre algo imprevisto que modifica todo lo que pensábamos antes. Así pues, la intriga es elevado a la enésima potencia y no termina cuando la policía resuelve el caso, sino cinco segundos antes de los créditos finales, cuando se ata el último cabo que quedaba pendiente y lo entendemos todo. Así que la serie, está “atada y bien atada”. Casi diríamos demasiado atada. Porque para unir elementos tan diversos (prostitución, sexo refinado de pago al estilo de Eyes Wide Shut, prisiones, delincuencia organización, macarrillas cocaiconómanos, policías corruptos, inocentes que son mucho más de lo que parecen (o no), padres coraje y prisiones), los guionistas han tenido que hacer encaje de bolillos y el resultado es que, a partir de mediados del tercer episodio, la serie pierde credibilidad y en los últimos segundos de la última entrega se convierte en un producto casi de ciencia ficción.

Con un guion tan complejo y retorcido, es natural que a todos los personajes, sin excepción, les falte profundidad. No bastan unos trazos breves para hacerse una idea de cómo es un personaje: es preciso “trabajarlo más” y hubiera sido de desear que el guion se hubiera simplificado y refinado… sin duda, hubiera ganado en credibilidad. Reconocemos el avance que supone el que Netflix ofrezca la posibilidad de ver la serie subtitulada a tenor de las dificultades para entender lo que dice algún personaje principal con dificultades en la dicción y escasa habilidad para modular las palabras.

La serie está rodada en buena medida en Barcelona (en el interior del Banco de España de Plaza de Cataluña, en las galerías hoy desiertas de la cárcel Modelo, en lugares fácilmente reconocibles para los “lugareños”).  

Interesante, pero en absoluto “matadora”. Aceptable, pero nada del otro mundo. Para pasar el rato, no para quedar prendado por ella. Para ver a muy buenos actores actuando frente a otros menos buenos (o rematadamente malos). En Netflix desde finales de abril de 2021.

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