FICHA

Título original: The Social Dilemma
Título en España: El dilema de las redes
Temporadas: 1 (documental)
Duración episodio: 93 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Documental
Subgénero: Informática
Resumen: Un grupo de especialistas en informática que han trabajado todos ellos para las grandes redes sociales denuncian su propio trabajo y definen las redes sociales como cosificadoras de la especie humana y nueva forma de adicción con efectos similares a las drogas, además de ser una nueva y agresiva forma de capitalismo digital.
Actores: Catalina Garayoa, Barbara Gehring, Skyler Gisondo, Chris Grundy, Sophia Hammons, Kara Hayward, Vincent Kartheiser, Marty Lindsey, Tristan Harris, Tim Kendall, Aza Raskin, Justin Rosenstein, Shoshana Zuboff, Rashida Richardson, Renee DiResta, Jaron Lanier, Roger McNamee, Jeff Seibert, Chamath Palihapitiva, Sandy Parakilas, Sean Parker
Lo mejor: el abrir una ventana hacia un riesgo que, hoy, prácticamente, ha conquistado a toda la humanidad.
Lo peor: no hubiera estado de más denunciar la “corrección política” y la “reeducación ideológica” que practican las redes mediante la censura.
Lo más curioso
: el documental a recibido varias nominaciones y premios.
¿Cómo verlo?: Se estrenó el 9 de septiembre de 2020 y puede verse en Netflix . Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos y comprarse en DVD.

Puntuación: 9

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Lo menos que puede decirse sobre EL DILEMA DE LAS REDES

Prácticamente nadie está fuera de las “redes sociales”. A veces nos comunicamos con nuestros amigos a través de las redes, otras con desconocidos que se interesan por nuestro trabajo o nosotros por el suyo, a veces buscamos vídeos que nos hagan entretenida una tarde, o aprender algo, recordar una música, ver clips y comentarios que cualquier haya dejado sobre algo que nos interese, intercambiamos fotos, textos, músicas, vídeos… Y todo gratis. Pero los millones de terabytes y el consumo de energía, los sueldos de los cientos de técnicos que trabajan en esas empresas ¿quién los paga? Y, sobre todo, ¿pueden existir efectos secundarios en los usuarios de las redes? Estos son los puntos de partida de este demoledor documental realizado con testimonios de ingenieros y técnicos que, paradójicamente, han diseñado y han ocupado tareas de dirección en las más grandes redes sociales.

Se trata de un documental desalentador, imprescindible para comprobar la deriva que sigue la humanidad. La primera constatación: “cuando algo es gratis es que tu eres el producto”. Explicación: estas redes se mantienen gracias a que las empresas compran los datos que almacenan sobre nosotros. Así pues, es nuestra intimidad lo que está en venta. De ahí que nosotros seamos “el producto”.

Segunda constatación irrefutable: las redes sociales, especialmente en adolescentes y preadolescentes generan una adicción con efectos fisiológicos y psicológicos similares a cualquier droga química, inducen a depresiones, cambios de carácter y decisiones tomadas sin claridad mental. ¿La prueba? La tasa de suicidios de los milenials se ha disparado desde el momento en que empiezan a utilizar pantallas telemáticas. La búsqueda permanente de la aceptación por parte del grupo, permanentemente insatisfecha y mesurable por los “likes”, unido a las posibilidades de acoso, a las decepciones sobre los desconocidos que están al otro lado de la pantalla y la inmadurez mental propia de los adolescentes, ha producido un aumento de los suicidios y el que la “adicción a la red” sea considerado como una nueva dolencia psicológica.

Lo que nos enseña este documental es que los algoritmos de las redes sociales ya funcionan solos: contabilizan cualquiera de nuestros movimientos, registran nuestros posts, archivan lo que vemos y lo que dejamos de ver, nos clasifican por zonas de residencia, por edades, por afinidades, gustos e intereses, contabilizan las veces que recurrimos a ellas y, poco a poco, van creando un modelo virtual de nosotros mismos capaz de prever cómo vamos a reaccionar en todos los terrenos: en las compras, en las elecciones, en aceptar o rechazar cambios… No aciertan a la primera, pero el algoritmo se modifica y se corrige a sí mismo: es la Inteligencia Artificial, autoprogramable sin necesidad del concurso humano.

Todo esto podría parecer conspiranoico de no ser por que los testimonios con los que está construido este documental proceden de los técnicos que han diseñado estas redes y que han ocupado puestos de responsabilidad en las mismas. Uno de ellos nos dice: “en Syllicon Valley es habitual que los que trabajamos allí no dejemos que nuestros hijos tengan acceso a una pantalla telemática hasta que superen la adolescencia”. Y el tema dista mucho de estar apurado: porque, si bien las redes sociales permiten construir un perfil de nosotros y de nuestros comportamientos, no olvidemos que el móvil, incluso el robot de limpieza, “oyen” nuestras conversaciones. No es para cotillear sobre nuestra vida que escuchan lo que hablamos (y en el caso del robot de limpieza, conoce también nuestro hogar desde el interior), es que los datos ofrecidos contribuyen también a aportar más datos que interesarán a alguna empresa y le permitirán enfocar mejor su marketing y su publicidad.

Es una pena que en el documental no se mencionen las posibilidades de deformación política inherentes a las redes sociales. Los khmers rojos enviaban a cualquiera que caía en sus manos a campos de reeducación ideológica; ahora no hace falta llegar a esto: basta con que Twiter o Facebook ejerzan su censura y eviten la difusión de determinadas corrientes, ideas o informaciones. Todo sea para mayor gloria de la “corrección política”.

Un documental, en definitiva, imprescindible para todo aquel que quiera conocer el rostros siniestro de nuestro tiempo.

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