FICHA

Título original Antidisturbios
Título en España: Antidisturbios
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: España
Temática
: Thriller
Subgénero: Intriga
Resumen: Una furgoneta de antidisturbios acude para garantizar un desalojo judicial. En el curso de la operación muere accidentalmente un africano. La investigación posterior de “asuntos internos” descubre una trama de corrupción en la que participan jueces, altos cargos de la policía, funcionarios y ex agentes.
Actores: Vicky Luengo, Raúl Arévalo, Hovik Keuchkerian, Álex García, Roberto Álamo, Raúl Prieto, Patrick Criado, Tomás del Estal, David Lorente, Mónica López, Nacho Fresneda, Alfonso Bassave, Nico Romero, Iria del Río, Marta Poveda, Chema Tena, Carlos Blanco, Malcolm Sitté, Thimbo Samb, David Luque, Benjamin Lockie, Julien Paschal, Amada Santos, Pilar Serrano, Yan Tual, Blanca Apilánez
Lo mejor: la fotografía y el casting
Lo peor: existen dos tramas principales y demasiadas secundarias.
Lo más curioso
: Se presentó en el Festival de San Sebastián de 2020 en la sección oficial fuera de concurso.
¿Cómo verlo?: En Movistar+ desde el 16 de octubre de 2020. Puede verse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 8

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INTRO (y primera escena)

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Lo menos que puede decirse sobre ANTIDISTURBIOS

Una buena serie es una serie “completa”, en la que todos sus rubros pueden calificarse de óptimos. En el caso de Antidisturbios, nos sorprende la unanimidad de la crítica, ensalzándola y calificándola como una serie “excepcional”, cuando el guion ni está bien cerrado, ni las líneas argumentales están equilibradas. De ahí que la hayamos calificado con un notable alto, pero diste mucho de la excelencia con la que la ha adornado la crítica.

¿De qué va Antidisturbios…? Como podía esperarse, la trama inicial parte de la dotación de una furgoneta antidisturbios enviada para realizar un lanzamiento judicial (desalojo por impago, en una corrala del Madrid antiguo). En los incidentes, por algún motivo (insuficientemente explicado, por cierto), se produce la caída al vacío de un inmigrante africano. El hecho de que se haya producido una muerte, obliga a “asuntos internos” a investigar lo ocurrido. El caso se cierra pronto, pero el descubrimiento accidental de un vídeo, lo reabre y empieza a surgir una trama de corrupción formada por altos cargos de la policía, magistrados que aceleran determinados desahucios, ex funcionarios y constructores de pocos escrúpulos.

En este argumento aparecen dos líneas argumentales: la inicial -el desahucio y la muerte del africano- que se transforma pronto en la resultante -el hallazgo de un caso de corrupción-, entre ambas. Cada uno de los seis miembros de la potación de la furgoneta antidisturbios, tiene su trama secundaria destinada a redondear su personalidad. Y, por si fuera poco, también la joven investigadora de “asuntos internos” muestra su problemática personal.

Parte positiva de la serie: una muy buena fotografía, con algunas escenas de acción adrenalínicas y relativamente próximas a episodios reales y un casting que roza la perfección con unas actuaciones que oscilan entre lo bueno y lo muy bueno, especialmente por parte de la protagonista y de los seis integrantes de la furgoneta antidisturbios.

Parte negativa de la serie: el argumento debería haberse refinado bastante más y los tiempos de algunas escenas deberían estar más equilibrados. De hecho, la escena del desahucio se prolonga innecesariamente, cuando hubieran bastado unas tomas rápidas para captar lo que se pretendía decir. Sin embargo, en esas mismas escenas, la muerte del africano, queda en el aire, está insuficientemente justificada, ni siquiera se ve exactamente porqué se produce. Esta prolongación excesiva se repetirá en otras dos escenas de acción (la manifestación de africanos y el choque con hinchas franceses, escenas que, por otra parte, están descolgadas de cualquier trama central o periférica).

Más problemas: da la sensación de que la idea inicial -la vida y los problemas de unos antidisturbios- se ha ido alterando a medida que se elaboraba el guion. Como si los guionistas se vinieran arriba y lo que, en principio debía de ser una historia banal sobre unos policías, se quisiera transformar en una denuncia a la corrupción a todos los niveles que corroe a las instituciones actuales de manera transversal. Las dos líneas son justas… a condición de que ambas estén bien desarrolladas, entrelazadas y queden correctamente resueltas cuando aparecen los créditos finales. Nada de eso ocurre en el guion: el final llega demasiado apresuradamente en los últimos 15 minutos. Está muy poco elaborado, es discutible (y perdón por el spoiler) que una policía novata termine convenciendo al siniestro seudo-Villarejo (un personaje oportunista que aparece como clon del auténtico comisario) de entregar unas cintas que comprometían a sus padrinos, a cambio de un material intrascendente sobre un comisario amigo suyo. En cuanto al destino final de los antidisturbios, también parece excesivamente forzado y no está en relación al tiempo que se les ha dedicado en los capítulos anteriores (unos cambian de oficio, otros reaparecen en la Barcelona del referéndum indepe del 1-O…, pero no reaparece el asunto del africano muerto, ni el juicio que debería de haberse celebrado por intento de falsificación de pruebas, ni por destrucción de pruebas, elementos que quedan en el aire). Entre el principio y el final, se suceden escenas que no aportan nada a ninguna de las tramas: el antidisturbios más joven escalando una pared montañosa, por no hablar del folleteo más vulgarote e intempestivo entre la prota de “asuntos internos” y el guaperas de la furgona; y podríamos detallar más y más escenas descolgadas de las tramas centrales y secundarias que parecen destinadas a quemar metraje. Y este es el problema: demasiada escena secundaria que no refuerza ni apuntala las tramas centrales. De ahí que no podamos sino confirmar que la puntuación final está lastrada por un guion que debería haberse refinado muchísimo más.

Que sea una de las mejores series que se han producido en España en 2020, es una cosa. Que sea una serie “completa”, es otra. Pero ya se sabe que en esta España el público, en materia cultural, se conforma con poco, y cuando aparece un producto algo superior, aunque visiblemente incompleto, queda deslumbrado. Ocurre algo parecido a Patria: “bien, pero imperfecto”. Nos quedamos con Matadero (thriller cómico que nos hizo reir), Vivir sin permiso, Fariña, o el más añejo, Crematorio.

Una última nota: los gritos y los excesos adrenalínicos de los antidisturbios remiten a una vieja serie de los años 80, Brigada Central. Parece como si en 40 años, los policías no hubieran mejorado su vocabulario, ni moderado su carácter. Y lo que es peor: a la vista de que entre los miembros de la furgoneta Puma-93, unos consumen coca a destajo, otros están aquejados de depresión crónica y ataques de pánico, otros son agresores sexuales, otros psicópatas incontrolados, y así sucesivamente, cabe preguntarse en manos de quién está la seguridad…

Serie para incondicionales de Sorogoyen y, en general, para un público al que no le importan los cierres en falso. Para amantes del thriller a la española y de las buenas actuaciones del cuadro de actores. Contraindicada para antidisturbios en ejercicio de sus funciones. Un consejo final a los que han participado en la elaboración de esta serie: la línea es buena, pero una serie “redonda” se sostiene, sobre todo, en un guion perfecto. El que los demás elementos de la serie ronden la perfección, ayuda a olvidar defectos del guion, pero no acerca a la excelencia. El truco es el guion.

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