FICHA

Título original: 30 monedas
Título en España: 30 monedas
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: España
Temática
: Drama
Subgénero: Terror
Resumen: En un pueblo de castilla una vaca, al parir, da a luz un niño. Este crece de manera anormal en pocos días, transformándose en un monstruo. El cura del pueblo, un antiguo exorcista que, en Italia, en el curso de una ceremonia para liberar un endemoniado, recuperó una de las 30 monedas que recibió Judas tras entregar a Cristo, hombre enérgico, realista y que conoce el trabajo del Diablo, toma cartas en el asunto, mientras el resto de notables del pueblo (el alcalde y su esposa, el guardia civil, la médico, la veterinaria, algunos vecinos…) se estremecen con los fenómenos paranormales que ocurren.
Actores: Eduard Fernández, Megan Montaner, Miguel Ángel Silvestre, Macarena Gómez, Manolo Solo, Pepón Nieto, Carmen Machi, Secun De La Rosa, Paco Tous, Javier Bódalo, Jaime Ordóñez, Francisco Reyes, Mafalda Carbonell, Julián Valcárcel, Abril Montilla, Mariana Achim, Cosimo Fusco, Bianca Kovacs, Johnny Melville, Riccardo Frascari, Nourdin Batan, Oscar Garcia Martin, Leonardo Nigro, Manuel Tallafé, Mariano Venancio, Enrique Martínez, José Alias, Carla Tous, Antonio Durán, Jorge Andreu, Nacho Braun, Elisa Matilla, Nuria González, Greta Fernández
Lo mejor: buena fotografía.
Lo peor: prioridad a efectos especiales, higadillos y gritos, antes que a un argumento digno de tal nombre.
Lo más curioso
: La serie se estrenó en el Festivas de Cine Fantástico de Sitges el pasado 11 de septiembre.
¿Cómo verlo?: Emitido por HBO desde el 29 de noviembre de 2020. Tambien puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre 30 MONEDAS

El primer episodio de 30 monedas no deja de sorprender. En efecto, lo que vemos en el plasma es una serie de escenas deslavazadas e inconexas, un mensaje único (las 30 monedas de Judas son un arma poderosa porque sirvieron para vender a Cristo), unos cuantos efectos especiales, asesinatos a cascoporro que prometen ir a más, fenómenos paranormales y golpes de efecto habituales en el cine de terror. Y todo ello protagonizado por buenos actores que prestan su rostro a un argumento plano que, por lo demás, es el propio de Alex de la Iglesia, repetido en tantas ocasiones que genera cansancio: el Diablo por aquí, un cura pintoresco por allá, personajes propios de la España profunda, fenómenos paranormales y lanzadas a moro muerto (la Iglesia Católica). Eso es todo, lanzado con un poderoso aparato publicitario que inducía a pensar, sobre todo a los incautos, que esta iba a ser la “serie del año”.

La introducción nos sitúa en el drama evangélico del Calvario. Judas se ahorca tras haber recibido las 30 monedas e intentado devolverlas. Estas van a parar a bolsillos de los presentes en el templo de Jerusalén y pasan de mano en mano hasta llegar a nuestros días. Una de ellas está depositada en un banco: un pistolero invulnerable gracias a un escapulario (o algo así), entra, mata hasta al apuntados y sale con la moneda para entregársela a un sacerdote. Y de ahí, pasamos a un establo moderno de vacas en un pueblo perdido de la áspera meseta. La veterinaria se enfrenta con un parto difícil, cuando logran que lo que debería ser un ternero viera la luz, resulta que es un niño. La vaca -sí, la vaca- ha parido un niño. Blanco y en botella: es la mano del Diablo. El alcalde del pueblo -un julay de tomo y lomo- y la veterinaria se entrevistas con el cura. Éste es un antiguo exorcista que luchó contra el Diablo en varias ocasiones, en una de ellas, el poseído expulsó una moneda a través de la piel. Era otra de las 30 monedas que el Diablo pretende ahora recuperar. Pronto, en el pueblo empiezan a suceder fenómenos paranormales que se traducen en un reguero de crímenes y muertes que corren el riesgo de dejarlo despoblado.

Los actores, especialmente algunos de ellos, están brillantes: Eduard Fernández está que se sale, Carmen Machi -en un breve papel- también merece un sobresaliente, Miguel Ángel Silvestre,  Macarena Gómez, Pepón Nieto se ajustan a sus papeles y merecen una buena nota. Ahora bien, todos ellos están al servicio de un guion flojo, esperpéntico, sin pies ni cabeza. No basta con tomar la leyenda de las 30 monedas y repetir hasta la saciedad que sirvieron para comprar y vender a un Dios, sino que hace falta trabajar algo más el argumento. No se ha hecho y, por tanto, todo dependía de la inversión en promoción publicitaria y de emplear un casting que no pudiera fallar. Eso es lo que se ha hecho. Bien, vemos la primera hora del piloto y al acabar los sobresaltos, los efectos especiales y la riada de asesinatos, nos preguntamos si todo va a ser así o algo va a cambiar.

La fotografía es buena y algunos encuadres resultan notables, pero se olvidan pronto y, cuando, al acabar el episodio, se medita sobre lo visto, nos invade la certidumbre de que hay directores de una sola película. La de Alex de la Iglesia fue El día de la bestia (1995) desde entonces no ha dejado de dar vueltas al mismo tema; 30 monedas es otra reedición de lo mismo, solo que con ausencia total de originalidad.

Esa falta de originalidad no quieta que el nuevo producto mame -y mama mucho- de películas como El Código Da Vinci (por lo que tiene de “conspiración de la Santa Sede”), de El Exorcista (y de una larga serie de productos menores sobre posesiones demoníacas), del cine de Paul Naschy (aprovechar una leyendas para armar en torno a ella una cinta), pero sobre todo de sí mismo (El día de la bestia, Las brujas de Zugarramundi, Balada triste de trompeta e incluso de Pluton B.R.B. Nero). Yo le sugeriría que en la próxima película, serie o corto, en lugar de un cura católico, coloque de protagonista a un imán perseguido por los “perros del infierno” (tema de mucha raigambre en el mundo islámico) durante la “fiesta del cordero” porque ha encontrado un cuadro en el que se representa a Mahoma… porque seguir dando lanzadas al Vaticano en un momento en el que las mezquitas están más frecuentadas que las iglesias incluso en nuestro país, indica que tampoco en esto, De la Iglesia ha sido original…

Lo que más nos tememos, además, es que después del espitoso piloto, la serie vaya perdiendo fuelles más y más. La sospechosa y sorprendente unanimidad de la crítica ante este producto, indica que, o bien la crítica “bienpensante” sirve para poco, o bien la crítica se ha convertido en tan poco exigente como buena parte de la audiencia. Si fuera por el argumento, la serie merecería un suspenso. La salvan los actores y la dirección de fotografía.

Apta para incondicionales de De la Iglesia, para encandilados con temas de exorcismos y rollos paranormales gratuitos y para seguidores de Eduard Fernández o de alguno de los rostros del reparto. Resto, abstenerse.

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