FICHA

Título original The Lost Tomb of Alexander the Great
Título en España: Alejandro Magno: descubriendo su tumba perdida
Temporadas
:  (documental)
Duración episodio: 44 minutos.
Año: 2012
Nacionalidad: Reino Unido
Temática
: Arqueología
Subgénero: Mundo clásico
Resumen: Una arqueóloga de origen griego, Pepi Papakosta, busca la tumba de Alejandro Magno en un parque de Alejandría que, según algunos datos escritos, podría estar ubicada allí. La arqueóloga se ha beneficiado de un permiso del gobierno egipcio para excavar en una zona poblada en las inmediaciones.
Actores: director Duncan Singh, fotografía Patrick Acum, Pepi Papakosta,
Lo mejor: Se mantienen las esperanzas durante 44 minutos.
Lo peor: No se encuentra nada.
Lo más curioso
:  La arqueóloga había encontrado previamente una estatua Alejandro Magno.                                                                      
¿Cómo verlo?: Se estrenó en el Canal Disney+ y AppleTV. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos y comprarse en DVD.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre ALEJANDRO MAGNO: DESCUBRIENDO SU TUMBA PERDIDA

Otro de esos documentales que prometen mucho, pero se limitan a ofrecer -al menos en este caso- unos datos ya conocidos y unas imágenes de excavaciones realizadas en un parque del casco urbano de Alejandría, pero que, finalmente, resulta engañoso: por si alguien tenía dudas, el documental no concluye de manera apoteósica con el descubrimiento de la tumba del gran macedonio, sino con el final del período en el que la arqueóloga Pepi Papakosta había sido autorizada a excavar en la ciudad.

Desde hace muchos siglos, todas las fuentes coinciden en afirmar que si Alejandro Magno fue enterrado en algún sitio, debió serlo en la ciudad que llevaba su nombre, Alejandría. Situada en el Delta del Nilo, la ciudad fue fundada por Alejandro y se convirtió en un populoso centro comercial, pero también en donde florecieron en los últimos siglos antes de Cristo y en los tres siglos posteriores, escuelas de filosofía que solamente fueron redescubiertas durante el Renacimiento. Así pues, cuando una arqueóloga de origen griego, afirma que la tumba de Alejandro está en la ciudad que lleva su nombre, no está diciendo nada nuevo. Pero el problema es que Alejandría tiene varios cientos de kilómetros cuadrados y la tumba de Alejandro dista mucho de estar ubicada. Para la arqueóloga en cuestión, no hay duda de que estaría cerca de lo que en otro tiempo fue el centro histórico de la ciudad. Lo cual, parece lógico. Y esto abre otro problema: porque la ciudad de Alejandría ha cambiado mucho en los últimos siglos y se ha visto salpicada por un urbanismo salvaje que ha destruido la mayor parte de rastros históricos y de yacimientos arqueológicos.

Si la arqueóloga Papakosta pudo obtener un permiso, fue porque el lugar elegido por ella, se encuentra en un parque público que iba a ser remodelado. La arqueóloga venía precedida por la fama de haber encontrado una estatuilla de Alejandro Magno, sin brazos. Y, además, por que ha dedicado buena parte de su vida a ubicar la tumba del macedonio. Pero no ha tenido suerte: la tumba es esquiva y, lo más probable es que fuera destruida durante la primera dominación árabe.

Pero, ya se sabe que hoy, se un carrete de hilo hay quien aspira a trenzar un jersey. A pesar de que intuimos que en la excavación no se encontrará gran cosa, seguimos pegados al plasma hasta el final, cuando una decepcionada arqueóloga y unos mohínos ayudantes, empiezan a perder las esperanzas, se les acaba el tiempo de la autorización para excavar, pero afirman que seguirán buscando con el mismo tesón. Así pues, la esquiva tumba permanece oculta y la búsqueda se salda -no hay que tener miedo a las palabras- con un fracaso absoluto.

En determinados documentales, lo importante no es el final sino cómo se llega a él. En arqueología, fracasar siempre es posible, pero, a veces, el relato del fracaso es la gran lección que nos puede ofrecer la iniciativa. Es lo que National Geographic (distribuidora en este caso del documental) sostiene: a pesar de ser negativo el resultado final, hemos aprendido algo sobre Alejandro Magno cuando aparecen los créditos tras el the end.

Sí, pero eso no era lo prometido en el título: “Descubriendo la tumba perdida” quiere decir, con otras palabras, que esa tumba está al alcance de la mano. Y luego resulta que no lo está y que hemos aprendido algo que probablemente ya sabíamos o que hubiéramos podido leer en una noticia corta. National Geographic corre el riesgo de que, al final, nadie atienda a sus documentales sobre arqueología y que estos materiales terminen siendo “fakes news”. Y no me negarán que es triste.

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