FICHA

Título originalThe Devil and Father Amorth
Título en España: El Diablo y el padre Amorth
Temporadas: 1 (documental)
Duración episodio: 68 minutos.
Año: 2017
Nacionalidad: Estados Unidos
Temática
: Documental
Subgénero: Exorcismos
Resumen: El director de la película El Exorcista, vuelve a esta temática décadas después. Desde la filmación de la película se ha planteado el problema de la posesión demoníaca y, finalmente, ha conseguido conocer al que, entonces, era el “exorcista oficial del Vaticano”, el padre Amorth, y éste le ha permitido llevar una cámara portátil para filmar uno de sus exorcismos. ¿Es real la posesión demoníaca? ¿Es sólo una enfermedad mental? William Friedkin piensa lo primero.
Actores: documental, William Friedkin, Gabriele Amorth, Robert Barron, William Peter Blatty
Lo mejor: una sesión de exorcismo grabada íntegramente.
Lo peor: después de ver El Exorcista, cualquiera posesión demoníaca parece poco.
Lo más curioso
: El padre Amorth murió antes del estreno de este documental en septiembre de 2016.
¿Cómo verlo?: Emitido por Netflix desde el 13 de agosto de 2018. Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos, verse en youTube y comprarse en DVD.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre EL DIABLO Y EL PADRE AMORTH

Se dice que El Exorcista (1971) es la gran película de terror de todos los tiempos. Hay que situarla en su contexto: los años 70, un momento en el que todavía no existían efectos especiales y las películas en las que aparecía el diablo eran, o productos casi intelectuales (Bergman en El Séptimo Sello, 1957) o bien productos de la Hammer de serie B o, su traslación a España de la mano de Paul Naschy. El Exorcista marcó una época y nos dejó como poso morboso el plantearnos la existencia del diablo y de las posesiones demoníacas. Desde entonces, Friedkin, que antes de esta película, había cobrado fama con The French Connection (1971), no volvió a alcanzar nunca más otro éxito de crítica y de taquilla. Y lo que es peor: desde el rodaje de su gran película, nunca pudo librarse del todo de la obsesión diabólica.

En 2016, cuando andaba por los ochenta años (bien llevados, eso sí), volvió a interesarse por el tema. Contactó con viejos amigos y trabó una nueva amistad: el padre Amorth que era bien conocido desde el año 1999, cuando se supo que era el “exorcista oficial del Vaticano”. A diferencia de otros exorcistas, Amorth era una persona abierta, que no desdeñaba hablar en público sobre su oficio, responder a cualquier pregunta que se le hiciera y, por supuesto, se dedicaba a realizar exorcismos. El padre Amorth no rechazó la invitación de Friedkin para que participara en su documental, e hizo, incluso más: le permitió llevar una pequeña cámara portátil para filmar uno de estos exorcismos. Con este material y con las entrevistas que realizó a psicólogos y psiquiatras, y a un obispo norteamericano, se trenzó este documental.

No fue particularmente bien recibido por la crítica. El propio Friedkin había puesto el listón demasiado alto con los efectos especiales de El Exorcista, así que ver a una mujer entrando en la treintena, italiana, a sus familiares y al padre Amorth realizando un exorcismo, pareció decepcionante para un público que necesitaba ver como la “endiablada” levitaba, lanzaba litrols de vómito verde sobre el padre Amorth y sus ayudantes, o simplemente, le cambiaba de color el iris o se le cuarteaba la piel. Y lo que el público vio fue, bastante menos. Es lo que ocurre con Hollywood que la realidad es siempre mucho menos vistosa que la ficción: por eso Hollywood es la meca del cine y la cotidianeidad resulta gris y aburrida.

Pero un exorcismo es un exorcismo y nada en él es normal. Se ha escrito demasiado ligeramente que la filmación de Friedkin es una farsa y que la mujer endemoniada interpreta su papel. Por lo mismo, el padre Amorth sería un falsario, quizás interesado en obtener réditos de esta mistificación o posiblemente que entró en el juego para demostrar la validez de su trabajo y la realidad de su lucha contra el diablo. No creemos que esta sea la interpretación que convenga. La opinión de los psiquiatras que trae a colación Friedkin es de amplio espectro: uno no termina de creer en la posesión demoníaca, otro tampoco, pero afirma que si “funciona” es bueno seguir con ella. Un neurólogo con 5.000 operaciones a sus espaldas a cerebro abierto, afirma que nunca había visto nada parecido a lo que le muestra Friedkin. Y Robert Barron, obispo de Chicago reconoce que él no se hubiera atrevido a realizar el exorcismo porque no tener el “nivel espiritual” suficiente. Una antigua “poseída” (¿o es “posesa”? da su testimonio, lúcido y sereno; también a tener en cuenta. ¿Todo depende de lo que se crea o no se crea? Pregunta del millón que queda pendiente. Uno de los amigos de Friedkin, que ha escrito varias obras sobre el diablo, el satanismo y los exorcismos, jubilado, es claro al respecto: “lo mejor es alejarse del mal, de todo mal, y acercarse al bien”. Esta simple frase, resume la actitud correcta ante el trabajo de Friedkin.

De la misma forma que la película Forces Occultes (1942) realizada en Francia durante la ocupación alemana, mostraba con rigurosa fidelidad lo que era entonces -y sigue siendo hoy- una iniciación masónica, y por eso ha pasado a la historia, este documental de Friedkin es, por el momento, el único testimonio gráfico de un exorcismo realizado en nuestros días. Quizás no sea convincente para los que esperaban más, pero es, en cualquier caso, un testimonio a tener en cuenta que debe juzgarse en sí mismo y no en comparación con la gran película de Friedkin.

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