FICHA

Título original: El Cid
Título en España: El Cid
Temporadas
: 1 (5 episodios)
Duración episodio: 72-59 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: España
Temática
: Drama
Subgénero: Historia
Resumen: Drama de orientación seudo-histórico sobre la vida de Rodrigo Ruiz Díaz de Vivar, El Cid. La historia se desarrolla en medio de luchas fratricidas entre León y Castilla, en una península en la que conviven cristianos, musulmanes y judíos. La serie se desarrolla cuando el futuro Cid es apenas un escudero del infante Sancho, hijo de Fernando, Rey de León. En esa posición descubre una conjura en la que participa su propio abuelo.
Actores: Jaime Lorente, Carlos Bardem, Elia Galera, Ginés García Millán, José Luis García Pérez, Juan Echanove, David Castillo, Lucía Díez, Juan Fernández, Lucía Guerrero, Nicolás Illoro, Zohar Liba, Jaime Olías, Francisco Ortiz, Álvaro Rico, Alicia Sanz, Daniel Tatay, Amr Waked, Pablo Álvarez, Adil Koukouh, Sara Perles, Emilio Buale, Zohar Liba, Hamid Krim, Ignacio Herráez, Sara Vidorrera, Alfons Nieto,
Lo mejor: Juan Echanove, como “Obispo Don Bernardo” cantando en gregoriano.
Lo peor: argumento sin pies ni cabeza y algunas interpretaciones de BUP.
Lo más curioso
: Ha sido producido por Zebra Producciones, creado y dirigido por José Velasco.
¿Cómo verlo?: Se emite en Amazon Prime Video desde el 18 de diciembre de 2020. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 5

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Lo menos que puede decirse sobre EL CID

En ocasiones, cuando se anuncia una serie, desde la presentación (ver clip), uno está seguro de que puede temerse lo peor: luego, cuando ve la serie, se convence de que resulta imposible reunir tamaña cantidad de insensateces históricas, malas interpretaciones, decorados repletos de arcaísmos y lenguajes tan ausentes en el siglo XI, como esta serie que, extrañamente recuerda en algunos momentos -casi a modo de inversión- a Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locas aventuras (1975) de los Monty Python-.

No se puede hacer una serie con actores que parte de sus diálogos resultan ininteligibles y deberían ser subtitulados. No se puede hacer una serie histórica sin ninguna base histórica. No se puede hacer una serie ambientada en el siglo XI con actores y diálogos propios de la “basura blanca” del siglo XXI. No se puede hacer una serie que remite al medievo con las temáticas políticamente correctas, cantinelas habituales hoy en nuestros días. Y, sobre todo, no se puede hacer una serie floja-flojísima en un momento en el que la abundancia de streamings exige calidad y competencia. La serie, merecería un suspenso sin paliativos que eludimos dar por respeto a la imagen histórica del Cid y a la historia de España.

“En Santa Gadea de Burgos, do juran los fijosdalgos, así tomó juramento el Cid al buen rey castellano”. Así comienza el Poema del Cid, una de las joyas de la literatura medieval cuya lectura estremece por la riqueza expresiva de la lengua castellana, todavía en sus albores. Inútil decir que nada de esto encontramos en esta extraña historieta (que alguien ha definido como un “Juego de Tronos de Aliexpress”) que se parece al personaje histórico como un huevo a una castaña. Es cierto que, tanto el poema como determinada historiografía patriótica han presentado al Cid como un mercenario y que hubiera sido de desear algo parecido a lo que han hecho en Italia con la serie Romulus: una dramatización del mito de la fundación de Roma, basada en hallazgos arqueológicos y estudios antropológicos. En lugar de eso, lo que nos ofrecen es un culebrón a medio camino entre Al salir de clase y Juego de Tronos, con algunos buenos actores obligados ejerciendo de reyes de Castilla y León obligados por el guion a comportarse como patanes tabernarios, coreografías de peleas con espada que me recordaron los juegos de nuestra infancia, reivindicación multiculturales y feministas ineludibles y tópicas en los tiempos que corren y una España medieval irreconocible que genera sonrisa de conmiseración hacia los becarios que han compuesto el atisbo de guion.

Fotografía mediocre, encuadres poco elaborados, arcaísmos, interiores de cartón piedra, efectos especiales propios de la década de los 90, actores sin carisma ni presencia escénica y situaciones, más inspiradas en los Monty Python que en la historia de España. Y, para colmo, unos cristianos pringosos de grasa y suciedad, más bestias que un arado, y unos musulmanes impólutos, concursantes de Pasapalabra que lo saben todo sobre todo, a lo que se añaden  infanzonas, princesas y doncellas con reivindicaciones e ideas propias de las FEMEN. Unos y otros, todos, salvo los musulmanes que utilizan un lenguaje propio de asambleas de la Real Academia, hablan un castellano propio de reality. Terrible, en general y mucho más terrible si examinamos cada elemento.

No vale la pena. La serie da para bromas, sonrisas y carcajadas, ironías ingeniosas y sátiras mordaces. Para nada más. La salva del suspenso el que está dedicada al Cid (respeto para nuestra historia, respeto para nuestros ancestros). Si hubiera estado dedicada a un personaje ficticio, la serie era para correrla a gorrazos. Sin redención posible.

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