FICHA

Título original: Exterminate all the brutes 
Título en España: Extermindad a todos los salvajes
Temporadas: 1 (4 entregas)
Duración episodio: 55 minutos.
Año: 2021
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Documental
Subgénero: Historia
Resumen: Documental en cuatro entregas sobre el racismo y sus consecuencias, el colonialismo, la esclavitud, la inmigración, el “holocausto” y cualquier otro tema que pueda tener alguna relación con la “xenofobia y el racismo”
Actores: Raoul Peck, Alexei Algui, Josh Hartnett, Ettore D’Alessandro, Luis del Valle, Denis Lyons
Lo mejor: apela a los sentimientos antes que a cualquier otra consideración.
Lo peor: caótica y mezcla cualquier obsesión que haya tenido su director y guionista.
Lo más curioso
: los cinco documentales filmados por Peck van todos sobre la misma temática.
¿Cómo verlo?: Se estrenó en HBO el 8 de abril de 2021 . Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos y comprarse en DVD.

Puntuación: 4

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Lo menos que puede decirse sobre EXTERMINADOS A TODOS LOS SALVAJES

Al ver este documental, podemos suponer que las buenas intenciones, como el valor al soldado, se le suponen. “No está de más denunciar el racismo, así que, vamos a ver éste documental que planteamiento realiza”. Primer problema: el documental es disperso, caótico, desordenado, reiterativo, obsesivo, aburrido, en una palabra y, lo peor, es que tiene un solo objetivo: criminalizar a los europeos de hoy -y, por extensión “a los blancos”- sobre crímenes, presuntos o reales, que cometieron generaciones anteriores. Como si el tataranieto de un asesino en serie, debiera de purgar los delitos cometidos por su tatarabuelo.

Pero esto no es lo peor de este documental. Lo realmente terrible es que solamente apunta contra “los blancos” en una intolerable muestra de racismo a la inversa. No se dice nada, por ejemplo de los actuales asesinatos cometidos, aquí y ahora, contra granjeros blancos en Sudáfrica o por la consideración que tienen los blancos pobres en aquel país, como escoria. Se habla mucho de la esclavitud, pero en ningún momento se recuerda que los traficantes que vendían carne humana en los EEUU hasta la Guerra de Secesión, eran musulmanes y que eran ayudados en su trabajo por tribus africanas que capturaban a individuos de tribus enemigas. Ni se dice, por supuesto que en Europa había esclavos blancos hasta tiempos relativamente recientes. O que, aquí y ahora, en África, alguien con la piel más negra que otro con piel menos negra, es considerado como “negro” y despreciado… O que, si hubo matanzas entre hutus y tutsis se debía a las rivalidades étnicas… entre distintas tribus africanas. O que no fue lo mismo el exterminio sistemático de los indios norteamericanos, que las políticas de conversión al catolicismo de la colonización española. O que el “holocausto” que se repite obsesivamente no tiene nada que ver con el tema central del documental.

Lo peor que puede ocurrirle a un documentalista es dejarse, en primer lugar, dejarse arrastrar por sus propias obsesiones y fantasmas interiores, no reconocer que su propio grupo racial, también es culpable de muchos crímenes idénticos a los que denuncia. Pero, descendiendo del umbral de las intenciones al de las realizaciones prácticas, lo peor de un documental es cuando su estructura interna es caótica, desordenada; el mismo tratamiento del tema disperso y sin rumbo, sus entregas entremezclan temáticas y su realización contradictoria, sin coherencia interna, sus pretensiones científicas ridículas (cuando dice que “desde el punto de vista científico, las razas no existen”, hubiera debido decir “desde el punto de vista científico, no existe la ‘raza humana’, lo que existe es el ‘género humano’, dividido en ‘razas humanas’”). Al cabo de 15 minutos de la primera entrega empezamos a ver los problemas de este documental.

¿Vale la pena ver este documental? Solamente para un tipo de espectador: aquel que quiera conocer lo que es la “post-verdad”. Es un tema muy de moda: a la post-verdad no le importe, ni el rigor, ni siquiera que los datos ofrecidos se correspondan con la objetividad o carezcan casi completamente de relación con la “verdad”. De lo que se trata es de apelar a los sentimientos. Es decir, de construir otra verdad, que esté acorde con la “corrección política”. Del ”amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”, se ha pasado, al “Platón dice como verdad lo que le dicta la corrección política”. Creemos haber sido muy generosos y abiertos calificando a este documental con un suspenso. El falseamiento deliberado de la verdad -y este documental abunda en esa dirección- merece un cero absoluto.

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