FICHA

Título original Chambre 2806: l’affaire DSK
Título en España: El imputado de la habitación 2806
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 43-47 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Francia
Temática
: Documental
Subgénero: True Crime
Resumen: El 14 de mayo de 2011, Dominique Strauss-Khan, entonces director del Fondo Monetario Internacional y candidato socialista a la presidencia de la República Francesa fue detenido en el aeropuerto de Nueva York acusado de violar a una camarera del hotel Sofitel en el que se alojaba. Este documental cuenta todos los particulares del caso.
Actores: documental, Jalil Lespert (Director), Dominique Strauss-Khan (imputado),
Lo mejor: Una panorámica del caso con casi todos los antecedentes y algunos consecuentes.
Lo peor: En algunos momentos da la sensación de que se ofrece la versión querida por el violador.
Lo más curioso
: Después de violar a una africana, Strauss-Khan asesora a… gobiernos africanos.
¿Cómo verlo?: Se emite desde el 1 de diciembre de 2020 en Netflix. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre EL IMPUTADO DE LA HABITACIÓN 2806

Vamos a recordar brevemente lo que ocurrió en el hotel Sofitel de Nueva York el 14 de mayo de 2011: una sirvienta del servicio de limpieza denunció haber sido víctima de una agresión por parte del huésped de la suit 2806. El agresor era Dominique Strauss-Khan, director del Fondo Monetario Internacional y virtual candidato socialista a la presidencia de la República Francesa. Este documental pasa revista a todos estos hechos y reconstruye el contexto en el que se produjeron, caracterizado, sobre todo por la crisis económica de 2009.

Si el documental se hubiera realizado en los EEUU, la figura de Strauss-Khan se hubiera presentado como insalvable, pero al ser de factura francesa, el director, Jalil Lespert, ha enfatizado la “objetividad”. Y esto es lo que más llama la atención, porque, parte del documental está destinado a presentar la idea de que Strauss-Khan (a partir de ahora DSK) fue víctima de una conspiración. Y este es el punto, porque, si bien es cierto que, tanto en el Partido Socialista, como en los medios de la seguridad del Estado (era presidente Sarkozy y DSK sería su rival en las siguientes elecciones), se conocían perfectamente sus aficiones sexuales y los morbos y estos se explotaron políticamente al estallar el affaire, no es menos cierto que la responsabilidad de una violación solamente compete al violador.

El violador, DSK, era multimillonario (casado, además, con una multimillonaria), poderoso en tanto que director del FMI, mientras que la violada era una inmigrante ilegal que había debido mentir para obtener asilo en EEUU (como suelen hacer todos los inmigrantes ilegales que piden asilo en países del Primer Mundo), analfabeta, sin oficio ni beneficio. Obviamente, DSK y su esposa contrataron a los mejores abogados de Nueva York y, seguramente, presionaron a la fiscalía que retiró los cargos al considerar que no existían pruebas suficientes para demostrar una violación (las había y en grado sumo). Por si acaso, abogados del Partido Socialista francés le recomendaron que, en caso de que el juicio prosperara, tuviera presente que bastaba con que uno de los miembros del jurado tuviera una “duda razonable” para que fuera absuelto y, dado que en Nueva York era probable que uno o dos miembros del jurado fueran judíos, le hicieron llegar un par de rabinos de los que habló toda la prensa (tanto DSK como su esposa eran judíos de nacimiento). Además de este dato, otros miembros de la dirección socialista entrevistados por el documental, reconocen que DSK tenía fama de “seductor”. Para acallar a la víctima, los abogados de ambas partes llegaron a un acuerdo.

DSK volvió a Francia, pensando, incluso seguir siendo candidato socialista en las elecciones presidenciales: como buen psicópata desconocía las implicaciones morales del caso y pensaba que la cuestión se olvidaría pronto. La hija de una diputada socialista también denunció una supuesta agresión de la que fue objeto al ir a entrevistarla… y, a pesar de que todas las pruebas jugaban en su contra, salió indemne. Poco después volvió a ser detenido, en esta ocasión en Francia, por un asunto de proxenetismo -en realidad se trataba de una red de prostitutas contradas por el entorno de DSK que participaban en juegos sexuales e intercambios. También salió airoso de este juicio (pero le costó su matrimonio y, por supuesto, terminó por arruinar sus expectativas políticas).

Todo esto es lo que nos cuentan este documental sobre el caso. El problema es que DSK es presentado como un “seductor”, como “el más brillante de los economistas franceses”, un “hombre imprescindible en el FMI en tiempos de crisis” y, la peor insinuación: “todo fue un montaje para desprestigiarlo”. Pues bien, parte del documental presenta estos argumentos, en lugar de describir a DSK como un psicópata sexual sin escrúpulos y al FMI como institución depredadora. Obviamente, la magnitud del escándalo fue tal que la figura de DSK resulta, incluso hoy, insalvable, pero el hecho de que se siembre en el espectador una “duda razonable”, implica una adulteración torticera de los hechos, especialmente cuando todas las pruebas periciales recabadas por la policía neoyorkina y por los CSI muy reales, apuntaban a la violación, por mucho que la víctima hubiera mentido a la hora de pedir asilo en los EEUU.

El caso DSK demuestra que algo huele a podrido en la alta finanza y en las instancias político-económicas internacionales. Los espectadores que previamente hayan visto el documental Jeffrey Epstein: asquerosamente rico, percibirán ciertas concomitancias entre ambos casos y, seguramente, experimentarán la misma repugnancia y las sospechas de que los poderosos pueden permitirse cualquier exceso: Epstein está muerto, “suicidado” en su celda, pero su compañera, la hija del magnate de prensa Rupert Murdoch, permanece en prisión. Como DSK y su esposa, eran exponentes de la alta finanza y el poder económico, mimados por la prensa, considerados “progresistas” y, ambos con rasgos propios del psicópata y depredador sexual. ¿Cuántos más hay como ellos?

Un buen documental al que le falta algo de decisión a la hora de condenar a DSK. No hubiera estado de más recabar la opinión de algún psiquiatra. Debe verse, casi necesariamente, con el dedicado a Epstein, mucho más duro y decidido a no ofrecer coartadas que generen “dudas razonables”… En Netflix.

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