FICHA

Título original: Crónicas Fantásticas
Título en España: Crónicas Fantásticas
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 30.56 minutos.
Año: 1974
Temática: fantástico
Subgénero: terror
Resumen: Seis historias de terror fantástico muy diversas entre sí y todas ellas dominadas por el signo de lo sorprendente. El denominador común es que rebasan los límites de lo racional y plantean, en clave teatral situaciones que pueden ser entendidas como símbolos de los peligros y de los miedos de la sociedad española de la época.
Actores: Ricardo Tundidor, Maife Gil, Víctor Petit, Ama María Mauri, Alodia Domínguez, Pablo Valezuela, Encarna Sánchez, Alejandro Ulloa, Enric Arredondo, Francisco Grijalbo, Miguel Palenzuela, Fernando Parés, Luis Prendes, Tania Doris, Marta Flores, Félix Dafauce, Lola Gálvez, Fernando Baile, Víctor Valverde, Tere del Río, Motserrat G. Sagués, Rosa Morata, Ángeles Moll, Roberto Martín, Carlos Juliá, José María Santos, Nuria Carresi,
Lo mejor: la demostración de que con medios muy pobres podrían conseguirse resultados óptimos.
Lo peor: planeaba sobre la serie la sombra muy superior de Historias para no dormir.
Lo más curioso
: La serie fue dirigida por Juan José Plans con diferentes guionistas en cada capítulo.
¿Cómo verlo?: Fue emitida en 1974 y se conserva en el archivo de RTVE Televisión a la Carta. También pueden verse a través de youTube.

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre CRÓNICAS FANTÁSTICAS

De no haber sido por que alguien en RTVE tuvo la brillante idea de colocar esta serie en la sección de Televisión a la Carta, se habría perdido para siempre. Ni siquiera en Wikipedia parece merecer una pequeña entrada, ni prácticamente hay datos sobre la misma. Así pues, lo que tenemos es una serie de la que se nos cuenta que se estrenó en 1974 (debemos reconocer que nos pasó desapercibida en la época), exactamente el 6 de noviembre. Tampoco en ninguna otra base de datos existen nada que diga algo sobre su director. Y sin embargo, es una serie que vale la pena ver porque representa, en sí misma, el “zeitgeist” de aquellos años, el espíritu de la época.

En efecto, en 1974 estaba claro que Historias para no dormir, la mítica serie de Chicho Ibáñez Serrador, había dejado detrás a un público interesado por los productos que tenían que ver con el “terror”. A esto se añadía el que la época (con la crisis mundial del petróleo de 1973 que interrumpió los años de crecimiento económico continuo) y con el asesinato del Almirante Luis Carrero Blanco, que garantizaba la continuidad del régimen español tras la dilatada gestión de Francisco Franco, abrían dudas sobre lo que pasaría después. Era una época en la que proseguía el cambio de costumbres en la sociedad española, iniciado en la década anterior y que, añadía otro elemento de incertidumbre. Una serie de terror era lo más adecuado para cristalizar todos aquellos miedos y atar al espectador a la pequeña pantalla.

La serie de Ibáñez Serrador se basaba, habitualmente, en clásicos del terror, pero la nueva serie -de la que nadie dice ni a quién se le ocurrió la idea, ni porqué fueron elegidos distintos guionistas para escribirla- sería el fruto de la creatividad española (a pesar de que parte de sus personajes y argumentos estuvieran situados en el extranjero). La serie estuvo realizada según los cánones teatrales establecidos por el Estudio 1: decorados ad hoc, sin cambios de ubicación (la trama siempre se desarrolla en interiores y en la mayoría de los episodios en una sola estancia). Los actores nunca son más de cuatro o cinco y, salvo en el caso concreto de Luis Prendes o de Nuria Carresi, no puede decirse que se tratara de actores excesivamente populares o conocidos. Todo induce a pensar que se trató de una serie realizada con un presupuesto escaso y que economizó en todos los rubros.

Ahora bien, el resultado es digno y el efecto hubiera sido muy superior de haberse invertido un presupuesto mucho mayor. En realidad, fue un digno sucesor de Historias para no dormir e incluso en algunos de sus capítulos podemos ver temáticas que hoy resultan familiares en series como Black Mirror.

De los seis episodios, quizás el más irónico es el protagonizado por Prendes, “Mister Pankinson” y que cuenta con la presencia de la siempre espectacular Tania Doris que aquí hace de lo que hacía fuera de las cámaras y en riguroso directo: vedette de revista. La última, “La mancha” es, sin duda, menos interesante, pero igualmente inquietante: nos muestra el virus desconocido que se expande y que resulta incontenible, contagia a quien lo toca y, nacido en el interior de un hogar, pronto rebasa las fronteras de lo familiar y parte para contaminar y ganar a toda la sociedad. O “Llegó el otoño” con el niño que alberga la fantasía de ser astronauta.

No todos los episodios están igualmente bien terminados, pero los niveles de interpretación son más que aceptables, la dicción de todos los actores no obliga a realizar esfuerzos para saber qué dicen y en el primitivismo de la realización, puede advertirse también el buen hacer de todos los que participaban en la televisión de la época.

Serie adecuada para nostálgicos y para amantes de la televisión de otra época, para quienes quieran recordar lo que vieron sus padres o padres que se perdieron la serie (como es nuestro caso) y estén dispuestos a hacer un esfuerzo para recordar cómo fueron aquellos años y que se veía en otro tiempo mucho más simple que el nuestro.

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