FICHA

Título original La línea invisible
Título en España: La línea invisible
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: España
Temática
: Drama
Subgénero: Terrorismo
Resumen: Drama en torno a los primeros asesinatos de ETA (José Antonio Pardines y Melitón Manzanas y a la figura de Taxi Extevarriera, líder de la organización en aquel momento. Intenta explicar cómo la organización pasó de poner petardos a asesinar. La serie intenta unir a los tres personajes en el contexto histórico, político y cultural que le era propio, el final de los años 60.
Actores: Àlex Monner, Antonio de la Torre, Anna Castillo, Asier Etxeandia, Patrick Criado, Patricia López Arnaiz, Enric Auquer, Amaia Sagasti, Pablo Derqui, Ramón Barea, Joan Amargós, Josean Bengoetxea, Xóan Fórneas, María Morales, Aia Kruse, Emilio Palacios, Koldo Olabarri, Jon Viar, Javier Coll, Óscar Morchón, Asier Olaizola, Alvar Gordejuela
Lo mejor: alterna realismo con un exceso de idealismo, ecléctica.
Lo peor: tiende a blanquear a ETA.
Lo más curioso
: dirigida por Mariano Barroso, responsable de El día de mañana y Criminal.
¿Cómo verlo?: Puede bajarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre LA LINEA INVISIBLE

Un buen intento, pero nada más. En otros países hacer “cine político” y revisar la historia política reciente está más desdramatizado y puede hacerse -y de hecho se hace- con más habilidad y soltura. Aquí, de tanto en tanto, aparecen algunas series que intentan afrontar el próximo pasado, con más o menos buena voluntad (u oportunismo), pero todas se quedan a medio camino. Está, La línea invisible, recorre el mismo camino.

La serie nos presenta el compromiso de Etxebarrieta con ETA y cómo pasa de ser profesor de cibernética a activista de una organización que hasta ese momento se dedicaba a poner petardos y a hacer pintadas. Vemos las distintas fases de su compromiso y cómo aquellos chicos voluntariosos querían hacer algo más. También conoceremos a los otros dos personajes en los que se centra la serie: el Guardia Civil asesinado y el policía Melitón Manzanas que fue asesinado por ETA poco después en un crimen premeditado y que ya no fue un tiroteo casual. La serie explora las circunstancias personales de cada uno de estos personajes y procura en todos los casos, humanizarlos.

Lo menos que puede decirse de esta serie que supone un intento de “blanquear” la historia de ETA y explicar cómo pasó de ser un grupo de chicos cristianos idealistas, a ser una banda de matarifes. No creemos que los guionistas hayan dado con las claves, si bien han revelado alguna de ellas que hasta hace poco habían quedado piadosamente ocultadas (la principal, que Etxebarrieta estaba en el momento del primer crimen de ETA, empachado de “centraminas”, fármaco que hoy es el equivalente a las anfetaminas. Quien lo reveló no era la odiada policía franquista… sino el camarada que le acompañaba cuando disparó contra el guardia civil Pardines Arcay, que añadió que, luego le dio el “bajón”, antes del tiroteo que le costó la vida).

Por supuesto, se eluden los problemas más profundos de lo que se llamó “el problema vasco”. Por nuestra parte, siempre lo hemos atribuido a tres factores: 1) jóvenes surgidos del catolicismo vasco y cuyo complejo edípico aspiraba a “matar al padre” (el PNV), 2) los rasgos de la sociedad vasca, un matriarcado en el que los jóvenes debían afirmarse en “sociedades de hombres” haciendo “machadas” y 3) las modas que llegaban del tercer mundo, de la cashba de Árgel y de la Sierra Madre cubana y que quisieron empotrar en el desarrollismo franquista. Sí, lo sabemos, no es la interpretación “oficial” sobre el tema ETA, pero esta serie, tampoco la da ni remotamente: lo que hemos visto es una simplificación excesiva. Resulta, a estas alturas, inaceptable que se intente en 2020 sugerir que un joven anfetaminado fue el causante involuntario de la riada de asesinatos que siguieron hasta no hace tanto. El instinto de matar estaba presente en ETA desde su nacimiento. De lo contrario no se habrían procurado armas (se tienen armas para utilizarlas, no para acariciarlas, salvo que se esté aquejado de un irreprimible “complejo de castración”…). La línea que cruzó ETA con estos asesinatos solamente es “invisible” para los que quieren verla o para los que teman verla.

Es de agradecer que la serie trate de destilar realismo y humanismo y que no haya concluido solamente en la consabida crítica al franquismo. También las últimas palabras de una improbable etarra (en ETA las mujeres se incorporaron muy tardíamente y en muy escaso número, vale la pena no olvidarlo y no precisamente en el período en el que la serie sitúa la trama) reconociendo todo el dolor que causó la organización en los 45 años posteriores, emanan de un esfuerzo de objetividad (obligado, por otra parte).

Buena interpretación de Álex Monner (Sé quien eres, Vivir sin permiso, que encarna a Etxebarrieta) y Antonio de la Torre (como Melitón Manzanas) aunque no se parezca en nada (elegido, sin duda, por su tirón) y de Patrick Criado (El padre de Caín, Águila Roja, Mar de Plástico) como “Txema” que aparece como el asesino del comisario Manzanas y, por tanto, debía ser el etarra Izko de la Iglesia, a pesar de que él lo negara y los fiscales del proceso de Burgos lo acusaran del crimen). Hubiera sido adecuado que las localizaciones fueran las que correspondían a los hechos narrados (lo que no es el caso). La ambientación es aceptable y el ritmo narrativo correcto. Lo polémico, claro está, es, como siempre, el guion y las intenciones.

Los predispuestos a blanquear a ETA y justificar sus crímenes son los que aceptarán mejor esta serie. Si usted votó en algún momento de su vida a Zapatero y ha alabado su buenismo, no lo dude: esta es su serie. Los que no lo hicieron, sin duda, serán más críticos con la serie. Los exigentes (y que conozcan algo la historia de ETA) comprobarán, desde las primeras escenas, la lamentable superficialidad que destila. Y aquellos que siempre han denostado los crímenes de ETA, la tendrán por, simplemente, falaz y mentirosa. Y en lo que respecta a este crítico, la serie resulta demasiado ecléctica para haberle dado una puntuación superior al notable bajo y esto gracias únicamente a las interpretaciones, la ambientación y la decisión de hacer una serie (frustrada) de trasfondo político.

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