FICHA

Título original Justo antes de Cristo
Título en España: Justo antes de Cristo
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2019
Temática: comedia
Subgénero: sátira
Resumen: Un patricio romano se niega a suicidarse por una cuestión de honor y se integra en una legión enviada a Tracia para combatir a los bárbaros y parte con su esclavo que tiene ideas propias de cómo hacer las cosas. En Tracia, el general está habituado a una tranquilidad absoluta, sin embargo, la llegada de los dos nuevos reclutas termina ocasionando una guerra y renovando las ambiciones de la hija del general.
Actores: Julián López,  Eduardo Antuña,  Fernando Cayo,  Priscilla Delgado,  Cecilia Freire, César Sarachu,  Manolo Solo,  Xosé A. Touriñán,  Fernando Esteso,  Sergio Torrico
Lo mejor: los efectos fotográficos en el campamento romano.
Lo peor: todo lo demás
Lo más curioso
:
¿Cómo verlo?: se emite desde el 5 de abril por el #0 de Movistar. Puede encontrarse también en eMule y en bitTorrent.

Puntuación: 4

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Lo menos que puede decirse sobre JUSTO ANTES DE CRISTO

Hay críticas que no nos gustaría realizar. Comprendemos que detrás de todo producto hay ilusiones y trabajado, pero… Lo primero que hemos pensado cuando veíamos esta serie es: “¡pero con qué poco se conforma la audiencia!”. En canales generalistas parece normal: en plataformas de pago, ya es otra cosa. En los generalistas, el público está obligado a ver cualquier cosa por el plasma aunque esté parcelado por bloques interminables de anuncios. En un canal de pago, da la sensación de que sus administradores deberían de cuidarse un poco más por lo que emiten. Pero, cómo ya se sabe, vivimos en un momento histórico en el que la gente se conforma con comida basura, ocio basura, cultura basura, política basura y, claro, está basura en plasma. Así pues, la serie es un signo de los tiempos y no hay en ella nada que se más anómalo que lo visto en otras series. No hace mucho vimos Capítulo 0, en el que la crítica iba por los mismos derroteros.

No es que en España no se hayan hecho buenas series de humor. Recientemente, hemos visto Matadero (absolutamente desternillante que coge lo mejor de series y películas de renombre) o Vota a Juan (que en tiempos electorales recuerda la lacerante mediocridad de la clase política). Así pues, en España se hace buen género humorístico. El problema es que el humor es algo que hay que trabajar: no todos los guiones funcionan, no puede dejarse el guion al albur de la capacidad de improvisación de algunos actores, ni pensar que una astracanada, por el simple hecho de serlo, ya debe, necesariamente, hacer reír.

En España, apenas se estudia historia. Existe como asignatura, pero a nadie parece interesarle. Así que es un buen tema para concitar humor e ironías. La cultura es, además, hoy, algo que se desprecia en una sociedad que cada día converge más con la descrita en las novelas cyberpunk de los años 80 (“máximo desarrollo tecnológico, mínima cultura, extrema polarización social”), así que todo lo que representa “Cultura” es susceptible de ser objeto de ironías. En esta coyuntura es cuando aparecen series como ésta. Ahora bien, hemos visto series similares a esta realizadas en otras latitudes (Vikingane, por ejemplo) y el resultado no es tan desastroso. Así que, podemos decir que todo el secreto consiste en “trabajar los guiones”, pasar muchas horas ante la mesa de diseño, repetir una y otra vez los gags, refinarlos constantemente, hasta que suscitan la carcajada buscada. No todo lo que hace gracias en la oficina de guionización está obligado a suscitar sonrisas fuera de la misma. De ahí la necesidad de refinado. Y si éste no se hace, siempre quedan los gestores de la cadena para constituir el control de calidad para determinado producto.

En el primer capítulo suscita cierta sonrisa cuando oímos maldecir: “Me cago en la loba” o “por el copón de Baco”… pero cuando lo mismo se ha oído hasta la saciedad, la serie empieza a hacerse infumable. El primer capítulo es el de gracia y la serie merecería un 5 pelado, quizás un aprobado algo, un 6 como máximo. Pero luego, en los episodios siguientes, los mismos giros, las mismas fórmulas se repiten machaconamente y, al final, cuando uno ha oído por octava vez el “Me cago en la loba”, empieza a estar saturado.

La serie nos cuenta la peripecia de un patricio que se niega a suicidarse por una cuestión de honor y opta por marchar a la Legión. Aparece, junto a su esclavo, en Tracia y allí, a poco de llegar, dada su absoluta incapacidad para la milicia, unido a sus cualidades oratorias -fue dos días a clase con Cicerón- consigue revolucionar el campamento y logra -involuntariamente- que se declare una nueva guerra contra los tracios. Pero en ese campamento romano, desde hace mucho tiempo no se realizan ni maniobras ni entrenamientos, el ambiente está relajado y el general es un anciano erotómano que huye de los problemas y que se ve rebasado por éste. La llegada de su hija y de su nieta, con su eunuco y sus efebos, complica aún mas las cosas, dada su ambición y falta de escrúpulos. Para colmo, Agoratocles, el esclavo que ha llevado consigo el patricio, tiene ideas propias de cómo han de hacerse las cosas y pronto aparecen fricciones entre él y su amo.

La serie debería situarse en las antípodas de Yo Claudio e incluso en las de la famosa Golfus de Roma (1966), modelo canónico para series de humor sobre romanos. Aun aceptando que todos los actores cumplen con lo que se exige de ellos y en otras series han constituido verdaderos lujos (Manolo Solo, Cecilia Freire, César Sarachu), aquí les ha caído un paquete del que difícilmente pueden salir airosos. Gracias a algunos efectos especiales, el campamento romano adquiere un aire similar a las primeras escenas de Gladiator (2000). Pero esos son todos los méritos. La serie no consigue mantener el interés; éste va decreciendo a partir del primer episodio (con mucho, el mejor) y se agota en el tercero, para convertirse en insufrible en el cuarto. Raras son las ocasiones en que logra algo más que una sonrisa. ¿Sátira o crítica social cómo se ha publicitado? Ausente, por completo.

Lo dicho: lo que esta serie nos ha ofrecido ha sido el punto de partida de lo que luego hubiera debido sufrir un refinado posterior que no se ha hecho. Y es que no pueden lanzarse series como churros, sin que los productos estén, cuando se pasa a la fase de filmación limados y mejorados.

La serie puede gustar solamente a condición de haberse fumado algún cigarrillo que aporte risa.

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