FICHA

Título original El Caso Alcàsser
Título en España: El Caso Alcàsser
Temporadas: 1 (5 episodios)
Duración episodio: 51 a 66 minutos.
Año: 2019
Temática: documental
Subgénero: crímenes
Resumen: El 13 de noviembre de 1992 desaparecieron tres adolescentes en Alcasser cuyos cadáveres aparecerían dos meses después. Hay que distinguir este “asesinato de tres niñas” del “caso Alcàsser” que dio acta de nacimiento a la telebasura y que constituyó el primer “juicio paralelo” en la historia de España. La verdad judicial y policial de un lado y las teorías de la conspiración por otro, cada vez se fueron separando más desde el hallazgo de los cadáveres.
Actores: lo personajes reales que participaron en el desarrollo de los hechos narrados.
Lo mejor: el intento de buscar la objetividad sin concesiones.
Lo peor: no disipar completamente la teoría conspirativa.
Lo más curioso
: el documental ha sido elaborado por Bambú Producciones y dirigido por León Seminiani, que antes había elaborado el documental El Caso Asunta (Operación Nenúfar).
¿Cómo verlo?: Puede verse a través e Netflix desde el 14 de junio de 2019.

Puntuación: 9

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Lo menos que puede decirse sobre EL CASO ALCÀSSER

En un momento dado del cuarto episodio de esta serie documental de cinco, dos periodistas del diario valenciano El Levante aluden a que hay que distinguir dos fenómenos  que tuvieron el mismo origen, pero que cada vez se fueron distanciando más: por una parte el asesinato de tres adolescentes en Alcàsser el 13 de noviembre de 1992 y, por otra, el “caso Alcàsser”, conjunto de informaciones difundidas por determinados medios que nacieron a partir del 27 de enero de 1933, tras el descubrimiento de los tres cadáveres. Lo primero es un asunto investigado, juzgado y con sentencia definitiva cuyo único fleco es que sigue sin aparecer uno de los acusados del crimen (Antonio Anglés). Lo segundo supone el acta de nacimiento de la “telebasura” y cristalizó en distintas teorías conspirativas, en el “juicio paralelo” y en creación de la Fundación Niñas de Alcàsser. Esta serie hace bien en distinguir ambos fenómenos con nitidez y procurar establecer objetivamente lo que ocurrió y qué falsedades emergieron a partir de estas dos fechas.

La estructura de la miniserie documental es muy acertada: 1) las circunstancias que concurrieron en la desaparición de las tres chicas y cómo reaccionaron familiares y amigos de las mismas, 2) encuentro de los cadáveres, detenciones e inculpamientos, primeras dudas en la segunda autopsia realizada por el doctor Frontela, 3) primeras sospechas de que algo no estaba claro sostenidas por uno de los padres y por un criminólogo, 4) el juicio contra Miguel Ricart y las declaraciones de los testigos y 5) final del juicio, caída de la tesis conspirativa y destino del responsable del crimen liberado en 2013 después de 20 años de prisión. Cabe decir que en el documental se va a lo esencial y no se pierde en anécdotas (no se menciona, por ejemplo, que el abogado Rodríguez Menéndez se sacó de la manga a un modelo brasileño para simular que era Antonio Anglés y promocionar el diario que el abogado publicaba en ese momento), todo lo que cuenta, sin excepción, es lo esencial y todo está realizado con una objetividad encomiable.

El episodio narrado ocurrió hace 27 años, sin embargo, todavía planea sobre este país: en primer lugar porque han seguido produciéndose asesinatos de jóvenes (la inmensa mayoría de los cuales han sido esclarecidos policial y judicialmente), sigue existiendo la telebasura que nació el mismo día en el que se descubrieron los cadáveres de las niñas con un “programa especial” de Nieves Herrero, cuyos momentos álgidos reproduce este documental, Anglés sigue todavía prófugo y su compinche, Ricart, cumplió 20 años de prisión por el crimen, saliendo en libertad en 2013. Todo esto sigue vivo en el recuerdo de los españoles y, de ahí el interés de este documental: ayuda a comprender cómo ocurrió aquel crimen, ayuda a separar el grano de la paja, la verdad de las interpretaciones conspiranoicas e incluso apunta a que, efectivamente, se dieron algunos fallos en la investigación, aparecieron personajes que contribuyeron a complicar el caso, tanto en el tribunal (el doctor Frontela) como en la telebasura (Fernando García y Juan Ignacio Blanco).

La telebasura edificó de la nada una teoría conspirativa que atribuyó a personajes conocidos (incluso del mundo de la televisión y del cine, también de la política) la autoría del crimen: formarían una especie de sociedad secreta satánica que asesinaría a jóvenes. Nada de todo esto tenía absolutamente ningún fundamento: como máximo existían algunas discrepancias sobre la autopsia, en absoluto, la enormidad que se proponía en el programa de Pepe Navarro Cruzamos el Missisippi. Este documental va desmontando los elementos esenciales de la teoría conspirativa y consigue arrinconar a Juan Ignacio Blanco que todavía sostiene que tiene en su poder una cinta snuff en la que puede verse a prominentes rostros de la sociedad española participando en el crimen. El padre de una de las niñas, Fernando García, tampoco sale bien parado del documental: los guionistas no entran en las motivaciones psicológicas que tuvo para negar lo que judicial y policialmente era muy evidente, que Miguel Ricart había participado en el asesinato y que las versiones que dio con posterioridad, desdiciéndose de la primera declaración en la que reconocía su autoría, fueron desmontadas en el propio juicio por el fiscal. Hubiera valido la pena definir esa actitud como una especie de “síndrome de Estocolmo” aplicado al familiar directo de una víctima de asesinato. Se centran en la inexistencia de la Fundación Niñas de Alcàsser que recogió en torno a 87 millones de pesetas que no fueron empleadas -como se dijo que era el objeto de la fundación- en investigar desapariciones de adolescentes.

La labor de este documental es meritoria y merece ser vista, especialmente por todos los que creen saber algo sobre el “caso Alcàsser” sólo por recordar aquel nefando programa de Pepe Navarro. Reconocemos haber sentido vergüenza ajena al ver en el plasma las escenas de aquel otro programa de Nieves Herrero, dando paso a la publicidad, después de describir el dolor de los padres y la emoción de los compañeros y amigos de las víctimas. Esa misma vergüenza la sentirán hoy quienes creyeron en teorías conspirativas edificadas sobre rumores, macutazos, falsas interpretaciones, confusión entre lo imaginado y lo real, intereses espúreos que constituyeron la materia sobre la que se edificó el “juicio paralelo” y el cruce del Missisippi… Un programa para recordar que el atractivo de la “conspiranoia” consiste en facilitar explicaciones espectaculares mucho más excitantes que la verdad objetiva y real que se reduce a que un psicópata ultraviolento y un delincuente sin personalidad, secuestran a tres niñas, las asesinan, probablemente intoxicados de cocaína, uno de ellos logra huir y el otro es detenido, confiesa, se le juzga, se le condena a 170 años de prisión y sale al cabo de 20. Esa es la verdad que vale la pena recordar sobre este caso. El resto es telebasura y vale la pena recordar que nació aquí.

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