FICHA

Título original El Grasa-
Título en España: El Grasa
Temporadas: 1 (¿? episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: España
Temática
: Humor
Subgénero: tragicómico
Resumen: Un individuo desordenado y conflictivo, traficante y que practica todos los vicios posibles, ve como su salud se resiente y decide cambiar de vida. Se apunta a un gimnasio, cambia de barrio y procura tener nuevas amistades. Sabe que si persiste con el estilo de vida que ha llevado hasta ese momento, fallecerá irremisiblemente, así que lleva un pulsómetro para evitar situaciones de máxima ansiedad.
Actores: Kike Pérez, Cristina Almazán, Ken Appledorn, Rafa Blanes, Ana Caldas, Antonio Dechent, Mila Fernández, Lamberto Guerra, Lola Hernández, Mercedes Hoyos, Víctor Hubara, Bruno Martín, Fede Martínez, Mauricio Morales, Pablo Nicasso, Adrián Pino, Octavi Pujades, Luifer Rodríguez, Diego Villalba
Lo mejor: realismo poligonero de la mano de Kike Pérez
Lo peor: temática marginal demasiado vista.
Lo más curioso
: la serie ha sido dirigida y creada por David Sainz.
¿Cómo verlo?: Puede verse en PlayZ y también en youTube. Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre EL GRASA

La “comedia realista” situada en un barrio marginal y en la que desfilan marginalidades varias, es, junto al “terror juvenil” una temática habitual en Play Z, el canal multimedia de RTVE. La fórmula se remite en El Grasa, el último producto elaborado para esta plataforma. No es una mala serie, en ocasiones, incluso, se perciben destellos de genialidad, sin duda por el nervio alternado con la flema de su protagonista, el humorista canario Kike Pérez. Pero, cuando se cierran los treinta minutos de cada episodio, a uno le queda cierto vacío y se sensación de que se trata de un producto clónico basado en lo pintoresco de algunos sectores marginales de la sociedad.

El Grasa es un tipo enorme, se dedica al menudeo de droga -la figura del “colgao” parece seguir suscitando ironías y sonrisas sin advertir que cada vez está abandonando la periferia y la marginalidad de la sociedad e instalándose en su centro-, come solo fast-food, se pone ciego de refrescos azucarados y/o cerveza y parece no darse cuenta de que ese estilo de vida es incompatible con la salud. Antes de tener el primer achaque, desfilan por la primera entrega, todos sus amigos, conocidos del barrio, socios empresariales en el menudeo y vecinos. Vemos desfilar a la vecina de toda la vida sufrir el asalto de un navajero yonki, al badulaque de los chinos del barrio, a los médicos de la seguridad social escépticos sobre las posibilidades de que un paciente modifique su estilo de vida, y los colegas traficotas que componen la triste cotidianeidad del protagonista. Tras sufrir un amago de infarto, nuestro hombre intenta cambiar de vida: se apunta a un curso de Pilates y allí conoce a gentes con sus mismos problemas, pero algunas ambiciones culturales más: él es un energúmeno de arrabal (ubicado “allí donde la ciudad cambia de nombre” que diría Paco Candel) visto como una curiosidad troglodítica por gentes de un estrato social pretendidamente superior. Todo esto da lugar a situaciones embarazosas y/o irónicas en las que el protagonista se debate entre lo que le piden sus instintos adquiridos y la convicción de que, de persistir en ellos, su vida llegará al final del camino.

Siempre, lo marginal genera ironías y es, en sí mismo, un objeto de curiosidad y bastante menos de censura. Nos hemos habituado a la marginalidad: ¿quién no conoce a un colgao? ¿quién no es consciente de que algunos de sus hábitos de vida conducen a la autodestrucción? De hecho, desde los años 70, el lenguaje “taleguero” logró influir en la sociedad y transmitirse más allá de los barrios marginales y de los altos muros de las prisiones, cuando los presos políticos lo conocieron y lo difundieron entre la clase media a la que pertenecían la mayoría. Desde entonces, la ósmosis entre la marginalidad y la excelencia cultural, ha permanecido siempre demasiado próxima en España. Esta serie de PlayZ es un enésimo producto de tal ósmosis y, en tanto que con algunos momentos cumbre, resulta efectista y genera sonrisas que, a fin de cuentas, es lo único que pretende.

Kiko Pérez sostiene la serie sobre su espalda. Logra salir adelante y no da la sensación de que al casting haya tenido muchas dificultades en localizar a los actores para protagonizar los distintos arquetipos de esta comedia con un poso dramático inherente.

Todos los productos emitidos por PlayZ -es bueno recordarlo- van dirigidos a un público juvenil y, además, poco exigente. Un público que utiliza el móvil y el Tablet como hace cincuenta años, los de su misma edad manejaban el tirachinas y jugaban al churro-mediamanga-mangotero. Los tiempos cambian y ni aquellos juegos eran índicativo de una gran ambición de futuro, ni estos de ahora denotan excelencia cultural. Meros signos de los tiempos y, si uno desea, seguir cabalgando y estar on the road, deberá, casi necesariamente, verlos. Que los aceptemos y nos gusten es una cosa que dependerá de lo que cada uno busque al situarse ante una pantalla. Que nos entretendrá y nos hará sonreír es casi seguro. Que tendremos la sensación de no haber visto nada nuevo, también.

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