FICHA

Título original The Curse of Oak Island
Título en España: La maldición de Oak Island
Temporadas: 7 (112 episodios)
Duración episodio: 43 minutos.
Año: 2014-2020
Nacionalidad: Canadiense
Temática
: Documental
Subgénero: Misterios
Resumen: Un grupo de buscadores de tesoros, obsesionados desde principios de los años 60, con la existencia de un tesoro en Oak Island, costa del Sur de Nueva Escocia, en Canadá, se aprestan a buscarlo con todo lujo de utillaje moderno. En cada temporada elijen una zona en la que realizar prospecciones, pero el tesoro se muestra esquivo. Diversos personajes aparecen aportando sus ideas… lo que tampoco contribuye a acercarse al tesoro.
Actores: documental con personajes reales, protagonistas Marty Lagina y Rick Lagina, con la ayuda de Dan Blankenship y Dave Blankenship.
Lo mejor: la búsqueda de un tesoro que siempre supone un estímulo para la imaginación.
Lo peor: que en siete temporadas no han encontrado absolutamente nada.
Lo más curioso
: Los presupuestos para cada temporada superan el millón de dólares.
¿Cómo verlo?: En Amazon Prime Video pueden verse solamente las temporadas 3 y 4. También puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos. Puede comprarse en formato DVD.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre LA MALDICIÓN DE OAK ISLAND

Si comentamos esta serie es por dos motivos: aparece en el catálogo de Amazon Prime Video y es síntoma de una serie de productos parecidos que se van prolongando, e incluso consiguen mantener la atención de espectadores de espíritu freaky, pero, tras la cual no existe nada sólido. Lo increíble de esta serie es que va prolongándose durante siete temporadas y, al acabar la última, todavía promete otra más. Como si el “producto” distara mucho de estar agotado. Y si no lo está es porque no se ha cumplido el leit-motiv de la serie: encontrar un tesoro.

En efecto, los protagonistas son dos hermanos y un anciano empresario de la construcción que en 1962 leyeron cinco páginas en Selecciones del Reader’s Digest sobre un tesoro escondido en una pequeña isla de apenas un kilómetro cuadrado, en las costas de Nueva Escocia. Al parecer, no les fue mal en la vida y cuando dispusieron de tiempo y capital suficiente para invertir decidieron consagrarlo a la que se había convertido en su obsesión: la búsqueda de un tesoro. Seguramente para amortizar costes y convertir el proyecto en mínimamente rentable, empezaron a filmar esta serie para el canal Historia.

Oak Islas es un islote prácticamente plano, con pocos desniveles, en el que la vox populi sitúa un tesoro oculto desde el siglo XVII ó XVIII. Sería algo parecido al descrito en la serie de películas protagonizadas por Nicolas Cage, La Búsqueda (con entregas en 2004, 2007 y de la que se anuncia otra para 2020). Los “buscadores” del tesoro discuten todavía sobre si era un antiguo tesoro templario llegado de Europa, otros sostienen que sería un tesoro procedente de expediciones piradas, los hay que defienden que, además de oro, hay perlas, diamantes, petróleo e incluso uranio. En fin, un cajón de sastre que, en última instancia, tiene como fuente de información aquel artículo inicial de las inefables Selecciones del Reader’s Digest.

En cada temporada vemos como los buscadores exploran una zona de la isla. No encuentran nada, por supuesto, seguramente porque no hay nada que encontrar. Hoy sabemos cómo trabaja el periodismo: un rumor puede convertirse en notición de primera página cuando un periodista poco dotado decide construir una historia… que se olvidará mañana, pero que solamente marcará la mente de algunos freakys. Esta es la historia de Oak Island que, en sí misma, no merece muchos comentarios.

Dudamos de la credulidad de los promotores de la serie (de hecho, uno de los dos hermanos, muestra siempre una sonrisa irónica suficientemente elocuente) que prestan oídos a las más inverosímiles teorías (que si aparece una historiadora que “está en posesión” de un documento templario del siglo XII escrito en un “código secreto” (y nunca antes utilizado por los templarios), que si aparecen unos “expertos en nuevas tecnologías” que han desarrollado un sistema que permite localizar tesoros sobre fotografías realizadas por satélites de observación, que si “historiadores” que hablan de tales o cuales galeones españoles perdidos, que si un clavo de ferrocarril, presuntamente encontrado a 40 metros de profundidad, es, en realidad, el clavo que fijaba las tablas de la cubierta de un galeón del XVII, y así sucesivamente, hasta el cansancio, el hastío, el agotamiento de un filón que, al parecer, dista mucho de haber concluido.

Y, claro está, al terminar cada temporada, el equipo de buscadores se reúne, pasa revista a sus “descubrimientos” (una madera podrida en el fondo de un estanque, un trozo de hierro encontrado en un pozo, un hoyo que “parece” cavado por el hombre, etc, en definitiva, nada). Y, a la vista de tales hallazgos, renuevan su optimismo y su fe en el tesoro maldito y quedan para la próxima temporada.

Insistimos, si hemos traído la serie a este blog de series es en tanto que síntoma de una época en la que un público poco exigente queda hipnotizado por la pantalla y por las seudo-leyendas, sin pies ni cabeza, que les cuentan unos freakys cuyo único mérito es haber hecho realidad aquel cuento en el que un padre dice a sus hijos que en su terreno hay un tesoro; éstos lo remueven tanto que oxigenan la tierra que da cosechas como nunca antes. Aquí, en Oak Island, lo que ha ocurrido es que la búsqueda de un tesoro se ha convertido, en sí misma, en el tesoro.

Para amantes de las series documentales freakys. Y, por supuesto, la isla no tiene ninguna maldición, contrariamente a lo que sugiere su título, a no ser que la maldición sea hacer perder el tiempo al espectador. Serie demostración de que el público hoy se conforma con productos de mínima calidad y nula solvencia.

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