FICHA

Título original: Freud
Título en España: Freud
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2020
Nacionalidad: Alemania
Temática
: Drama
Subgénero: Conspiración
Resumen: Sigmund Freud se encuentra en Viena e involuntariamente se ve mezclado en una investigación por asesinato de una joven. Paralelamente prosigue con sus estudios sobre hipnosis y utilizando cocaína. Un amigo le invita a una fiesta en casa de unos nobles en el curso de la cual se celebra una sesión de espiritismo. Allí conoce a la médium “Fleur Salomé”. Ambos elementos se unirán para resolver el caso de los asesinatos.
Actores: Robert Finster, Ella Rumpf, Georg Friedrich, Christoph F. Krutzler, Brigitte Kren, Ales Bilík, Jiri Vales, Adam Vacula, Nadiv Molcho, Marisa Growaldt, Karel Hermánek Jr.
Lo mejor: La presentación de los créditos.
Lo peor: un despropósito absurdo que se anuncia como “serie biográfica”
Lo más curioso
: El director afirmó haberse sometido a hipnosis para entender mejor el proceso
¿Cómo verlo?: En Netflix desde el 27 de marzo de 2020. También puede descargarse mediante programas de intercambio de archivos.

Puntuación: 5

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Lo menos que puede decirse sobre FREUD

Una cosa es no comulgar con las ideas del psiquiatra vienés -hoy el pensamiento de Freud está muy devaluado y muy escasos fragmentos se han salvado de críticas demoledoras a su sistema- y otra muy distinta coger al personaje histórico, estirarlo por aquí, retorcerlo por allá, adulterar su biografía un poco por todas partes y convertirlo en un Sherlock Holmes vienés de guardarropía. Esto es lo que se ha hecho en esta serie.

Filmada en coproducción germano-austríaca y estrenada por Netflix en estos tiempos de confinamiento por orden gubernativa a causa del Covid-10, la serie se salva del cero absoluto por tres elementos: una presentación de los créditos engañosa (en donde quien los ha diseñado parece haberse hecho de la demolición de las ideas freudianas que se produjo desde mediados de los años 70), unas vistas de Oraga y Viena en donde se ha rodado la serie (que animan a conocer ambas ciudades) y el trabajo de ambientación (que mas o menos nos remite a finales del siglo XIX). De no ser por estos elementos y si debiéramos solamente fijarnos en el guion, la temática y, incluso, algunas interpretaciones, la serie merecería el cero absoluto e inapelable.

Lo más terrible de esta serie es que consta como “biográfica” en algunas críticas y en la propia promoción: en efecto, Freud fue en sus primeros pasos cocainómano y utilizó la hipnosis. En su vida se cruzó una “Salomé”, pero no fue “Fleur” sino Lou Andreas Salomé, una mujer excepcional, la primera psiquiatra y la única mujer admitida en el Círculo Psicoanalítico de Viena que aquí aparece como espiritista, histérica y médium. Estos y otros elementos aparecen y se acumulan en un falso biopic que, finalmente, pretende ser -sin conseguirlo- un retrato de la sociedad austro-húngara de la época, protagonizada por un émulo germánico de Sherlock Holmes. Como se sabe, el creado de este último personaje, Sir Arthur Conan Doyle, era espiritista, y los creadores de esta serie han trasladado este aspecto a una miniserie artificiosa en la que, para colmo, se introducen con calzados -en sueños, claro está- escenas de sexo con animales y orgías de sangre. Se ha dicho que pretendía emular al cine expresionista, pero lo único que ha logrado es acumular sinsentidos y adulterar la biografía del personaje.

Freud está a punto de presentar su tesis sobre la hipnosis en la universidad sobre la hipnosis para curar síntomas histéricos. Cuenta para ello con su sirvienta que simulará tener los síntomas. Sin embargo, la noche antes, dos policías llevan a su casa a una muchacha agonizante que han encontrado en la calle agredida con puñaladas en el sexo y que muere sobre la mesa de trabajo de Freud. Éste y otros asesinatos estimulan la febril imaginación del protagonista que se verá implicado en una búsqueda por llegar hasta el asesino. Paralelamente, es invitado a una fiesta en casa de unos nobles en el curso de la cual asiste a una sesión de espiritismo en el que conoce a una médium con rasgos histéricos. A partir de ahí tiene conocimiento de una conspiración para asesinar al emperador dirigida por fanáticos nacionalistas húngaros que “programas” mediante hipnosis a los asesinos.

Tal es el relato que hubiera merecido una mejor valoración de haber eludido utilizar el nombre de Freud o de Lou Salomé. La serie, además, no encaja bien -como hubiera sido su pretensión- las teorías psicoanalíticas de Freud con lo que estamos viendo. Para colmo, el protagonista (Robert Finster) parece aquejado de inexpresividad facial, mientras que su partener, la médium (Ella Rumpf), en cambio, puede suscitar dulzura, enigma o furia irracional.

Verla únicamente si el largometraje Abraham Lincoln cazador de vampiros (2012) suscitó alguna satisfacción. Si se tiene algún respeto por Freud, por la verdad histórica e, incluso, por el expresionismo alemán, alejarse de esta serie como de la peste.

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