FICHA

Título original Gregory
Título en España: Gregory
Temporadas: 1 (5 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2019
Temática: crimen real
Subgénero: documental
Nacionalidad: Francesa
Resumen: Una familia de los Vosgos se ve constantemente amenazada y acosada por unas misteriosas cartas y llamadas telefónicas que los insultan y amenazan, demostrando saber mucho sobre ellos. Después de unos meses sin noticias, el hijo de la familia, de apenas cuatro años, desaparece y la familia recibe una nueva carta anunciando su asesinato. El caso cae en manos de un juez incompetentes y evidencia los problemas y conflictos en el interior del ámbito familiar. Este es el principio de una verdadera tragedia que tendrá distintas etapas.
Actores: documental sin reconstrucciones dramatizadas.
Lo mejor: un caso apasionante que ocupó las primeras páginas de la prensa francesa.
Lo peor: que el asesinato sigue impune.
Lo más curioso
: el documental ha sido dirigido por Gilles Marchand que ha dirigido previamente películas de género negro.
¿Cómo verlo?: Estrenado en Netflix el 26 de noviembre de 29109.

Puntuación: 8

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PROMO (resumen del caso Gregory en 4 minutos, en francés)

PROMO (sobre incidente en la filmación, en francés)

PROMO (sobre “el cuervo”, en francés)

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Lo menos que puede decirse sobre GREGORY

En España solemos quejarnos de que nuestro país es propenso a los crímenes desgarradores en zonas agrícolas: el crimen de los Galindos, Puerto Urraco, “el mendigo asesino”, “el Arropiero”, son nombres siniestros salidos de la “España profunda”. Tenemos tendencia a pensar que nuestro país es el peor en muchas cosas (y en realidad lo es en algunas), pero no en asesinatos. Francia no nos va a la zaga. De hecho, solamente esta serie nos demuestra el triste y estremecedor caso de un crimen ocurrido en uno de los lugares más hermosos de la tierra gala: los Vosgos en el nor-este de Francia, en un pueblo de L’Épinal. La reconstrucción documental que ha realizado Netflix sería de sobresaliente si, al final, quedara más clara la responsabilidad de abogados, jueces, periodistas y policías, en que aún hoy el crimen siga impune.

Los Villemin son un matrimonio joven, trabajadores que han destacado gracias a sus esfuerzos. Él ha logrado ser encargado y obtener fondos para construir una casa, casarse y tener un hijo que constituye la alegría de la familia. Es, como todas las familias de las zonas rurales, una familia amplia, con hermanos, primos, cuñados, tíos, etc. Un mal día, la familia empieza a recibir correos y amenazas telefónicas por parte de alguien el que pronto llaman “el cuervo” (en recuerdo de la película del mismo titulo de François Clouzot (1943) que dejó una onda huella en la Francia ocupada por los alemanes). La lectura de los correos indica que “el cuervo” conoce bien a la familia, o forma parte de ella o está muy próximo. Finalmente, los anónimos cesan, pero unos meses después, el pequeño Gregory Villemin desaparece. Una carta enviada desde la oficina de correos del pueblo anuncia su asesinato: “Me he vengado”. Unas horas después, aparecerá el cadáver del pequeño. Lo que ocurrirá después continúa con este aire de tragedia griega: una prima de 15 años reconocerá que su tío secuestró y asesinó al pequeño. A partir de ahí, el juez, visiblemente incapaz de asumir el caso, con ganas de protagonismo y altamente influenciable, revelará los particulares de la declaración. Obviamente, la familia de la joven la obligará a retractarse y a afirmar que fue coaccionada. El detenido, resultará liberado, pero, poco después, será asesinado por el padre del niño. Cuando eso ocurría, el caso ya se había convertido en tema de portada de diarios y revistas (en especial Paris Match). Periodistas y abogados habían acudido a ver qué podían sacar. Se formaron clanes para acusar en las plataformas mediáticas a tales o cuales miembros de la familia y, el juez, terminó por imputar a la madre y encarcelarla cuando estaba embarazada y sin ninguna prueba sólida, si bien fue liberada poco después. A todo esto, la policía judicial y la gendarmería tenían distintas visiones del caso. El padre, finalmente, fue condenado a 5 años de prisión y la madre liberada e indemnizada. El caso destruyó la carrera profesional de dos jueces, uno incapaz y el otro obsesionado por el caso. Aún hoy se desconoce exactamente lo que ocurrió.

El ritmo de la serie es magistral y nos lleva de sorpresa en sorpresa siguiente la secuencia temporal de los hechos: desde la aparición del cuervo, hasta las últimas evoluciones del caso (las pruebas de ADN sobre sobre un sello resultaron inútiles). El director cuenta todos estos episodios a través de los testimonios de periodistas, policías y gendarmes y abogados. Cada uno tiene su visión de lo que ocurrió hace cuarenta años y siguen sosteniéndola. Un periodista de Liberation que cubrió el caso y un coronel de la Gendarmeria, destacan de entre todos los demás. El primero fue capaz de una reflexión sobre el papel de la prensa francesa y, especialmente, se mostro muy crítico con Margueritte Duras que llevó al pueblo y sin tener una idea exacta de lo que había ocurrido y con unas simples intuiciones sin fundamento, se convirtió en la principal acusadora de la madre del pequeño asesinado. El resto de periodistas, los abogados y el propio policía judicial que llevó la investigación, se mantienen en sus posiciones. Hace falta seguir muy atentamente las imágenes y las declaraciones para hacerse una idea de hasta qué punto, la alianza entre abogados y periodistas tejió una tela en torno a cada uno de los bandos implicados. Ni unos ni otros salen bien parados.

La serie, inevitablemente, remite a otra emitida este mismo año: La desaparición de Madeleine Mc Cainn. Los paralelismos son increíbles, por mucho que los protagonistas tengan como único nexo común el pertenecer a países de Europa Occidental y el secuestro de niños. En ninguno de los dos casos se ha sabido nada concreto sobre la autoría de los crímenes, los padres han sido apuntados sin pruebas como “presuntos culpables” y la prensa ha realizado una labor deletérea y miserable.

Una serie de cinco horas mucho mejor que la mayoría de thrillers de la plataforma, con el agravante de ser un caso real. Merecería un 10 si hubiera llegado al final: señalar con el dedo acusador al responsable y un 9 si concluyera con unas conclusiones en las que se recordara la responsabilidad de todas las partes implicadas en la formación de la maraña de intereses que llevó a que el caso Gregory siga impune.

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