FICHA

Título original: Top Boy
Título en España: Top Boy
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 20119
Temática: bandas
Subgénero: delincuencia
Resumen: Dos jóvenes jamaicanos comercian con cocaína en Londres. Forman una banda que aspira a mejorar su posición en el mundo del tráfico de drogas, mientras que los hijos de otra jamaicana ingresada en un psiquiátrico, intentan cultivar marihuana para ganar dinero y poder cambiarse de barrio. Unas bandas roban drogas a otros y, finalmente, todo se convierte en un thriller sobre la lucha entre bandas étnicas rivales en un Londres donde ya no están presentes prácticamente ingleses de origen, salva entre toxicómanos.
Actores: Ashley Walters, Kane Robinson, Micheal Ward, Simbi Ajikawo, David Omoregie, Shone Romulus, Malcolm Kamulete, Sharon Duncan-Brewster, Giacomo Mancini, Xavien Russell, Chiefer Appiah, Benedict Wong, Jordan Bernard, Letitia Wright, Kierston Wareing, George Wood, Nicholas Pinnock, Geoff Bell
Lo mejor: el estudio sobre los personajes.
Lo peor: un argumento excesivamente sumario.
Lo más curioso
: La serie fue estrenada en 31 de octubre de 2011 en el Canal 4 de la televisión británica.
¿Cómo verlo?: En Netflix desde el 15 de septiembre de 2019

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre TOP BOY

Serie que desatará críticas contrapuestas. Unos verán en ella una especie de revival de The Whire, trasladada a los barrios marginales de Londres, y otros una miniserie hecha para cortejar solamente a una clientela televisiva compuesta por jamaicanos y africanos afincados en Londres y que dirá poco, muy poco, o incluso nada, a los que no pertenezcan a esta comunidad étnica. También los habrá que verán en esta serie un estudio en profundidad de los personajes protagonistas y otros que señalarán la falta de originalidad y el guion deslavazado de la misma. No es una serie para contentar a todos, sino destinada a crear polémica. Es una serie, en cualquier caso, difícil de realizar una crítica breve.

A esto se añade el que no se trata de una serie reciente sino que ha tardado ocho años en llegar a España después de que se emitiera en 2011 en el Channel 4 de la televisión inglesa. Unos años después, Netflix compró la serie cuando llevaba ya tres temporadas y 18 episodios y ha habido que esperar todavía un lustro para que la plataforma ofreciera los 8 primeros episodios de la temporada inicial.

La serie está ambientada en un Londres irreconocible para los turistas e incluso para los propios londinenses estirados que hasta no hace mucho acudían a sus oficinas en la City con bombín, paraguas enfundado en una mano y en la otra, portafolio con el bocadillo. Lo que vamos a ver es un Londres territorio en disputado por las bandas étnicas como campo de acción para el tráfico de drogas. ¿Es el Londres auténtico? Mucho nos tememos que sí, es, en cualquier caso, el Londres de 2011 que ahora todavía está peor. No veremos ni el puente de Londres, ni el Parlamento, ni Trafalgar Square, ni la noria del Támesis, ni el British Museum War, ni parques tapizados de hierba verde siempre recién cortada. En principio, más parece que estemos en Jamaica o en el Congo. No estamos muy seguros de si esta serie pretende elogiar la riqueza multicultural londinense o en sus fotogramas se esconde un llamamiento al Brexit y propaganda subliminal del partido de Nigel Farage.

La serie nos muestra a una serie de protagonistas jamaicanos que intentan sobrevivir, cada cual a su manera y según sus capacidades delictivas, en un Londres de pesadilla. ¿Su único objetivo? Encontrar cocaína (y a veces heroína) para comerciar con ella. Para algunos, el que sus propios hermanos y amigos no se droguen es esencial. Pero, incluso, los más inocentes, aspiran a cultivar cannabis en el patio interior. Los más jóvenes, adolescendentes o niños, estudian, pero lo hacen en medio de guerras de bandas, luchas étnicas y con los servicios sociales y de inmigración repartiendo o retirando subsidios. Se diría que la civilización se ha retirado de esos barrios y ha sido reemplazado por un escenario cyberpunk (alta tecnología en medio de miseria y caos social).

Lo que vamos a ver son distintos episodios de la lucha por la supervivencia y de la guerra de bandas étnicas. Resultaría ocioso describirlas porque es la historia de nunca acabar: y, además, no es lo esencial en esta serie. Los guionistas apuestan por “humanizar” el producto: priorizar el estudio psicológico de los protagonistas sobre las líneas argumentales. A medida que avanza la serie, lo que vamos viendo es porqué actúan como actúan e, incluso, llegamos a creer que si lo hacen así es porque no pueden actuar de otra manera y la pobreza les impulsa a ello.

Lo sorprendente es la ausencia de mensaje moral y, en ocasiones, la justificación de sus actividades: ¿traficar con droga que mata a gente? Lo hacen para sobrevivir… al menos los que mueren son más débiles -y, por tanto, peor adaptados a esos barrios de Londres- que les venden heroína y cocaína. No existe, prácticamente, censura moral a la actividad de los protagonistas e, incluso, se da por hecho de que están obligados a actuar así. Por eso, no deja de sorprendernos que dos chavales adolescentes intenten ganarse la vida vendiendo hamburguesas en el cole… Llama la atención porque son los dos únicos personajes honrados que aparecen.

La serie es de una sordidez calculada e hiperrealista. No se trata de uno de esos productos distópicos que nos muestran cómo será el futuro londinense a la vuelta de diez o veinte años, sino cómo era en 2011. Quizás ahora entendemos porqué el público británico votó el Brexit.

A la vista de lo dicho, quizás haya muchos lectores que decidan no ver esta serie (unos emulando la actitud de los avestruces ante un peligro), otros pueden considerarla entretenida, aunque exagerada (no lo es en absoluto, hoy, incluso es algo peor), los habrá que buscarán argumento y solamente encontrarán psicología. Para algunos será una serie de advertencia para Europa y para otros la necesidad de combatir la pobreza… olvidando que la delincuencia no deriva de la pobreza, sino que garantiza un estatus superior al que puede obtenerse con el trabajo. No nos equivoquemos: ¿para qué trabajar, si en un pase de heroína puede obtenerse el mismo beneficio que en una jornada laboral? Serie para espíritus curiosos, pero no es una serie para todos.

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