FICHA

Título original I’ll Be Gone in the Dark
Título en España: El asesino sin rostro
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Documental
Subgénero: True crime
Resumen: Entre 1975 y 1986, un asesino y violador desconocido aterrorizó la zona de California. Se le tribuyen medio centenar de violaciones y quince asesinatos. Una mujer, Michelle MacNamara, se propuso investigar estos hechos. Murió antes de que pudiera publicar su libro, pero en 2016, gracias a la prueba de ADN, la policía logró localizar al autor convertido ya en un anciano.
Actores: Amy Ryan, Patton Oswalt, Billy Jensen, Paul Haynes
Lo mejor: logra mantener el interés a lo largo de los seis episodios
Lo peor: demasiado deslavazado y con testimonios y momentos innecesarios.
Lo más curioso
: Michelle MacNamara fue la esposa del conocido cómico Patton Oswalt
¿Cómo verlo?: Se estrenó el 1 de agosto de 2020 en HBO. Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre EL ASESINO SIN ROSTRO

Este largo documental en seis entregas merece varios comentarios, en primer lugar, por ser uno de los estrenos de HBO en este mes de septiembre, cuando termina la mejor serie que han estrenado en julio (Perry Mason) y el resto de nuevos estrenos del streamming son manifiestamente de mucha menor calidad. En segundo lugar, por que el co-protagonista del documental es Patton Oswalt (el conocido cómico norteamericano) esposo de la persona que investigó más a fondo, a título particular la trayectoria del llamado “asesino del Estado Dorado”. Finalmente, porque, a pesar de ocupar un lugar muy secundario durante los años 70 a 90 en el “ranking” de asesinos en serie (por detrás del “hijo de Sam” o “del asesino del Zodíaco”), lo cierto es que se trató de uno de los criminales más crueles de los EEU entre mediados de los años 70 y 1986.

El documental nos muestra, testimonios de las víctimas de las violaciones que cometió el asesino en los años 70 y principios de los 80. Hoy, todas estas mujeres están en la tercera edad, pero no han logrado olvidar -aunque sí digerir en distintos grados- aquel trance. El asesino actuaba siempre igual: penetraba en silencio por la noche en un hogar, cuando dormían. Ordenaba a la mujer que atara al marido, luego ella era violada. El violador desaparecía luego llevándose algún objeto de valor sentimental. Después de unos años, el violador, unió a esa condición la de asesino. Empezó a matar a las víctimas con una brutalidad sin precedentes. Solamente se detuvo en 1986. Los esfuerzos de la policía por identificarlo, fracasaron, entre otras cosas, porque se había desplazado a varios condados del mismo Estado y las policías, hasta mucho después, no estuvieron en condiciones de identificar el modus operandi como realizado por la misma persona.

Una mujer, Michelle MacNamara, que siempre había estado interesada por los crímenes y la novela negra se interesó por el caso y empezó una investigación privada en los años 90, ayudada por foros de discusión de internet compuestos por gente obsesionada por los asesinos en serie. Luego, empezó a colaborar con algunos policías e incluso pudo disponer de los archivos, después de que se comprometiera a escribir un libro sobre el “asesino del Estado Dorado”. Nunca llegó a terminarlo: murió destrozada por la automedicación y la compra de fármacos en mercados ilegales. Después de su muerte, sus amigos concluyeron su libro que fue publicado consiguiendo un gran éxito de público, entre otras cosas, por la popularidad de su marido, el cómico Patton Oswalt.

Después de la muerte de Michelle, la policía, aprovechando fragmentos de ADN encontrados en el lugar de los crímenes, trazó un árbol genealógico de la familia de la que procedía el asesino, partiendo del tatarabuelo. Se trataba de varios cientos de personas, de las que se sabía que el criminal tenía ojos azules. Por simple descarte de unos y otros, finalmente, en 2016, la policía logró detener y dar un nombre al “asesino sin rostro”, ya convertido en un anciano decrépito.

La serie cuenta con testimonios múltiples -en ocasiones demasiado reiterativos-, los productores y guionistas no han estado en condiciones de discernir los testimonios clave, de los irrelevantes y, frecuentemente, se han perdido incorporando material poco interesante. Sin embargo, han sido capaces de dar agilidad a la serie. En ocasiones estamos compartiendo el punto de vista de las víctimas, en otras el de los improvisados investigadores y de sus familias, a veces, el de los policías implicados.  La serie hubiera ganado de haber sido reducido su metraje en un 50%.

Con todos los problemas estructurales que tiene, la serie es uno de los mejores productos de “true crime” hoy en los streammings. Al público español le llamará la atención la existencia de “free lancers”, civiles que ayuden a la policía en el descubrimiento de crímenes. Intuirán que, al tratarse de personas no especializadas, ni preparadas, frecuentemente cometan errores y, siempre, su mente quede perturbada por lo que termina siendo una obsesión.

Serie interesante de ver que gustará a los habituales al género de “true crime”.

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