FICHA

Título original La Línea: la sombra del narco
Título en España: La Línea: la sombra del narco
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 29-37 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Española
Temática
: Documental
Subgénero: Narcotráfico
Resumen: Una muestra de cómo están las cosas en La Línea gracias al narcotráfico. Las cuatro entregas de la serie presentan imágenes inéditas del tráfico de drogas, entrevistas con los protagonistas y, especialmente con policías que están en primera fila en la lucha contra esta playa y el efecto que tienen estas actividades en la población. La impresión que da es demoledora: se está creando una situación en la Línea similar a la existente en algunas zonas de México y de Colombia: los clanes de la droga controlan la situación.
Actores: documental con entrevistas a personajes reales.
Lo mejor: evidenciar la gravedad de la situación.
Lo peor: ni se explica cómo se ha llegado a este punto, ni porque no se reprime más eficazmente el narcotráfico.
Lo más curioso
: se combara el tráfico de tabaco con el tráfico de cocaína…
¿Cómo verlo?: En Netflix desde el 11 de enero de 2020. Puede obtenerse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre LA LÍNEA

Países como Afganistán son propiedad de los productores y comercializadores de heroína. Zonas de México y de Colombia están en manos de narcos que hacen y deshacen a su antojo e, incluso, en la vecina Francia, hay barrios en los que la policía no osa entrar, controlados por bandas de delincuentes y por líderes religiosos extremistas… Este parece ser también el destino de algunas zonas de España. De La Línea de la Concepción, por ejemplo. Este documental denuncia -con algunas limitaciones- lo que está ocurriendo allí.

Lo que vamos a ver en las cuatro entregas es una lucha desigual entre una policía, limitada por la falta de recursos, por unos gobiernos que aprecian más los derechos de los delincuentes que los de la población afectada por el tráfico, venta y consumo de drogas, y por una legislación garantista que opera solamente en beneficio de los narcos, y de otro lado a estos que ofrecen altos sueldos a sus mercenarios en unos momentos en los que el trabajo escasea y la oferta de consumo supera con mucho las ayudas oficiales, los seguros de paro y la promesa del “salario social”. El resultado es que hay zonas de La Línea controladas por los narcos.

El documental está hecho con entrevistas a policías, a algunos responsables políticos y, más que a narcos, a camellos. El resultado es demoledor y el espectador puede extraer por sí mismo algunas conclusiones: la primera, que el gobierno no pone toda la carne en el asador, ni parece tener gran interés en cortar el fenómeno, como si fuera irremediable. Incomprensible porque la droga llega a la costa por vía marítima y hoy existen métodos varios de control del tráfico (incluso de los bancos de peces) de esa zona del Estrecho. Sin olvidar que tenemos una flota de guerra dotada de portahelicópteros, destructores, fragatas, corbetas, patrulleros y lanchas rápidas, suficiente como para poder cortar de un día para otro ese tráfico con un par de cañonazos de advertencia. O que el sistema “Frontex” creado por la Unión Europea debería servir también para eso y no solo para avisar donde hay alguna patera a la deriva. Sin olvidar que los satélites de observación registras incluso el movimiento de un lenguado perdido en alta mar. En lugar de eso, da la sensación de que el gobierno prefiere que la policía y la Guardia Civil “jueguen” a perseguir narcos, pero sin mucho énfasis, no sea que vaya a haber un accidente y algún narco salga con moretones. Un policía lo dice: “Nos faltan recursos”. Pero estos recursos existen: lo que ocurre es que no se ponen en marcha. El documental no explica el porqué de esta limitación y porqué no se pone toda la carne en el asador.

Uno de los errores que incorpora el documental es hablar constantemente del “narcotráfico y del contrabando”. Al hablar de contrabando se habla de tabaco. Solamente de tabaco y nada más que tabaco. No se puede comparar el tráfico de imitaciones de Pall Mall o de Chesterfield, con los fardos de cocaína. Es más, el tráfico de tabaco está más o menos “regulado” extraoficialmente. De cada cuatro contenedores (porque el tabaco se trae en contenedores) la policía requisa uno (y esto desde tiempo inmemorial). Así que mezclar el tabaco con los narcos es un error conceptual incorporado para dar la sensación de que la seguridad del Estado tiene demasiados frentes abiertos y no puede atenderlos a todos.

Las declaraciones de jefes de policía y de policías de a pie, es, al menos, tranquilizadora. Están motivados y, si de ellos dependiera, ya habrían acabado con el fenómeno. Estamos hablando de drogas: cualquier esfuerzo que se hace en su entrada en España, es un esfuerzo menos que deberá de realizar la sanidad en los próximos meses y se resta dolor y angustias a las familias afectadas. Y la sensación que se tiene al terminar de ver el documental es que el gobierno se niega a liquidar el fenómeno del tráfico de drogas en el Sur.  

El documental entra dentro de eso que se suele llamar “true crime” y es algo oportunista en la medida en que hoy se tiene la presunción de que cualquier serie que lleve en el título “narcos” tendrá buena salida.  

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