FICHA

Título original Bonding
Título en España: Bonding
Temporadas: 1 (7 episodios)
Duración episodio: 15 minutos.
Año: 2019
Temática: humor
Subgénero: sadomasoquismo
Resumen: Una estudiante de psicología que, por las tardes, ejerce como “dominatrix”, contrata a su amigo del colegio, un gay que hasta ese momento aspiraba a ser monologuista, como ayudante para sus sesiones sado-masoquistas. A partir de ahí empiezan a conocer a una serie de clientes y verse envueltos en situaciones tragi-cómicas.
Actores: Zoe Levin,  Brendan Scannell,  Micah Stock,  Kevin Kane,  Stephanie Styles, Charles Gould,  Alex Hurt,  Theo Stockman,  D’Arcy Carden,  Jade Elysan, Gabrielle Ryan,  Alysha Umphress,  Eric Berryman,  Matthew Wilkas,  Jamar Greene, Vin Kridakorn,  Matthew Risch
Lo mejor: la ironía ante determinadas situaciones.
Lo peor: guion poco refinado
Lo más curioso
: se trata de una serie producida por Netflix, creada por Rightor Doyle y rodada con una sola cámara
¿Cómo verlo?: a través e Netflix y puede bajarse a través de eMule.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre BONDING

Bonding es un experimento nuevo en Netflix, más parecido a los productos servidos en España por el canal PlayZ de TVE, que a los contenidos y formatos habituales de la plataforma norteamericana. Con siete entregas de apenas 15 minutos cada una de ellas, casi parece pensada para degustarse en terminales 4G o en tablets, que sentado ante el plasma. Pero se trata de una serie realizada con medios, si bien contiene defectos de guionización y concepción.

La serie nos cuenta el día a día de una chica joven, “Tiffany Chester” (Zoe Levin), por las mañanas, frágil estudiante de psicología en Nueva York, y que, por las tardes, se transforma en “Mistress May”, dominatrix sadomasoquista. “Tiffany” tiene un amigo de la infancia, compañero del instituto, “Pete” (Brendan Scanell), que intenta abrirse camino como monologuista, sin decidirse, y que, mientras, trabaja como modesto camarero, alternándolo con el intento de encontrar al “hombre de su vida” desde que salió del armario. “Tiff” contrata a “Pete” como “asistente de dominatrix”, pasando a ser, primero “Carter” y luego “Master Carter”.

A partir de este planteamiento inicial, la serie nos cuenta a lo largo de los 7 episodios con un total de 105 minutos de duración (menos que un largometraje) y en clave de humor, distintas situaciones y clientes para los que la pareja realiza “servicios”. No es prostitución, es “dominación”.

Hay algo de “ideología de género” en esta pequeña y, como en todo producto de este tipo, “lo masculino” queda desvalorizado y ridiculizado, en beneficio de lo femenino y de lo gay. Es significativo que, cuando “Carter” encuentra el amor lo hace con un sofisticado gay, culto, comprensivo y abierto, mientras que, “Tiff” se une a un auténtico cretino que, al menos tiene el mérito de la ingenuidad. La aparición de un violador prepotente, o de un profesor que busca favores sexuales de las alumnas, van en la misma dirección. Así mismo, el que el compañero heterosexual de “Carter”, termine siendo “bisex”, es otro detalle destinado hacer más permeable las identidades sexuales. Los protagonistas, para encontrarse a sí mismos, ejercen como dominadores y todos los clientes que tienen (odiosos unos, ridículos otros, estúpidos todos) no son más que los medios para ese ejercicio de introspección que realizan.

Lo que salva esta miniserie-mínimal no es el guion (poco elaborado), ni la protagonista (que no responde a los rasgos de una dominatriz y que se pierde dentro de las botas y el corpiño y bajo la gorra de cuero), ni las situaciones, sino la brevedad de los episodios en los que no da apenas tiempo para cansarse. El notable bajo y no el aprobado, se debe a este factor tiempo y al carácter experimentar de la serie.

En definitiva, una serie sobre parafilias en el ambiente neoyorkino, que hubiera precisado un proceso más largo de refinado y un casting mucho más atento. Si los creadores habían pretendido realizar algo así como un sitcom sado-masoquista, deberían de corregir el tiro y partir de cero. Si de lo que se trataba era de ofrecer un nuevo producto que adapte la “ideología de género” al enternainment y a las parafilias, han acertado en la duración, pero no en la levedad del guion, ni en la plataforma para lanzarlo. Claro que, si se trata de un experimento de Netflix, ya es otra cosa. Como todos los productos PlayZ, éste también, va dirigido a un público joven, no particularmente exigente.

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